Objetivo: deslegitimación

17/Nov/2014

Israel en Línea,Elías Farache

Objetivo: deslegitimación

El enfrentamiento entre
Israel y Hamás en este verano es una prueba de la verdadera situación que
enfrenta el Estado judío. La estrategia quedó al descubierto.
El problema real en
Oriente Medio, la causa del conflicto árabe-israelí que derivó en el
palestino-israelí y ahora tiene la edición Israel contra Hamás, es
sencillamente el no reconocimiento del derecho de los judíos a un Estado
independiente. Y una vez establecido el Estado, el propósito de destruirlo.
Israel, a fuerza de
necesidades y sin ninguna otra alternativa que la de sobrevivir, es un Estado
fuerte y bien apertrechado. Capaz de defenderse de las amenazas de sus vecinos
y de aquellos que están más lejos. A decir verdad, está absolutamente rodeado
de países árabes y a sus espaldas está el Mar Mediterráneo.
Desde mayo de 1948 hasta
nuestros días, se trató de destruir a Israel. No es fantasía, el lector
interesado puede leer la prensa de 1948, 1956, 1967, 1973, 1978, 1982, los ’90,
en los 2000.
Cuando algunos países
árabes, Jordania y Egipto, terminaron de firmar acuerdos con Israel, el
conflicto derivó en el palestino-israelí. Cuando la OLP se convirtió en la
Autoridad Palestina (AP), aún sin los avances de paz necesarios y convenientes
al negociar y reconocer de facto a Israel, explotó el conflicto con Hamás.
Hamás, y quienes lo
apoyan aún pasivamente, saben que no podrán destruir a Israel ni borrarlo del
mapa como algunos de sus aliados pretenden. Entonces, la estrategia es destruir
a Israel a través de su deslegitimación. Presentarlo como un Estado atroz,
racista, genocida y brutal.
Demonizarlo a los ojos
del mundo; de los aliados de Israel y de los enemigos; a ojos de quienes son
neutrales o indiferentes ante un conflicto que en principio no les interesa.
Los Acuerdos de Oslo de
la década de los ’90 lograron arraigar la solución de dos Estados para dos
pueblos. Un Estado judío y otro árabe palestino, viviendo como vecinos con
fronteras fijas y seguras para sus ciudadanos. Puede verse claramente que este
concepto de solución, que Israel aprueba y que muchos de los que tienen algo
que decir al respecto, también apoyan y mencionan con frecuencia, no es el
esquema que propone Hamás. Ni sus aliados y financistas.
El plan de esta gente es
el no reconocimiento de Israel, que debe desaparecer como Estado judío. Para
ello, siendo que por las armas es imposible, la estrategia es privarlo de su
carácter legítimo.
De nada vale para Israel
que sea una verdadera democracia, que reconozca el derecho de los palestinos a
un Estado, que se retiró de Gaza en 2005.
Estamos en noviembre de
2014. Agosto fue terrible. Un Israel sometido a bombardeos de cohetes
aleatorios y mortales, disparados desde Gaza durante 50 días a razón de más de
un centenar diarios, y luego el descubrimiento de una red impresionante de
túneles que llegaban a territorio israelí con las confesas y públicas
afirmaciones de realizar atentados, se vio obligado a actuar en consecuencia.
El resultado fue, entre otros, la presentación de Israel como un Estado que
ejerce la fuerza, represor, cruel y racista. Un esfuerzo por deslegitimarlo que
viene logrando su objetivo.
En estos días, la intención
parece ser encender un conflicto dentro de Israel. Una nueva intifada. Un
movimiento de protestas callejeras violentas, que al ser reprimidas generarán
condenas a Israel. Atentados contra ciudadanos comunes, como arrollamientos y
apuñalamientos. El aparato de seguridad hebreo al activarse, alimenta el
objetivo que se persigue: deslegitimar a Israel en base a su fuerza,
superioridad y capacidad «desproporcionada» de restablecer cierto orden.
No es una situación
sencilla esto de la deslegitimación. Entre verdades a medias, grandes mentiras,
campañas de agresión que deben ser atendidas, un gigantesco y muy bien diseñado
aparato de publicidad, diplomacia certera, aliados incondicionales, recursos
desmedidos – como los que proporciona Qatar -, petróleo, amenazas de cosas
peores y la perenne presentación de una imagen negativa de Israel, la campaña
de deslegitimación está en pleno desarrollo.
Y todo eso bajo la mirada
cómplice, o inadvertida, de muchos que saben la verdad y no se atreven a
defenderla.