“¿Qué hubiera hecho yo?” Discurso del Ministro de Finanzas Israelí, Yair Lapid en Berlín

30/Oct/2014

Consulado Honorario de Israel en Guayaquil (Ecuador)

“¿Qué hubiera hecho yo?” Discurso del Ministro de Finanzas Israelí, Yair Lapid en Berlín

Yair Lapid es Ministro de Finanzas de Israel y Presidente
del Partido Yesh Aid. El siguiente es el texto de su discurso disertado el
miércoles 20 de agosto del 2014, en la Plataforma 17, en el Sitio que conmemora
el Holocausto, en Berlín.
“El Holocausto causa que todos nos hagamos la misma
pregunta: Qué habría hecho yo? Qué habría hecho yo si hubiera sido un judío en
Berlín en 1933, cuando Hitler subió al poder? Hubiera huido? Hubiera vendido mi
casa, mi negocio? Sacado a mis hijos de la escuela a mitad de año? O me habría
dicho a mí mismo: esto pasará, es sólo una locura momentánea, Hitler dice todas
estas cosas porque es un político que busca la elección. Sí, él es anti-semita,
pero quién no lo es? Hemos pasado por peores cosas. Es mejor esperar, mantener
mi cabeza baja. Pasará.
Qué hubiera hecho yo siendo un alemán en Berlín el 18 de
octubre de 1941, cuando el primer tren partió de esta plataforma, dirigiéndose
al Este y en él 1,013 judíos –niños, mujeres, ancianos –todos destinados a la
muerte?.
No pregunto lo que habría hecho si yo siendo un nazi, sino
que habría hecho si yo como un hombre alemán honesto, esperando su tren aquí?
Un ciudadano alemán de la misma edad que yo tengo ahora, con tres hijos como
los míos. Un hombre que educó a sus hijos en los valores de la decencia humana
básica y el derecho a la vida y al respeto? Hubiera permanecido en silencio?
Hubiera protestado? Hubiera sido uno de los pocos berlineses que se unieron a
la clandestinidad anti-nazi, o uno de los muchos berlineses que continuaron con
sus vidas y pretendieron que no estaba sucediendo nada? Y qué si yo hubiera
sido uno de los 1,013 judíos en ese tren? Hubiera abordado el tren? Habría
escabullido a mi hija de 18 años hacia los bosques del norte? Le habría dicho a
mis dos hijos que pelearan hasta el final? Hubiera soltado mi maleta y
comenzado a correr? O habría atacado a los guardias en los uniformes negros y sufrido
una muerte honorable y rápida en lugar de morir lentamente de hambre y tortura?
Creo que sé la respuesta. Creo que ustedes la saben también.
Ninguno de los 1,013 judíos partiendo a sus muertes peleó
con los guardias. Ni uno de ellos y ninguno de las decenas de miles que los
siguieron desde este lugar. Ni lo hizo mi abuelo, Bela Lampel, cuando un
soldado alemán lo sacó de su casa tarde en la noche el 18 de marzo de 1944.
“Bitte”, dijo su madre –mi bisabuela Hermine –al soldado alemán. Ella lentamente
se arrodilló y abrazó las botas del soldado. “Bitte, no olvide que usted
también tiene una madre”. El soldado no dijo ni una palabra. Él no sabía que
desde la cama, escondido bajo el edredón, mi padre lo estaba mirando. Un niño
judío de 13 años que de la noche a la mañana se convirtió en un hombre. Por qué
no lucharon ellos? Esa es la pregunta que me persigue. Esa es la pregunta con
la que el pueblo judío ha luchado desde que el último tren partió hacia
Auschwitz. Y la respuesta –la única respuesta –es que ellos no creyeron en el
mal absoluto.
Ellos sabían, por supuesto, que hay gente mala en el mundo,
pero no creyeron en el mal total, en el mal organizado, sin misericordia o
titubeos, el mal frío que los miraba pero no los veía, ni siquiera por un momento,
como seres humanos.
De acuerdo a sus asesinos, ellos no eran personas. Ellos no
eran madres o padres, ellos no eran los hijos de alguien. De acuerdo a sus
asesinos, ellos nunca celebraron el nacimiento de un hijo, nunca se enamoraron,
nunca tomaron a su viejo perro para dar una caminata a las dos de la mañana o
se rieron hasta las lágrimas con la comedia más reciente de Max Ehrlich.
Eso es lo que usted necesita para matar a otro hombre. Estar
convencido de que no es un hombre en lo absoluto. Cuando los asesinos miraban a
la gente que partía de esta plataforma en su viaje final ellos no veían a
padres judíos, sólo a judíos. Ellos no eran poetas judíos o músicos judíos,
sólo judíos. Ellos no eran Herr Braun o Frau Schwartz, sólo judíos.
La destrucción empieza con la anulación de la identidad. No
sorprende que lo primero que les hacían, cuando llegaban a Auschwitz, era
tatuar un número en su brazo. Es difícil matar a Rebecca Grunwald, una hermosa
chica romántica de cabello rubio y 18 años, pero a la judía número 7762 A es
fácil asesinarla. Sin embargo sigue siendo la misma persona.
Setenta y cinco años más tarde, sabemos algo más? Entendemos
algo más?
El Holocausto colocó ante Israel un doble desafío:
Por un lado nos enseñó que debemos sobrevivir a cualquier
precio, y ser capaces de defendernos por nosotros mismos a cualquier precio.
Trenes cargados de judíos nunca más partirán de una plataforma en ninguna parte
del mundo. La seguridad del Estado de Israel y sus ciudadanos debe estar
solamente en nuestras manos. Tenemos amigos, y yo estoy aquí entre amigos. La
nueva Alemania ha probado su amistad con Israel una y otra vez, pero no
debemos, y no podemos, confiar en nadie más que en nosotros mismos.
Por otro lado, el Holocausto nos enseñó que sin importar las
circunstancias nosotros debemos seguir siendo gente moral. La moralidad humana
no es juzgada cuando todo está bien, es juzgada por nuestra capacidad de ver el
sufrimiento del otro, incluso cuando tenemos todas las razones para ver sólo el
nuestro. El Holocausto no puede ser comparado, y no debe ser comparado, con
ningún otro evento en la historia humana. Fue, en las palabras del autor K.
Zetnik, un sobreviviente de Auschwitz, en “otro planeta”.
No debemos comparar, pero siempre debemos recordar lo que
aprendimos.
Una guerra como la que nosotros peleamos hoy, la cual es
probable que continúe y en la que el mundo civilizado –le guste o no –tendrá
parte, causa que dos lecciones que aprendimos del Holocausto se levanten una
frente a la otra.
La necesidad de sobrevivir nos enseña a atacar duro para
defendernos a nosotros mismos.
La necesidad de permanecer morales, incluso cuando las
circunstancias son inmorales, nos enseña a minimizar el sufrimiento humano
tanto como sea posible.
Nuestra prueba moral no está teniendo lugar en un
laboratorio estéril o sobre la página de un filósofo. En las últimas semanas,
la prueba moral puesta frente a nosotros ha tenido lugar durante intensos
combates. Miles de cohetes fueron disparados a nuestros ciudadanos y
terroristas armados cavaron túneles al lado de jardines de infantes con el
propósito de asesinar o secuestrar a nuestros niños. Cualquiera que nos
critique a nosotros debe hacerse a sí mismo un pregunta:
“Qué haría usted si alguien llega a la escuela de su hijo
con una pistola en su mano y comienza a disparar?”
Hamás, a diferencia de nosotros, quiere matar a los judíos.
Jóvenes o viejos, hombres o mujeres, soldados o civiles. Ellos no ven
diferencia, porque para ellos nosotros no somos personas. Somos judíos y esa es
razón suficiente para asesinarnos.
Nuestra prueba moral, incluso bajo estas circunstancias, es
continuar distinguiendo entre enemigos e inocentes. Cada vez que un niño en
Gaza muere me rompe el corazón. Ellos no son Hamas, ellos no son el enemigo,
ellos son sólo niños.
Por lo tanto Israel es el primer país en la historia militar
que informa a sus enemigos con antelación dónde y cuándo atacará, para así evitar
víctimas civiles. Israel es el único país que trasfiere comida y medicamentos a
su enemigo mientras el combate continúa. Israel es el único país donde los
pilotos abandonan su misión cuando ven civiles en el terreno. Y a pesar de
todo, los niños mueren, y los niños no están supuestos a morir.
Aquí en Europa, y en otras partes del mundo, la gente se
siente en sus cómodos hogares, viendo las noticias de la noche, y nos dicen que
estamos fallando en la prueba. Por qué? Porque en Gaza la gente sufre más.
Ellos no entienden –o no quieren entender –que el sufrimiento en Gaza es la
principal herramienta del mal. Cuando nosotros les explicamos, una y otra vez,
que Hamas utiliza a los niños de Gaza como escudos humanos, que Hamas
intencionalmente los coloca en la línea de fuego, para asegurarse que ellos
mueran, que Hamas sacrifica la vida de los menores para ganar su guerra de
propaganda, la gente se rehúsa a creerlo. Por qué? Porque ellos no pueden creer
que seres humanos –seres humanos que se ven como ellos y suenan como ellos
–sean capaces de comportarse de esa manera. Porque la gente buena siempre se
rehúsa a reconocer la totalidad del mal hasta que es demasiado tarde.
Una y otra vez nos preguntamos a nosotros mismos porqué la
gente en el mundo prefiere culparnos cuando los hechos tan claramente indican
lo contrario. A través del mundo, musulmanes fanáticos están masacrando a otros
musulmanes. En Siria, en Irak, en Libia, en Nigeria más niños son asesinados en
una semana que los que mueren en Gaza en una década. Cada semana, mujeres son
violadas, homosexuales son ahorcados y cristianos son decapitados. El mundo
observa, ofrece una educada condena, y regresa obsesivamente a condenar a
Israel por luchar por nuestras vidas.
Algunas de las críticas provienen del anti-semitismo. Ha
levantado su fea cabeza una vez más. A esa gente le decimos: los combatiremos
en todos lados. Los días cuando los judíos huían de ustedes se acabaron. No nos
quedaremos en silencio frente al anti-semitismo y esperamos que todo gobierno,
en cada país, se ponga de pie hombro con hombro con nosotros y combata este mal
con nosotros.
Otras críticas, quizás las más ilustradas en sus propios
ojos, prefieren culparnos solamente a nosotros por lo que sucede en Gaza porque
saben que nosotros somos los únicos que escuchamos. Ellos prefieren enfocar su
rabia sobre nosotros no a pesar, sino debido a que estamos comprometidos con
los mismos valores humanos que Hamas rechaza –compasión por el débil,
racionalidad, protección para la gente homosexual, para los derechos de las
mujeres, para la libertad de religión y para la libertad de expresión.
No nos engañemos a nosotros mismos. El mal está aquí. Está
alrededor nuestro. Busca herirnos. El islam fundamentalista es el mal es su
máxima expresión, y como el mal que apareció antes que él, ha aprendido cómo
usar nuestras propias herramientas contra nosotros: Nuestras cámaras de
televisión, nuestras organizaciones internacionales, nuestras comisiones de
investigación y nuestro sistema legal. Así como el terrorismo utiliza cohetes y
bombarderos suicidas, utiliza nuestra incapacidad para aceptar que alguien
sacrificaría a los niños de su pueblo sólo para lograr un titular de apoyo o
una fotografía llamativa.
Estando aquí, en este lugar, quiero decir claramente que los
líderes de Hamas, una organización terrorista anti-semita y anti-occidente, no
pueden estar seguros mientras continúen atacando a civiles inocentes. Como todo
líder europeo haría, igual que lo hizo Estados Unidos con Osama Bin Laden, así
nosotros perseguiremos a cada líder de Hamas.
Este es el mal que todos nosotros enfrentamos e Israel se
encuentra al frente. Europa debe saber, que si nosotros fracasamos en
detenerlos, ellos vendrán por ustedes. Nosotros debemos hacer todo para evitar
el sufrimiento y la muerte de inocentes pero nos encontramos en el lugar
correcto desde el cual decir al mundo entero: Nosotros no abordaremos el tren
otra vez. Nos protegeremos del mal.
Gracias”.
(Traducción por el Consulado General H. de Guayaquil)