Como profesora de Inglés
y licenciada en Educación, Pat Leonard ya tiene varios años de experiencia en
formar alumnos de todas las edades. Antes de convertirse en directora de Inglés
del colegio San Felipe Apóstol, de la zona de Don Torcuato, durante años dio
clases de “Historia mundial del siglo XX”, especialización que obtuvo en la
Universidad de Cambridge, y decidió profundizar sus estudios sobre el
Holocausto cuando notó, con buen ojo docente, que luego de los atentados a la
Embajada de Israel y a la AMIA durante los 90, sus alumnos mostraban un gran
desconocimiento sobre el tema y repetían comentarios ajenos sin saber bien lo
que estaban diciendo ni lo que podían provocar. Desde entonces trabajó en
diferentes escuelas privadas, bilingües y de religión católica, con chicos de
entre 15 y 17 años (entre tercero y quinto año) de Belgrano y Vicente López. Y
desde 2005, empezó a hacer visitas al Museo del Holocausto para que sus alumnos
conocieran y hablaran con sobrevivientes de la matanza perpetrada por los nazis
contra la población judía. Esta actividad, el ida y vuelta con el Museo y con
los alumnos, la llevó a obtener una beca de capacitación en el Museo del
Holocausto en Houston, Estados Unidos, que concretó en 2009, y un año más
tarde, en Yad Vashem, la Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto,
en Jerusalén, Israel, viaje que repitió este año. En una charla, Pat cuenta su
experiencia, el trabajo de sensibilización con los chicos y su viaje a
Jerusalén en pleno conflicto israelí-palestino.
¿Cuál fue el impacto de
las visitas al Museo en los chicos?
Lo primero que les
impactó es ver que todo lo que habían leído y estudiado era real y que había
una persona -un sobreviviente del Holocausto- que les contaba lo mismo. A mí me
sorprendió que lo llevaran a la casa y volvieran con comentarios. Muchos
hablaban con sus abuelos. ¿Por qué? Porque -decían- los abuelos tenían la edad
de las personas que habían visto, pensaban que eso podría haberles ocurrido a
ellos. Una vez, una alumna me contó que había discutido el tema con sus padres
y cuando vinimos ella le acercó una carta a un sobreviviente. El me contacta
una semana después porque quería hacerle llegar un libro que había escrito
sobre su vida. No sabés la sorpresa de ella. Me dijo: “Esta es mi batalla
ganada a mis padres y el libro se los voy a dejar en la mesita de luz”.
¿Qué es lo que más les
atraía?
Las vivencias de los
sobrevivientes, que siempre estuvieron muy bien preparados para recibir chicos.
Les contaban la edad que tenían y después se les podía hacer preguntas. Y el
mensaje que daban estaba muy cuidado. Siempre les preguntaban qué sentían al
día de hoy, si odio, revancha o qué. El mensaje que recibían era el otro:
educar para que no vuelva a ocurrir. Empecé a usar la temática para lo que
llamo la “educación en valores”, la “educación en vínculos”. Estudiamos el
pasado para ver cómo impacta en el presente. Y a través de la historia del
Holocausto aprendés lo peor de la naturaleza humana, pero también lo mejor. Es
una historia terrible de discriminación, de segregación, de genocidio, pero
también hay ejemplos de tolerancia, aceptación, justicia, de resistencia, de
otras cosas que me interesaba enseñar.
¿Cómo fue tu experiencia
en Jerusalén?
Llegamos un domingo y las
primeras bombas cayeron un martes. Pero más que miedo, sentí mucha angustia, no
sólo por lo que yo vivía sino por lo que se estaba transmitiendo.
¿Por qué?
Porque hay mucha
desinformación, mucha especulación sobre el tema. Hay que ver la angustia con
la que vive la gente en el día a día allá. Angustia por las noticias, pero
sobre todo por los comentarios de los foros, hay mucho prejuicio, hay mucho
“ponerse del lado de”, cuando sufren todos.
¿Notás que hay una
discriminación que sigue vigente?
Sí. Hay mucho
desconocimiento en los comentarios, no solamente en Argentina. Además estos
conflictos son utilizados de la peor manera. Y yo justamente lo uso para
enseñar lo opuesto: la no discriminación, el no prejuicio, el desarrollar el
juicio crítico. Después, podés tomar una postura, pero siempre versada en el
conocimiento de los hechos. Por eso, en Historia, siempre hacemos una división
entre lo que es el hecho fáctico y la opinión. Y cuando hay conflicto es
imposible que las opiniones coincidan.
¿O sea que es una
discriminación producto de un desconocimiento del tema?
A veces sí. Una vez, tuve
en una clase a un chico norteamericano que se largó a llorar porque había visto
una esvástica en la carpeta de un compañero. Y él tenía familia que había sido
asesinada en el Holocausto. Al día siguiente, hablé con la clase: “Sepan lo que
causan en un chico de su edad, que está lejos de su país y de su familia, que
vino acá y se encuentra con esto”. El chico que tenía la cruz se presentó, sin
que yo lo hubiera pedido, y me dijo que no tenía ni idea lo que había hecho. Lo
mandé a hablar con su compañero.
¿Qué películas y libros
recomendás ver y leer?
Entre las películas, “La
lista de Schindler”, “La vida es bella”, “La ola”, “La decisión de Sofía”. Y,
entre los libros, “Los niños escondidos. Del Holocausto a Buenos Aires”, de
Diana Wang.
“No debemos educar para el odio, sino para la memoria”
27/Oct/2014
La Razón, Argentina, Por Paula Conde