Apenas cinco días después
del anuncio que rescató del olvido mediático a las «niñas de Chibok», retorna
la afonía sobre su suerte.
El pasado viernes, el
Ejército de Nigeria confirmaba un acuerdo de alto el fuego con la milicia
islamista de Boko Haram, así como la próxima liberación de las más de 200
estudiantes que mantenían en su poder los rebeldes. En este sentido, fuentes
cercanas a la Presidencia destacaban que el proceso de excarcelación de las
jóvenes se llevaría a cabo entre el lunes o martes. Sin embargo, cumplidos los
plazos establecidos, el silencio es la única respuesta.
Consultados en las
últimas horas por este diario, representantes del comité de ancianos de Chibok,
la localidad donde fueron secuestradas las jóvenes, reconocían su «poco
optimismo» ante los recientes anuncios y recordaban que Presidencia ya había
hecho comunicados similares en anteriores ocasiones. No obstante, el Gobierno
aún defiende la mayor. Ayer, el ministro de Exteriores, Aminu Wali, aseguraba
que las jóvenes retornarían a casa «pronto».
Nada parece casual, eso
sí, en esta historia. La pasada semana, se cumplían seis meses del secuestro de
las jóvenes, raptadas el pasado 14 de abril de una escuela de Chibok, al
noreste del país africano. De igual modo, el presidente, Goodluck Jonathan,
tiene previsto anunciar en las próximas fechas su candidatura a las elecciones
de febrero. Por ello, la liberación de las jóvenes se antoja un necesario golpe
de efecto para salvar el cargo.
Será complicado, no
obstante.
Desde que se anunció el
alto el fuego, presuntos insurgentes han llevado a cabo dos acciones armadas,
ambas en el Estado de Borno, noreste de Nigeria. Primero en la localidad Abadam
la noche de mismo viernes, matando al menos a una persona, y después en Dzur,
el sábado por la mañana, que dejó al menos ocho fallecidos.
¿Quién es el negociador?
Es precisamente las dudas
sobre el liderazgo del grupo rebeldes, otra de las incógnitas del acuerdo. Por
ejemplo, el supuesto enviado de Boko Haram en las negociaciones de paz, Danladi
Ahmadu, quien aseguró haber participado en la firma del alto el fuego, no forma
parte del consejo de Gobierno Boko Haram. Es más, hasta el pasado fin de
semana, su nombre era completamente desconocido entre la mayoría de analistas.
Y en un Ejecutivo
acostumbrado a ser desmentido de forma continua por la milicia islamistas (más
aún, después del anuncio del posible fallecimiento de su líder) se dibuja una
tenebrosa posibilidad: Que el acuerdo de paz solo fuera llevado a cabo por una
de las facciones del grupo armado y la violencia continúe (el líder del grupo
islamista, Abubakar Shekau, ha reiterado en numerosas ocasiones que la única
vía del diálogo es una liberación masiva de sus combatientes en las cárceles
del país).
Sin rastro de las niñas de Boko Haram
22/Oct/2014
ABC, España, Eduardo S. Molano