Israel no tiene
constitución. Es un estado laico donde se respeta la separación de la religión
del estado. Pese a su laicidad, la ética y la moral que orientan al país y a
los judíos en general están basadas, fundamentalmente, en las enseñanzas de la
Torá entregada a los judíos hace más de 3000 años.
Uno de estos pilares son
el aprecio, promoción y respeto por la libertad individual.
Por sólo mencionar las
dos festividades más importantes: Pésaj y Jánuka, estas celebran la libertad.
Pésaj, celebración fundacional del pueblo hebreo, relata la salida de Egipto en
libertad, con la ayuda de D-os y en camino hacia la “Tierra Prometida”. Jánuka
festeja la victoria de los Macabeos en defensa de su libertad religiosa frente
a la imposición de las creencias helénicas impuesta por los invasores de turno
en la tierra de Israel.
En los fundamentos del
judaísmo se considera la libertad de expresión hasta el punto de mantener como
práctica el análisis y discusión incluso de los textos de la Torá. Quizás por
no practicar el proselitismo o por haber sufrido en carne propia la persecución
religiosa a través de la historia, los judíos entienden, respetan y aceptan la
diversidad. Preconizan la libertad del individuo de creer en lo que prefiera y
de practicar la religión de su predilección. La consecuencia es que el estado
judío entiende, acepta y respeta el derecho inalienable que todo ser humano
tiene a la libertad que ningún Estado o gobierno pueden arrebatar.
Los Diez Mandamientos
están grabados de manera permanente en el carácter judío. Su simple
cumplimiento establece límites de convivencia social que estimulan el aprecio a
la libertad, con la posibilidad de expresar su individualidad dentro de un
marco de respeto al derecho del prójimo a su libertad.
De hecho, los
mandamientos originales en conjunto con las 613 reglas que gobiernan la vida
judía se conforma un código que modera este ejercicio de la libertad en
diversos campos. Ejemplos de esto lo vemos con el uso de la palabra que demanda
abstenerse de la calumnia e injurias verbales a otras personas y el respeto a
la propiedad privada, premisas estas imprescindibles para el ejercicio de la
libertad.
Hago hincapié en el
respeto a la propiedad privada que el judaísmo defiende como elemento
imprescindible para el logro de la libertad individual.
Muchas religiones y
filosofías ven e identifican a la pobreza y la renuncia a la riqueza como el
único camino moral para alcanzar la espiritualidad y la bondad. El judaísmo no
condena el deseo de superación individual –incluyendo el económico– como un
comportamiento humano que debe ser erradicado. ¡Todo lo contrario! Israel es el
vivo ejemplo de los resultados de los esfuerzos individuales de sus ciudadanos bajo
un estado de derecho elegido y gobernado democráticamente y donde nadie está
por encima de la ley.
El origen hay que
buscarlo en el sencillo entendimiento judío, basado en sus propias escrituras
(Torá) cuando prescribe que el instinto natural en el ser humano necesita ser
educado y no reprimido.
Hay muchos más
mandamientos con respecto a la riqueza que con respecto a cualquier otra
necesidad humana. El concepto de tzedaká obliga al más rico a cooperar con el
más pobre para cumplir con la justicia divina a través de sus manos, sin
alardear de ello.
La historia de la
civilización y la lucha por la libertad individual está cundida de
protagonistas judíos que hicieron grandes aportes en su defensa en todos los
confines del planeta. En la práctica Israel hoy es símbolo de lo que es vivir
bajo un estado de derecho, en libertad, independientemente de raza, religión,
origen étnico, orientación sexual o preferencias y opiniones políticas. Aun
bajo la amenaza de su destrucción por fuerzas retrógradas enemigas de la
libertad. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.