Erdogan de Turquía y el significado de los discursos en filosofía política

21/Ago/2014

Identidad,Esther Shabot

Erdogan de Turquía y el significado de los discursos en filosofía política

Seguimos siendo
espectadores de un teatro que muy bien lo señala E. Shabot. Los discursos son
para la multitud, la realidad es otra. La clase política se afirma en su sillón
político y lanza mega-discursos, que son mera banalidad, para popularizar y
juntar votos y fuerzas y seguir gobernando…

Recep Tayyip Erdogan, por
11 años primer ministro turco, fungirá de ahora en adelante como Presidente de
su país luego de haber sido electo para tal cargo en los comicios del domingo
pasado. Su polémica personalidad se ha caracterizado por un astuto pragmatismo
que lo hace oscilar constantemente entre posiciones a menudo contrapuestas o
incongruentes si ello le resulta necesario para alcanzar sus objetivos. Dueño
de un innegable colmillo político para trazar como buen ajedrecista varias
jugadas anticipadas a fin de triunfar, ha conseguido mantenerse en el poder,
reportar buenas cifras de desarrollo económico para su país e imponer poco a
poco su postura islamista en la vida pública turca, postura que, como es
sabido, no formó parte del modelo de la Turquía del siglo XX fundado por Kemal
Ataturk.

Uno de los ejemplos más
claros de las ambivalencias en las que se ha movido la figura de Erdogan es el
de la forma peculiar en la que se desarrollan las relaciones entre Turquía e
Israel. Cualquiera pensaría que dadas las diatribas antiisraelíes que
constantemente emite Erdogan —diatribas que no se limitan a una crítica o
condena a las políticas específicas del gobierno de Jerusalén, sino que se
muestran pletóricas de retórica antisemita en su más burda expresión— las
relaciones entre los dos países deberían de haber colapsado desde hace mucho. Y
sin embargo, nada más alejado de eso.

Los datos acerca de los
intercambios comerciales entre Turquía e Israel revelan una relación boyante.
En 2011 sumaron un monto de cuatro mil 22 millones de dólares, y en 2013
subieron a cuatro mil 858 millones de dólares. Turquía es uno de los diez más
importantes socios comerciales de Israel, ocupando, entre los miembros de la
OCDE, el quinto lugar en importaciones de Israel y el sexto lugar en
exportaciones a éste. Israel le vende alimentos, maquinaria y alta tecnología,
al tiempo que le compra textiles, plásticos, hule, concreto, cerámica,
productos de vidrio e incluso, según el Instituto Turco de Estadística, un
modesto monto en equipo militar. No sólo eso: el turismo israelí hacia las
playas y ciudades turcas goza de cabal salud, excepto durante los lapsos de
crisis agudas en las relaciones políticas entre ambos países.

Un nuevo tipo de
cooperación ha crecido en los últimos años a raíz de las dificultades que
ofrece la situación de guerra civil en Siria. Se trata de los numerosos ferries
turcos que salen de Iskenderun y que, ante la necesidad de evadir territorio
sirio, atracan en el puerto israelí de Haifa para de ahí transportar su carga
de automotores a países árabes. Otro intercambio notable está constituido por
petróleo producido en el Kurdistán iraquí (hoy bajo la amenaza del macabro
EIIL), petróleo trasladado por oleoductos a Turquía y vendido luego de manera
no muy abierta a Israel. Incluso han aparecido rumores en la prensa israelí de
que un buque propiedad del hijo de Erdogan ha realizado múltiples viajes con
fines comerciales entre el puerto israelí de Ashdod y Turquía.

Una pregunta lógica ante
esta situación es qué fin persigue Erdogan en atacar verbalmente a Israel de modo
tan escandaloso, virulento y ofensivo, si en la realidad cotidiana los nexos
económicos con él son tan estrechos. La respuesta tiene que ver en buena medida
en que tal retórica le sirve al Presidente turco para consumo interno, para
elevar su popularidad entre su pueblo. De igual manera, le proporciona más
visibilidad en el entorno musulmán general al presentarse como combatiente
decidido en contra del sionismo. Por su parte, los israelíes parecen entender
el juego y tolerarlo. Por más que les indignen las aberraciones a las que llega
el discurso oficial turco, saben que debido a la fuerte interdependencia mutua
en tantas esferas se trata en realidad de “mucho ruido y pocas nueces”.