Detrás de una escena atroz, mucho más que un hombre degollado

21/Ago/2014

La Nación, Por Carlos M. Reymundo Roberts

Detrás de una escena atroz, mucho más que un hombre degollado

Qué veo cuando veo la
escena, atroz, del último acto en la vida de James Foley, el periodista
norteamericano, de 40 años, degollado por el grupo Estado Islámico (EI), en
algún lugar de Siria.

Postrado sobre la tierra,
con una túnica naranja, cuerpo tieso, expresión de nada, no estoy viéndolo a
él, tampoco a su verdugo -de negro, cuchillo en mano, salvajismo que se intuye
y esconde detrás de una capucha que sólo deja al descubierto sus ojos-; tampoco
el desierto, marco y telón de fondo silencioso de ese cuadro macabro,
lacerante.

Más que a Foley, más que
al asesino que le pone la mano en el hombro, me parece estar viendo y oyendo a
los miles, muchos miles de jihadistas que ante este mismo video perturbador
sonríen, y aprueban, y aplauden, y piden más. Un gringo, un hijo de las
tinieblas, está pagando, por fin, sus pecados, y los de su país, y los de su
cultura, y los de su credo.

No veo a Foley. Veo
detrás de cámara. Hay gente ahí que ha organizado esto, que filma, que
supervisa, que alienta, que apura. Que, cuando la cosa ha sido consumada,
completa la faena. El cuerpo exangüe. La limpieza del arma. La pequeña
escenografía. Gente que mira el video para comprobar que todo ha salido bien.
Que la víctima y el victimario «están en cuadro». Gente que lo
distribuirá como mercadería de valor y que lo venera como acción de culto. Que
se presentará ante el más allá con el orgullo del deber cumplido.

¿Cuántos son? ¿Quiénes
son? De ellos habló el Papa el domingo cuando dijo que hay que parar al agresor
injusto. El verdugo de Foley habla un inglés de Gran Bretaña. Es decir, se ha
criado entre nosotros. ¿Cuántos quisieran estar en su lugar? ¿Ya salen en busca
de su próxima víctima?

No veo a Foley. Veo la
guerra que desde aquí no vemos, aunque nos la cuenten. La ofensiva de Estado
Islámico, nuevo Al-Qaeda, quizá mejor organizado, quizá más temible. La cruzada
que lleva adelante para constituir -ya casi lo ha hecho- una nación propia en
territorios de Irak y de Siria. El terror que amenaza expandirse hacia
Occidente. Porque allí, en ese desierto, todo empieza, pero nada termina.

Veo a la familia de
Foley. A sus amigos. A sus colegas del Global Post, medio para el que
colaboraba. Veo a los cientos de periodistas que andan por esos mundos, a la
caza de historias, y vaya a saber de qué otra cosa. Veo a Daniel Pearl, de The
Wall Street Journal, también secuestrado, torturado y decapitado por
extremistas jihadistas hace diez años, en Paquistán.

Veo que en Medio Oriente,
pero no sólo allí, la noticia se sigue escribiendo con sangre.

Veo que, a veces, dan
ganas ya de no ver nada.

LA SIP, INDIGNADA CON EL
ASESINATO

La Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP) expresó su consternación e indignación por el
asesinato del periodista norteamericano James Foley, de 40 años, en Siria, cuya
ejecución en manos de un extremista del Estado Islámico (EI) fue dada a conocer
mediante un video en las redes sociales.

Tiempo atrás, la SIP se
pronunció para que el gobierno norteamericano ejecutara la ley libertad de
prensa Daniel Pearl, que exige un mayor examen del estatus de las libertades de
prensa en los países incluidos en los Informes Anuales de Prácticas de Derechos
Humanos del Departamento de Estado.