Libricidio en Irak

20/Ago/2014

Infobae, Ricardo López Göttig

Libricidio en Irak

Cuando las fuerzas
militares del autoproclamado “Estado Islámico” ingresaron en la ciudad de
Mosul, en el norte de Irak, provocaron la expulsión de los cristianos allí
residentes, y también comenzaron con la destrucción sistemática del patrimonio
religioso, arquitectónico y cultural de las iglesias árabes. Esta política
deliberada de quema de templos y libros también la están ejecutando contra
bibliotecas públicas y privadas con miles de textos sobre filosofía y
jurisprudencia islámica, historia y literatura árabe, ciencias y tecnología,
arguyendo que su contenido es “ateo e inmoral”. Con furia iconoclasta similar a
la de los talibán en Afganistán, arrasan con monumentos, estatuas y tumbas,
como la del historiador kurdo Ibn al-Athir al-Jazari (1160-1233). Como todo
régimen autoritario, el ISIS libra combates absurdos para eliminar el vicio,
quemando cigarrillos en las plazas.

Al genocidio contra las
minorías cristianas y yazidí, se añade entonces el etnocidio contra la propia
cultura árabe sunnita y, más específicamente, un libricidio para borrar el
registro escrito de la memoria y el conocimiento de los iraquíes.

El libricidio, explica la
historiadora Rebecca Knuth en su obra sobre esta práctica en el siglo XX, es
una política planificada y sistemática de quema de libros por parte de una
autoridad. No es el resultado desafortunado de un accidente de guerra o de la
barbarie circunstancial de un grupo de combatientes, sino un imperativo
ideológico de eliminar toda expresión intelectual que sea diferente a lo que se
busca imponer. Rebecca Knuth nos recuerda los libricidios en la Alemania nazi,
la Unión Soviética, la revolución cultural con Mao, con el Jmer Rouge en
Camboya, lo que viene ocurriendo en el Tíbet bajo la opresión de la República
Popular China y lo que pasó en la guerra civil en Yugoslavia contra las
bibliotecas de Sarajevo. Y también en el libricidio emprendido por el ejército
de Saddam Hussein en Kuwait, durante la invasión de 1990, con el objetivo de
poder reescribir la historia del emirato que se anexaba como una provincia más
de Irak.

¿Por qué el
autoproclamado Estado Islámico destruye textos de autores musulmanes? Su
propósito es imponer una versión exclusivista y estrecha, con las anteojeras de
la más estricta intolerancia religiosa, que se contrapone con la historia y la
jurisprudencia islámica de varias centurias. Y es que no quieren dejar rastros
de que hay fatwas –pronunciamientos legales de reconocidos juristas musulmanes-
que condenan categóricamente lo que hoy está haciendo el ISIS en nombre del
Islam. Desde los primeros tiempos, en el mundo musulmán se elaboró una teoría
religiosa y política sobre la convivencia con los llamados Pueblos del Libro
–judíos y cristianos, y luego zoroastrianos y mandeos- en el seno de la
comunidad islámica. Fue así como pudieron florecer sociedades que preservaron y
estudiaron gran parte del legado de la filosofía y la ciencia del helenismo,
perdidas mayormente en Occidente con las invasiones germánicas. El
fundamentalismo religioso del ISIS quiere borrar con otras identidades
religiosas y homogeneizar toda creencia, aniquilando los textos de autores que
disienten o sean diferentes de lo que ellos pretenden imponer.

Genocidio, etnocidio y
libricidio se superponen en esta tormenta de intolerancia religiosa que se
abate sobre Medio Oriente, exterminando personas, aniquilando religiones,
quemando los soportes materiales de la cultura.