En España, el
antisemitismo ha perseverado, sobre todo en la izquierdaPALESTINA es el País de
Nunca Hamás, siempre llena de niños perdidos, de piratas, de cocodrilos
agazapados, de sirenas disfrazadas de huríes y de europeos haciendo el indio.
Palestina es un parque temático del horror inverosímil, donde un grupo de
simpáticos turistas con chalecos amarillos se suben a las azoteas y empiezan a
saludar a los aviones. ¡Oigan, que somos progres occidentales ejerciendo de
escudos humanos. OK, parecen contestar los pilotos que previamente habían
avisado de que iban a descargar sus bombas en el edificio de al lado, en el
cual haya, naturalmante, un colegio de la ONU o un hospital, y debajo,
invariablemente, los famosos túneles por donde Hamás trasiega cohetes y
comandos. Túneles construidos por ingenieros norcoreanos, para que el bucle del
horror sea si cabe más grotesco.
Esta es una guerra de
Gila en versión gore y con mucha mala leche asimétrica. Es decir, una guerra en
la que unos usan armas para proteger civiles y otros usan civiles para proteger
armas, como ha afirmado con clarividencia el señor Kaplan. O sea, una guerra
entre la democracia y el terrorismo. Dilema fácil para que la progresía
distinga al enemigo.
Recordemos al efecto que
Israel se retiró unilateralmente de Gaza en 2005. 15.000 proyectiles han
recibido a cambio de su gesto de buena voluntad. Esta es la terca realidad de
este enconado conflicto, constituido ahora por sucesivas treguas
sistemáticamente violadas por Hamás, a quien sólo interesa el martirio de sus
compatriotas a la mayor gloria de su nomenclatura. En todo caso, sus bajas son
limitadas. Nada que ver con las decenas de miles de muertos de la guerra de
Libia o con los centenares de miles de la de Siria, ya prácticamente
desaparecida de las portadas, entre otras razones porque no existe progresía
capaz de distinguir entre Hezbolá y Al Nusra o el Frente Islámico sin que se le
descomponga el oremus.
En España, donde siempre
se ha tenido más complejo de culpa ante el moro que ante el judío, pese a que
el segundo fuera tratado más inicuamente que el primero, el antisemitismo ha
perseverado, sobre todo en la izquierda, que no termina de asimilar que los
diplomáticos de Franco salvasen a miles de judíos del nazismo. Por eso el PP,
que está gobernando en muchos aspectos a la siniestra de lo que el PSOE se
atrevería a ensayar, ha tomado la torpe decisión (sólo significativa en clave
mediática interna) de suspender la venta de armas a Israel. La medida siguiente
—que nos queda muy cerca— podría ser la de no invitar a dicho estado a los
actos conmemorativos de los setecientos años de existencia de la Sinagoga de
Córdoba, lo cual además ya ha sido exigido por la plataforma ad hoc organizada
por nuestros paisanos comunistas. Los mismos que no repararon en gastos cuando
recibieron al malvado Al Assad de Damasco durante las celebraciones Omeyas.
Esperemos que a Nieto no
se le suba a la cabeza el complejo de Peter Pan y se líe la palestina al
cuello, como Margallo.
El País de Nunca Hamás
12/Ago/2014
ABC, Sevilla, JAVIER TAFUR