Gaza y la erupción del antisemitismo

28/Jul/2014

Caras y Caretas, Por Dr. Gerardo Stuczynsk

Gaza y la erupción del antisemitismo

Todos los enfrentamientos
bélicos son horrendos, sin excepción. Pero cuando Israel es protagonista se
produce una desproporcionada reacción en cadena en el mundo entero.

Solamente en este último
año, en diversas partes del mundo, han sido innumerables los asesinados:
manifestantes en Venezuela, Turquía, Egipto y Libia, decenas de miles de
sirios, (entre ellos miles de palestinos), han sido exterminados con armas
químicas en Siria, comunidades enteras han sido masacradas en Afganistán y
Sudán, en Irak, Pakistán y Nigeria se cuentan por cientos las víctimas de
atentados terroristas y hubo un récord de ejecutados en la horca en Irán,
acusados de delitos, como la homosexualidad, que en el mundo civilizado no son
considerados tales.

Ante todas estas
atrocidades, sumado a conflictos como el de Ucrania y Rusia y otros muchos en
el mundo, la respuesta es el silencio. La gente común e incluso sus gobernantes
reconocen que no entienden mucho de que se trata y en definitiva responden con
indiferencia antes tales catástrofes humanitarias.

Alcanza que Israel sea
protagonista de un conflicto para que muchos de ellos eleven su voz y expresen
su indignación. Repentinamente se les despierta un fervoroso sentimiento de
solidaridad e identificación con las víctimas que llama la atención. ¿En qué se
diferencia una víctima palestina que vive en Siria de otra que habita la Franja
de Gaza?

¿Cuál es la razón por la
cual corren ríos de tinta defendiendo a los gazatíes pero a nadie le importa
los sirios? ¿Qué sentimiento produce que miles de personas alrededor del mundo
se movilicen en manifestaciones públicas, a favor del Hamás en Gaza y que
tantos intelectuales y periodistas escriban concienzudos artículos sobre un
tema que no dominan?

La respuesta es
extremadamente sencilla. El fuego interior que los moviliza y conmueve, es ni más ni menos, que el más puro, clásico
y rancio antisemitismo. La diferencia es
que en un caso pueden culpar y atacar a
los judíos con un viso de legitimidad.

Cuando Hertzl, el
propulsor del sionismo, a fines del
siglo XIX, era corresponsal en Paris y cubría el caso del militar judío
Dreyfus, víctima de un complot que lo hacía aparecer como un traidor a la
patria, escuchaba en las calles el mismo grito y el mismo sentimiento que se
escucha hoy. Las masas gritaban desaforadas: “muerte a los judíos”.

Nuestra cancillería
decide expresarse sólo cuando Israel decide defenderse y no semanas antes
cuando el Hamás lanzaba sus ataques. Los manifestantes callejeros se dan cita
frente a la embajada de Israel varias veces en pocos días. Periodistas de
medios prestigiosos osan comparar Gaza con un campo de concentración. Todos
estos hechos tienen un mismo hilo conductor. Sus actores están inspirados,
consciente o inconscientemente, por una visión empañada por un profundo
antisemitismo enquistado en sus más íntimas convicciones.

No importan los hechos.
No es relevante ni quieren escuchar que dice el Hamás sobre sí mismo. Esta
organización terrorista jamás expresó que su intención era crear un Estado
Palestino. Ellos dicen en su propia constitución (que aparece en su página de
internet) que su objetivo es eliminar al Estado Judío y que sus enemigos son
los judíos dondequiera que se encuentren.

No es un dato a tener en
consideración que Israel evacuó en forma unilateral todos los enclaves judíos
en Gaza en el 2005 y obtuvo como respuesta el lanzamiento de 15.000 misiles
desde ese territorio a población civil israelí. No es importante que lo que
hace Israel es defenderse y que hace los máximos esfuerzos con las técnicas
bélicas más modernas para evitar y minimizar las víctimas civiles palestinas, a
pesar que son utilizados como escudos humanos por los terroristas palestinos.

Pasan por alto estos
elementos en aras de poder exteriorizar ese sentimiento atávico y poder
condenar explícitamente a Israel, el judío de los países.

De la infinidad de
conflictos que hubo y hay, en éste, surge una nueva unidad de medida, que corre
libremente por cuenta del observador y que sólo es aplicable a Israel: el
concepto de proporcionalidad.

Quienes no entienden ni
opinan de otros conflictos, de pronto, se sienten con el derecho y el
conocimiento de medir y exigir una respuesta proporcional en el ejercicio de su
autodefensa.

Si el sistema antimisiles
israelí “Cúpula de Hierro” funcionara peor y se hubiera producido un número
mayor de víctimas judías, cambiaría entonces la ecuación y la proporcionalidad.
Pero el asunto es que Israel ha construido ese sistema defensivo y hay en todas
las viviendas refugios antimisiles para proteger a los civiles, mientras en
Gaza usan a los civiles como barrera para frenar los ataques israelíes.

¿Cómo juegan estas
variables en la proporción? ¿Qué sería entonces una respuesta proporcional?

Otros van más allá. Fuera
de todo discernimiento agreden a Israel con el más doloroso calificativo que se
le puede endilgar, tratándolo desvergonzadamente de nazi. Intentan justificar su odio, asimilando a los
judíos con sus más crueles asesinos. Comparar el nazismo con la única
democracia en el Medio Oriente es una ignominia.

Los judíos no habían
hecho otra cosa en la Europa del siglo XX que ser ellos mismos. No tenían
armas, no reivindicaban nada. Eran ciudadanos de cada uno de sus países, en
muchos casos con menos derechos que los demás. ¿Puede compararse eso con el
objetivo declarado del Hamás que es eliminar a Israel? En esta diabólica comparación, el arsenal
impresionante de armas y los miles de
misiles que tiran los terroristas palestinos ¿a qué sería comparable en esta
analogía?

Los nazis tenían como
objetivo eliminar a una raza inferior y para ello construyeron campos y
máquinas para ejecutar ese exterminio. El objetivo de Israel es sólo vivir en
paz, al lado de un Estado Palestino, que fue rechazado una y otra vez por los
propios palestinos y aceptado por Israel.

No es parecido crear una
industria de la muerte como hizo la Alemania nazi a utilizar la más moderna
tecnología militar para evitar víctimas inocentes como hace Israel.

El conflicto les da la
oportunidad a muchos de dar rienda suelta y de expresar sin tapujos todo el
odio visceral contra los judíos. Pero que quede claro, el disfraz de defensor
de los derechos humanos no encubre lo suficiente, como para que no veamos qué
se oculta detrás.

La realidad es que Hamás
secuestró Gaza para librar una guerra religiosa, con el objetivo de eliminar a
los infieles de toda la tierra de Israel. Los infieles son también los
cristianos que son perseguidos en todo el mundo musulmán.

Quienes apoyan al Hamás
están alentando a que los fanáticos terroristas alberguen la esperanza de que
quizá su objetivo no sea tan desquiciado y que algún día podría ser alcanzado.

A pesar de eso, los
judíos hemos aprendido la lección. Cuando no existía un Estado judío y
estábamos inermes ya vimos lo que el mundo era capaz de hacer por nosotros. Ni
una sola bomba de las miles de toneladas que se arrojaron en la Segunda Guerra
Mundial, cayó sobre la vía de los trenes que conducía a los campos de
exterminio. Ahora los judíos poseen un Estado propio y un ejército y empuñan
las armas para defenderse.

A quienes no les gusta
que los judíos se yergan y se defiendan, les sugiero que continúen utilizando
sus plumas y sus carteles con consignas humanitarias y vayan a gritar su
indignación a las calles.

Porque me animo a
vaticinar que, mal que les pese a muchos, Israel no será derrotada y los judíos
no seremos exterminados tampoco en esta ocasión.