Director de B´nai B´rith para América Latina, Eduardo Kohn: el carácter terrorista del grupo Hamas

28/Jul/2014

El Observador

Director de B´nai B´rith para América Latina, Eduardo Kohn: el carácter terrorista del grupo Hamas

El Dr. en Diplomacia
Eduardo Kohn, director de B´nai B´rith Internacional para América Latina,
escribió un texto, reproducido a continuación, en el que da su visión sobre
Hamas.
La realidad no es teoría,
son los hechos
¿Quién es Hamas?
De acuerdo con la Carta
Fundacional del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas es un acrónimo),
publicada el 18 de agosto de 1988, la misma es una organización islámica que
tiene objetivos precisos.
En su preámbulo
señala:”Israel existirá hasta que el Islam lo destruya, de la misma manera que
destruyó a otros en el pasado”.
En su artículo 13
establece que “Palestina es una tierra islámica. La liberación de Palestina
constituye una obligación individual para cada musulmán dondequiera se
encuentre. No existe ninguna solución al problema palestino que no sea por
medio de la Yihad”.
Hamas no es un movimiento
de resistencia como se ha podido leer en estos días, sino que es un grupo que
tiene como objetivo buscar los medios posibles para exterminar a los judíos. Y
en ese contexto, su primera etapa es destruir al Estado de Israel.
¿Pueden hacerlo? Hoy,
gracias a Irán tienen armas como para intentar sus objetivos. Cuentan con 10
mil misiles que llegan a cualquier parte de Israel y les da la capacidad de asesinar a casi 4
millones de personas.
¿Por qué no lo han
logrado si lanzaron más de mil misiles? Porque Israel está decidido a
defenderse, grave pecado para quienes desean su desaparición.
Hamas no basa su
legitimidad en la búsqueda de un Estado Palestino, como también se ha escuchado
y leído. Eso trata de hacer la Autoridad Palestina. Hamas no puede querer
construir un Estado cuando el preámbulo de su carta constitutiva ya señala que
el gran objetivo es matar a todos los judíos:
“El Día del Juicio no
llegará hasta que todos los musulmanes luchen contra los judíos y les den muerte.
Entonces, los judíos se esconderán detrás de las rocas y los árboles, y éstos
últimos gritarán: ¡Oh musulmán!, un judío se esconde detrás de mí, ven a
matarlo”(Artículo 7).
Bajo esas premisas, para
Hamas los civiles muertos no cuentan. Son mártires y escudos humanos; sus
escuelas y hospitales son refugios para sus misiles. Porque los verdaderos
refugios construidos por Hamas en Gaza son para sus armas y sus líderes, no para sus civiles.
Los ciudadanos israelíes
tienen refugios para ocultarse, el ejército tiene armas para enfrentar misiles,
y esa parecería ser su culpa mayor. Se califica de desproporcionado cuando un Estado defiende a sus ciudadanos, cuando
reacciona frente a una amenaza constante. Pero así funcionan las democracias:
los ciudadanos exigen seguridad a sus gobernantes, y los gobiernos deben actuar
en consecuencia.
Mezclar a Hamas con
procesos de paz y diálogo político es falsear los hechos que están a la vista.
Para Hamas, Israel debe ser borrado del mapa; allí debe existir un estado
islámico. Así lo expresó,una vez más, públicamente, hace dos días en Irán el
Ayatollah Ali Khamenei, líder máximo en Irán y mentor ideológico y material de
Hamas.
Bajo los objetivos de
Hamas, es muy cínico hablar de paz en Gaza. Hay allí 2 millones de palestinos
que son  rehenes de una idea de
exterminio del vecino.
La Autoridad Palestina
debería reconocer públicamente los hechos. Mientras ambos, Autoridad Palestina
por debilidad, y  Hamas , por sus ataques
y su violencia, sigan alentando la
confrontación, la hipocresía intelectual y política que también ronda por estos
lares , que acusa de uso desproporcionado de la fuerza a quien se defiende, y
legitima el terror defendiéndolo sin pudor, los palestinos seguirán siendo
víctimas de un marco de vida insostenible.
Si la ONU actuara de
acuerdo a lo que escribieron y soñaron sus fundadores, no habría 200 mil
muertos en Siria, ni 4 millones de israelíes amenazados por misiles, ni
palestinos sin esperanzas. Pero mirando sesgadamente y acusando automáticamente,
se logra que Assad siga siendo
Presidente, que Hamas reciba de Estados miembros de ONU miles de misiles, y que Mahmoud Abbas sienta
que habla a la pared cuando pasea por las capitales de países árabes muy ricos
y sordos.
Los que insisten en
legitimar a Hamas desde sus cómodos sillones de tecnócratas, desde sus atalayas
más o menos intelectuales, o desde sus odios políticos, respaldan la sinrazón
de la confrontación y avivan las hogueras.
Ambos pueblos merecen
algo bien distinto para empezar, al menos, para comenzar a superar la triste
realidad de los hechos.