140 países en la cumbre contra la violencia sexual como arma de guerra.

12/Jun/2014

El País, España

140 países en la cumbre contra la violencia sexual como arma de guerra.

Desde Bosnia o la República Democrática del Congo hasta
Siria y Sudán, la violencia sexual ha sido y es utilizada de forma masiva como
arma o táctica de guerra en los conflictos. Una táctica de terror y
sometimiento que traumatiza a las víctimas y garantiza una destrucción de larga
duración de comunidades o grupos étnicos. La cultura de la impunidad que ampara
esos crímenes es el enemigo a batir en el la cumbre inaugurada hoy martes en
Londres. Una reunión que servirá para sellar un verdadero compromiso
internacional para que se investiguen y documenten estos crímenes; para que se
persiga a los perpetradores y se garantice asistencia a largo plazo de los
supervivientes; la mayoría –aunque no únicamente– mujeres y niñas.

“La violación es uno de los grandes crímenes en masa de
nuestro tiempo”, ha subrayado el secretario del Foreign Office, William Hague,
en la apertura de un encuentro que ha auspiciado personalmente junto a la
actriz y enviada especial del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los
Refugiados, Angelina Jolie. En la conferencia participarán hasta el viernes
delegados de los Gobiernos de 140 países, además de centenares de
representantes de la sociedad civil y de grupos defensores de los derechos
humanos que darán voz a algunas de las víctimas. En el centro de la agenda
política está la activación del primer protocolo internacional que recogerá
medidas concretas de prevención y acción, pero que sobre todo ambiciona cambiar
actitudes hacia unos crímenes reconocidos como de lesa humanidad y que, sin
embargo, en la inmensa mayoría de casos nunca son perseguidos.

La cita de Londres coincide en el tiempo con el secuestro de
dos centenares de estudiantes nigerianas por los islamistas radicales de Boko
Haram, un suceso que, al igual que la reciente lapidación de una mujer
embarazada en un «crimen de honor» en Pakistán o la violación y
asesinato de dos adolescentes en el norte de India, ha arreciado la presión
para que los Gobiernos reaccionen. Frente a su gran impacto mediático, subraya
Amnistía Internacional, el recurso sistemático a la violencia sexual en los
conflictos sigue siendo un crimen silenciado, a menudo por la falta de pruebas
a causa del temor de las víctimas y de su estigmatización.

Una media de 36 mujeres y niñas son violadas a diario en la
República Democrática del Congo, según las estimaciones de UNICEF, que cifra en
hasta 200.000 el número de víctimas de la violencia sexual desde finales de los
años noventa. En el conflicto civil sirio, la agresión sexual es un arma
recurrente contra mujeres, hombres y menores durante los registros de viviendas
e interrogatorios en centros de detención, confirmaba la ONU meses atrás. Eso
ocurre dos décadas después del epílogo de la guerra de los Balcanes, en la que
decenas de miles de mujeres fueron violadas y nunca obtuvieron justicia. Su
vindicación ha movilizado en los últimos dos años al atípico tándem Hague-Jolie
para promover un inédito protocolo que el próximo viernes respaldarán en la
capital británica el jefe de la diplomacia estadounidense, John Kerry, y el
secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon.

Medio año después de que dos tercios de los países miembro
de la ONU accedieran a suscribir la Declaración de Compromiso para poner Fin a
la Violencia Sexual en los Conflictos, la cumbre de Londres alienta a convertir
el mero papel en acción: documentar esos crímenes para sustentar acciones
judiciales contra los instigadores, presionar a los países afectados para que
refuercen sus leyes en ese ámbito, alentar la formación de los soldados y
fuerzas de paz en la prevención de la violencia sexual e incrementar los
recursos económicos en el apoyo a unas víctimas que, tras la agresión, deben
afrontar el rechazo social y enfermedades como el sida.

El hecho de que la violencia
sexual contravenga la Convención de Ginebra y constituya un crimen de guerra
debería impedir, asimismo, que se pueda amnistiar ese delito en los acuerdos de
paz, aunque la realpolitik quizá acabe contradiciendo ese punto. Cuándo y cómo
se aplicará y cuánto tendrá de efectivo ese nuevo protocolo internacional son
los interrogantes que plantean los medios más críticos, pero los representantes
de los grupos pro derechos humanos que trabajan con las víctimas y están
presentes en el foro Londres se congratulan de estas tengan, por fin, una voz
resonante.