Por Karina Arlin, CCIU
En el marco del 66 aniversario de la independencia del Estado de Israel conversamos con el Dr. Didier Opertti, ex canciller de Uruguay que tuvo importante participación en Naciones Unidas. En esta entrevista, recuerda cómo fue la participación de Uruguay en la creación del Estado de Israel.
P: ¿De qué maneras Uruguay ha apoyado al Estado de Israel?
R: El trabajo de la Comisión (1) en la previa a la votación fue fundamental. El otro día conversé con Rodríguez Oteiza, hijo de Rodríguez Fabregat, de los problemas y las dificultades que tuvo la Comisión y cómo realizó un trabajo efectivo, que le permitió ver en directo cómo era la situación de esos territorios y llevarlo después a Naciones Unidas, donde hicieron un informe muy amplio sobre el tema que permitió tomar la resolución en noviembre. Yo diría que fue fundamental ese trabajo y ahí Rodríguez Fabregat cumplió un papel fundamental, pero de eso hablaré el miércoles.
No había unidad de criterio, había posiciones distintas, habían formulas diferentes para salir del tema, todavía había una notoria influencia de Gran Bretaña en la negociación, obviamente, y había que sortear muchos obstáculos. La verdad que no había unanimidad de opiniones, hubo una votación, o sea que fue un parto difícil.
P: ¿Cómo fue para Uruguay formar parte de eso?R: Yo creo que Uruguay siempre tuvo claro una cosa fundamental: que el pueblo judío tenía derecho a tener su territorio, tenía derecho a tener su independencia, salir del mandato británico y ocupar el territorio que le había sido prometido. Uruguay fue un país de acogida a emigrantes de distintas partes del mundo, entre ellos muchos judíos que llegaron ya en plena persecución nazi escapando de esa atrocidad. La verdad es que el movimiento migratorio de ida y vuelta con Israel ha sido siempre muy dinámico. Mismo hoy en día hay muchos uruguayos que se han ido y están muy felices en allí. Además es un país que resulta extraordinariamente atractivo. Yo lo visité en una sola oportunidad en una visita de Estado acompañando al presidente Sanguinetti. Realmente fue una experiencia muy importante ver cómo un territorio acotado, pequeño, con una población que viene de distintos lugares, con distintas referencias, incluso de idioma, de cultura, ha logrado amalgamar una población, darle una continuidad al Estado rodeado de muchas aprehensiones y de muchas amenazas, en un clima donde se ha asumido la situación de turbulencia como una cosa diaria. Pero allí la vida se sigue desarrollando, la gente sigue trabajando, sigue estableciendo sus vínculos de familia, sigue produciendo y sigue con vocación de nación.
P: ¿Cómo era en ese momento la relación entre Israel y Uruguay?
R: Uruguay había tenido desde el inicio del siglo XX, sobre todo en la figura política más señalada, Don José Batlle y Ordónez, una política de apertura hacia los refugiados. No sin costo político, porque en aquel momento se recibían refugiados a los que se les veía vinculados a los anarquistas, pero que tenían una apetencia de libertad y encontraron en este país, ese ambiente. Por lo tanto la simpatía con la causa israelí no es un hecho aislado, de alguna manera tiene una continuidad histórica. Esa continuidad está alimentada por movimientos de opinión que se crean en distintos lugares y aquí particularmente la Agencia Judía, que tuvo gran relieve en lo previo a la resolución de Naciones Unidas.
La visita de prominentes figuras de Israel, el contacto de ciudadanos de este país con los que se encontraban ya a su retorno de la diáspora, crearon un ambiente notoriamente favorable a ese reconocimiento. Y encontraron en una persona, y sobre todo de una delegación que luego quedó a cargo de Rodríguez Fabregat, una enorme vocación de servicio a la causa y ello es lo que llevó a ese protagonismo que tuvo Uruguay, siendo un país pequeño desde el punto de vista de su significación económica y política en momentos en que el mundo nacía con la expectativa de una tarea de Naciones Unidas. Era un tiempo de Naciones Unidas quizás menos ideologizada que el que tiene hoy día, y la causa de Israel formaba parte también de un contexto de descolonización que era visto con simpatía.
P: Desde esos años hasta el día de hoy ¿le parece que hubo algún cambio en la relación entre Uruguay e Israel?
R: Bueno, lo primero que hay que reconocer es que mientras el parto de Israel fue un parto feliz, el parto de Palestina fue un parto interrumpido. La resolución habla de la creación de dos Estados, el Estado judío y el Estado palestino. Lamentablemente el mismo día de la Declaratoria de la Independencia de Israel, estalla una guerra. Palestina no aceptó en su momento esa división del territorio que además había sido señalizado por Naciones Unidas, porque la Comisión ad hoc (se había creado una comisión especial para esto) no solo había observado y relevado territorios, sino que había mapeado y graficado el territorio. La primera cosa, por lo tanto, es que hay una resolución 181 todavía parcialmente ejecutada y con un capítulo importante por ejecutar.
La segunda cuestión es cuáles son las causas por las que no se puede ejecutar. Son causas muy complejas, algunas de ellas son de arraigo histórico en la zona, muy sensibles, pero no son las únicas. Yo creo que Israel de algún modo se ha visto envuelto en el medio de una reclamación árabe e islámica, distintas ambas cosas, pero unidas en su rechazo a Israel. Entonces Israel aparece como la cara visible del emprendimiento árabe e islámico, es decir, aparece como el blanco o como el objetivo más señalable. No el único, obviamente, pero el más señalable.
Y es un poco el paradigma de esa causa el NO al Estado de Israel. No a la viabilidad, a la existencia misma del Estado de Israel. Yo recuerdo, estando en la Presidencia de Naciones Unidas en el año 98 – 99, en el 53° período de sesiones de la Asamblea, tuve la ocasión de conversar con Simón Peres. En aquél momento me comentó como una reflexión (que evidentemente venía de alguien con una experiencia política y de vida muy importante que se refleja aún hoy día en la presidencia de Israel) que mientras en Palestina hubiera más de un ejército, más de una fuerza, era imposible llegar a un acuerdo, a un entendimiento. Es decir, era difícil negociar bajo esas condiciones.
Las condiciones de la negociación han variado. En el medio ha habido una colonización muy importante de países de África y de Asia y muchas de ellas, yo diría una gran parte de ellas, también asociadas al proceso de lucha islamismo vis a vis islamismo. Y en ese proceso Israel era, no siendo cristiano, sino judeocristiano, ni islámico tampoco, en el medio. Ello ha hecho más difíciles las cosas.
También en ese tiempo yo tuve la suerte, la posibilidad de impulsar una idea, la idea del Cuarteto. La idea de formar un cuarteto negociador integrado por los Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y por el Secretario General de Naciones Unidas. Esa idea le fue presentada al gobierno de Israel en su momento, siendo yo canciller y presidente de la Asamblea, y el Cuarteto sigue viviendo.
O sea, emprendimientos han habido, y esto responde a la pregunta que tú me hacías sobre cuál es el papel de Uruguay, entonces yo digo Uruguay participó fuertemente del nacimiento, decisivamente en la votación, en la creación de las condiciones para que fuera aprobado. Participó luego vivamente en todo lo que fue el proceso de consolidación, y naturalmente, festejó con Israel su independencia.
En una oportunidad, siendo canciller visito Egipto y dicto una conferencia en la Academia Diplomática de El Cairo. En aquel momento hacía pocas semanas que se había aprobado una resolución de Naciones Unidas condenando el levantamiento del muro en Jerusalem, el muro para separar poblaciones, y planteando, requiriendo la intervención de la Corte Internacional de Justicia. En aquel momento el gobierno del Uruguay votó la abstención, no votó a favor ni en contra porque votar en contra a una resolución de la Asamblea que pide una opinión jurídica para un país como Uruguay que tiene en el Derecho un gran escudo, es realmente difícil. No está dentro de lo que configura una política de Estado de nuestro Estado a lo largo de su historia.
Votar a favor significaba en aquel momento darle intervención a un órgano jurídico en un tema político, al cual le iba a llegar un enfoque de alguna manera fraccionado de la cuestión, por razones incluso de que lo que se iba a discutir era el derecho de Israel a levantar el muro. Evidentemente no se podía aislar de la situación de facto por la que eso sucedía. En esa ocasión en Egipto, luego de haber hecho yo una conferencia exponiendo los temas centrales de la política exterior uruguaya y demás, me toca recibir preguntas. Una persona del auditorio me pregunta cómo podía yo explicar la abstención del voto negativo, teniendo Uruguay un compromiso muy fuerte con el Estado de Israel.
Yo le contesté de la siguiente manera: Uruguay es un Estado de Derecho, es una democracia representativa, como Estado es obvio que tiene sus tres elementos configurados (población, territorio y gobierno).Esto que puede parecer una banalidad tiene mucho que ver con la política. En la población de Uruguay hay un asentamiento judío muy fuerte en los distintos sectores que la sociedad uruguaya atraviesa de un modo republicano en el tejido social. E Israel tiene una influencia no solo como gobierno sino como población y por lo tanto los temas que atañen al pueblo judío, en Uruguay tienen una representatividad política indiscutible. Y esa fue la razón por la que votamos así. No quedó contento con mi respuesta, pero creo que entendió los límites de nuestra posición.
P: ¿Qué opinión te merecen los dichos del canciller Almagro luego de su vuelta de Medio Oriente?
R: Yo no voy a hacer un análisis global de la política exterior del gobierno en lo que hace a los temas generales, donde existen evidentemente grandes diferencias en muchos temas importantes,a la que llevaron los gobiernos de los partidos tradicionales.Aunque tengo que admitir también que quizás en este tema en la segunda presidencia del Frente Amplio es donde se han marcado más esas diferencias. Esa es la primera cosa.
La segunda cosa es que la evaluación que se hace del conflicto choca con un hecho: que se ha producido una unión entre dos fuerzas, una que apuesta al diálogo y a la negociación y otra que apuesta al enfrentamiento, yo diría a la guerra. De una combinación de estos dos factores, y lo expresa muy bien el editorial del Semanario (Hebreo) cuando dice que si predominara la posición negociadora, esa unión debería de ser bien recibida. Si lo que se impone en cambio es la visión que niega al Estado de Israel, que niega el derecho del Estado de Israel a existir, que niega la posibilidad de un acuerdo, estamos volviendo la historia para atrás. Estamos volviendo a antes del 47, a antes del 48, estamos dándole cuerda al reloj hacia atrás. Y en la historia de las relaciones, más en las relaciones políticas y diplomáticas, no se puede dar vuelta el reloj hacia atrás. Es necesario poner las cosas en perspectiva sin perder el pasado, pero teniendo en cuenta que hay en esa zona un Estado democrático, que tiene elecciones, que se ha desarrollado como Estado, que ha tenido recursos de inversiones que han venido de todo el mundo, y ha sabido manejarlas y se ha desarrollado yes hoy un Estado de importancia indiscutible en la Feria Internacional. No reconocer ese hecho es ir en contra de la naturaleza misma de las cosas. Por lo tanto seguir hablando de la desaparición del Estado de Israel solo puede tener una explicación en el plano del dogmatismo más absoluto, del dogmatismo más irreal, de una utopía absolutamente fuera de tiempo y espacio, por lo tanto yo diría que es temprano abrir un juicio sobre si esta alianza va a dar por efecto una unidad. Pero mientras eso no suceda, habrá que ir negociando, como también dice Ana (Jerozolimski). No declinar la negociación con la Autoridad Palestina, no bajarse de la negociación y tener una actitud de expectativa vigilante.
P: ¿Hacer negocios con la Autoridad Nacional Palestina significa romper relaciones con Israel?
R: Yo no creo eso. Déjeme que le diga con mucha franqueza lo que pienso: yo creo que la mejor manera de ayudar a Israel es no aislar a la Autoridad Palestina. De la confrontación el que saca partido siempre es el más débil. Y el más débil en este caso es Palestina, porque es el que pelea por determinada cosa. El otro tiene ya su asentamiento, su territorio y tiene su identidad de Estado reconocido internacionalmente. El otro lo más que ha logrado es ser observador en Naciones Unidas (lo era con estatus especial, ahora o es como miembro observador). En una palabra: aislarlo o tener una relación de abierta connotación no es bueno. Tampoco es bueno darle prematuramente el reconocimiento de Estado. Porque dárselo sin que haya cumplido los requisitos los libera. Libera a Palestina de ver que tienen que cumplir ellos hacia dentro de ellos mismos, que es organizarse para ser una sociedad gobernada por un solo gobierno, con una sola autoridad y con un solo poder de decisión que rompa de una vez ese fraccionamiento entre fuerzas violentistas y fuerzas pacifistas. Entonces, a mi juicio, no hay que sesgar los juicios que se tienen en la Feria Internacional.
P: ¿Qué es lo que Uruguay tendría que aprender de Israel?
Todos aprendemos con todo. ¿Qué hay que aprender de Israel? La lucha por identificarse, la lucha por asumirse responsablemente como pueblo organizado,la lucha por mejorar y la persistencia de un gobierno democrático. Se puede discrepar o no con el partido que tiene las mayorías, pero lo elige el pueblo. Además hay una variedad, un abanico de ofertas, un menú electoral extraordinariamente amplio en el cual la representatividad de todos está asegurada. Eso es fundamental. Por lo tanto en ese punto hay una coincidencia de visiones entre Uruguay e Israel que creo que es uno de los puntos neurálgicos de la simpatía por la causa israelí.
Luego hay que aprender mucho de lo tecnológico.Sin duda alguna Israel ha hecho un milagro sobre todo en producción agrícola en un país desértico, el aprovechamiento de las aguas también tiene un valor inmenso.Nosotros tenemos el acuífero guaraní debajo de nuestros pies en casi 60 mil km cuadrados de superficie debajo de la cual hay aguas de temperaturas variables, que van desde las aguas termales hasta temperaturas frías, toda agua potable y ese es un recurso extraordinario que tenemos. El agua en Israel es un recurso absolutamente fundamental y gran parte de la historia la marca la disputa por ese tema, de modo que hay que aprender a valorar lo que tenemos.
Hay que aprender de Israel lo que ellos han valorado su propia existencia como pueblo y como nación. Entonces nosotros deberíamos ser bastante más responsables en el manejo de muchos temas tanto privados como públicos, y deberíamos tener la noción de que vivimos en un barrio del que no nos podemos mudar. Tenemos que sacar lo bueno y lo malo, pero en ese barrio es fundamental no perder la identidad. Y es por ahí donde yo tengo una observación de la política exterior muy crítica.
(1)Opertti hace referencia al Comité Especial de Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP por su sigla en inglés) integrado por once naciones entre las que estaba Uruguay. Fue creado en 1947 como el elemento que reorganizara la situación política en Palestina.
El Dr. Didier Opertti recibió en su casa al Comité Central Israelita del Uruguay
13/May/2014
Karina Arlin, CCIU