La guerra civil en Siria, muchas preguntas, pocas respuestas

06/May/2014

Lic. Rafael Winter (Rufo)

La guerra civil en Siria, muchas preguntas, pocas respuestas

La guerra civil en Siria, muchas preguntas, pocas respuestas
Lic. Rafael Winter (Rufo)
Hace algunos días, apareció un nuevo titular en la prensa relativo al terrible conflicto civil sirio.
«Al menos 18 muertos en bombardeo contra escuela en Alepo».
El artículo seguía diciendo:
«Unas 18 personas, entre ellas 10 niños fallecieron en la ciudad de Alepo, Siria, a causa de un bombardeo perpetrado contra una escuela. La cifra de fallecidos podría crecer debido a la gravedad de las heridas de algunas víctimas…aviones militares atacaron el barrio de Al Ansari Oriental, donde se ubica el colegio Ain Yalut, en el que perecieron las víctimas».
El artículo continúa, desarrollando lo anterior.
Considero que el titular arriba mencionado no es uno más del conflicto.
Es cierto: ya estamos «acostumbrados» a esta horrible guerra desde hace años. Han muerto más de cien mil personas desde entonces. Día tras día muere gente, también niños. Las armas químicas han hecho estragos.
Seguramente han habido episodios con mayor cantidad de víctimas.
Y por si todo esto no fuera suficiente, cientos y cientos de miles de refugiados.
Probablemente no sea éste el primer caso de un bombardeo a una escuela en esta guerra. Y si bien, no por ser una escuela es más terrible de lo que sería, por ejemplo, en un hospital, de todas maneras, cuando se trata de una escuela- ya sea la primera vez o la enésima- debemos, por lo menos reflexionar, preocuparnos y algo más.
Mucho más no podemos hacer desde aquí. Solamente admitir que, al mismo tiempo que reflexionamos, nos invade un sentimiento de indignación, pena e impotencia.
Y surgen muchas preguntas.
Para quienes matan, asesinan ¿la vida no vale nada? ¿La de nadie? ¿La de sus niños tampoco?
¿Cómo es que, pasados ya algunos años, la humanidad -léase Naciones Unidas pero no solo- no es capaz de detener este horrible conflicto? ¿Cómo es que La Liga Árabe -tan activa en distintas ocasiones- a la que Siria pertenece, no es capaz de detener un conflicto que ya dura tres años?
¿Por qué Rusia, el principal aliado de Siria, el único que podría detener a Bashar el Assad no lo detiene? Intereses políticos (por ejemplo que occidente -EEUU- saque «provecho» de la situación), ya sean mezquinos o no, no lo justifican. En absoluto.
¿Por qué hay gobiernos u organizaciones que protestan fervorosamente -y hasta violentamente a veces- en situaciones «menores» (aunque injustas y dolorosas) y en el caso del sangriento conflicto civil sirio, si dichas protestas existen, son tibias en el mejor de los casos?
¿Por qué las calles no se inundan de manifestantes en favor de los civiles sirios en general y de sus niños en particular? ¿Por qué no se levantan peticiones contra embajadas y consulados sirios en el mundo pidiendo que cese la masacre? ¿Qué más debe pasar, qué más hay que esperar para ponerle fin a esta tragedia?
Todo sufrimiento humano es muy triste. Pero cuando se trata de niños, es más triste aún.
En este terrible conflicto -en el cual la responsabilidad es de Assad y quienes lo mantienen desde afuera en el poder, pero en el cual, también me atrevo a decir, los rebeldes no son necesariamente mucho mejores mas allá de la razón que les asista- no importa, no debe importar si uno, cualquiera de nosotros, es de derecha, izquierda o centro; ateo, agnóstico o religioso.
No importa si uno es cristiano, judío, musulmán o de cualquier otro credo.
Lo que sí: a cualquier ser humano le debe importar y preocupar la tragedia que está ocurriendo allí. Sin distinción de ideología, nacionalidad o religión.
Que sea una guerra civil no significa que esto sea solamente un problema interno de los sirios. De la misma forma que otras guerras civiles que han tenido lugar en la historia- o dictaduras por ejemplo- tampoco han sido solamente problema o preocupación de los países en los cuales han ocurrido. ATAÑEN A LA HUMANIDAD.
Con más razón cuando hay aún cientos de miles de niños en peligro.
Las vidas perdidas no se recuperan. Pero todavía puede hacerse un mayor, máximo esfuerzo en favor de los niños.
La humanidad entera debe buscar la manera de -por lo menos- rescatarlos.
Otorgarles asilo, refugio, intentar sacarlos de allí. Es un imperativo moral.
Y a los que no puedan salir de ese infierno, la humanidad toda debe tratar de -aunque más no sea- aliviar su «suerte».
Ningún país debe de estar ajeno a éste deber.