El día 1 de Mayo entré por la mañana en el cementerio de mi población, Gavà, a curiosear. No se trata de una chaladura más. Me “aficioné” a ello cuando empecé a buscar a mis familiares, hace unos años. Hoy os presento la curiosa historia del cementerio de Harbin.
Como ya vimos en otro artículo (“¿Sabe alguien por dónde cae Harbin?”), esta ciudad del noreste de China, Harbin, se convirtió de la noche a la mañana (a partir de 1898 y gracias a la creación de la China Eastern Railway), en una ciudad internacional habitada por rusos, polacos, ucranianos, cosacos, chinos, alemanes, japoneses, americanos, franceses, británicos, tártaros, coreanos y judíos, entre otros muchos. Por número, hay que señalar que rusos, chinos, japoneses y judíos fueron las comunidades más relevantes de la historia naciente de Harbin, siendo los judíos los que más contribuyeron a su desarrollo económico y cultural. Quiero destacar también que la comunidad judía de Harbin (fundada en 1902) llegó a contar, hasta principios de la década de los años 30 (justo antes de la ocupación japonesa), con una población de unos 20.000 miembros, la más importante del Extremo Oriente.
En este escrito me centraré solamente en esta comunidad y, en concreto, en las vicisitudes de su cementerio, en traslado continuo desde la fundación de la ciudad. Y esto lo demuestra el hecho de que, entre los años 1898 y 1963 (año que marca el fin de la comunidad judía), se construyeron en Harbin hasta tres cementerios judíos. El primero, si es que podemos denominarlo así, consistía en un solar sin lápidas situado detrás de la Iglesia Ortodoxa Oriental. En esos primeros años, y sin haberse establecido todavía la comunidad como tal, se enterraba en tumbas que tenían solo unas simples marcas de madera. Pero ya en 1903 se empezó la construcción del segundo cementerio y se puso en marcha la Jevrá Kadishá (sociedad funeraria que se encarga de dar sepultura a los fallecidos).
Asimismo, me gustaría destacar que, entre los años 1898 y 1930, y dado el carácter internacional de la ciudad, se construyeron en Harbin varios cementerios: el Cementerio Unido de los Siete Países; el Cementerio Judío, el Cementerio Ruso Ortodoxo, el Cementerio Coreano, el Cementerio Japonés, el Cementerio de los Rusos Pobres y el Antiguo Cementerio de los Rusos. Además, había básicamente dos maneras de enterrar a los residentes extranjeros: a japoneses y coreanos se les enterraba en función de la nacionalidad, y al resto según la religión que profesaban. Ésta es la razón por la que en el Cementerio Judío, a partir del primer traslado, se enterró a judíos de diversa procedencia, con predominio de rusos y siempre según el rito asquenazí.
Así, pues, de la primera localización (donde sólo había enterrados judíos rusos), y debido a la continua llegada de más judíos rusos y centroeuropeos, se pasó a un segundo cementerio, más grande y ya con las instalaciones necesarias para el entierro ritual. El traslado del primero al segundo recinto se llevó a cabo en 1903 y, durante 56 años, es decir, hasta 1958, este segundo cementerio (el segundo en tamaño de la ciudad también) estuvo en funcionamiento. Sin embargo, el descanso eterno de los fallecidos todavía se vio alterado, una vez más, cuando el gobierno municipal chino, en 1958, consideró que, debido al desarrollo de la ciudad, debía trasladarse el cementerio a las afueras de la ciudad, algo que fue posteriormente providencial para su continuidad durante (y después) los terribles años de la Revolución Cultural china (1966-1976), puesto que la relativa lejanía de este nuevo cementerio del centro de Harbin (unos 11 km) evitó que fuera destruido del todo. La tercera ubicación, iniciada en 1958, fue en el suburbio de Huangshang, y finalizó en 1962. Y ahí sigue por el momento.
No obstante, este proceso de traslado de las tumbas no se vio exento de controversia y polémica durante años puesto que ni se trasladaron todas las tumbas ni, por lo visto, muchas de las recolocadas fueron “llenadas” con los restos humanos correspondientes. Muchos de los interrogantes siguen aún sin respuesta, incluso tras el gran trabajo de inventario de tumbas y trazado de mapas del cementerio que han realizado recientemente la Universidad de Heidelberg (Alemania) y la Universidad de Heilongjiang (China) con el apoyo de la Fundación Rothschild de Londres.
Actualmente, el recinto judío forma parte (de tres) del Cementerio Público de Huangshan. Las otras dos partes corresponden a los recintos chino (el más grande) y ruso ortodoxo. En 2006 tuve ocasión de visitar este cementerio público y pude contemplar la curiosa concurrencia en un mismo espacio de estos tres recintos, si bien es cierto que el único que presenta movimientos y mantenimiento es el chino porque, en su camposanto, se siguen enterrando ciudadanos chinos de Harbin (las cenizas). Se da también la circunstancia de que en 2004 el entonces primer ministro israelí, Ehud Olmert, visitó la parte judía de Huangshan ya que su abuelo paterno, Josip Olmert, ciudadano del Harbin internacional, sionista y bullicioso de los primeros años del siglo XX, está enterrado allí.
Los misterios que esconde el cementerio de Harbin
04/Feb/2014
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