Compartimos hoy el tercer discurso pronunciado en la sesión especial del 27 de enero pasado, en esta ocasión por el Diputado Pablo Abdala.SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Legislador Abdala.SEÑOR ABDALA.- Gracias, señor Presidente.En nombre del Partido Nacional y de los Legisladores que lo representamos en la Comisión Permanente, tanto en condición de titulares como de suplentes los señores Senadores Luis Alberto Lacalle y Carlos Moreira y los señores Diputados Alberto Casas, Rodolfo Caram, Mario García y quien habla , tenemos la honrosa y sobrecogedora tarea de hacer referencia al «Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto».Empezamos por expresar aunque conocida y repetida, nunca suficiente nuestra solidaridad que, por cierto, es la de todo el sistema político uruguayo, la de todos los partidos políticos y la de toda la sociedad uruguaya con el pueblo judío y con la colectividad judía uruguaya, que tanto ha aportado a lo largo del tiempo al desarrollo nacional y al mejoramiento colectivo.También manifestamos nuestra solidaridad con las instituciones sociales que representan a la colectividad judía en el Uruguay. Entre ellas, queremos mencionar porque nos consta que sus dirigentes nos acompañan hoy desde la barra al Comité Central Israelita del Uruguay, a la Comunidad Israelita del Uruguay, a la B’nai B’rith, a la Nueva Congregación Israelita, al Consejo Uruguayo de Mujeres Judías y a la Comunidad Israelita Sefaradí del Uruguay. Saludamos, asimismo, a todas las instituciones y organizaciones que hoy están aquí presentes, a las cuales involuntariamente he omitido mencionar.Señor Presidente: pocas veces, como en esta, los homenajes o las evocaciones tienen el sentido de la recordación histórica, de la realización de justicia histórica. Aunque solo eso bastaría, la naturaleza y la significación histórica del hecho que estamos evocando en el día de hoy tienen el anhelo de proyectarse hacia el futuro.Sesenta años le tomó a Naciones Unidas aprobar la Resolución 60/7. La institución de esa recordación de manera oficial por parte de la comunidad internacional es bienvenida, aunque digámoslo con franqueza se trata de una decisión tardía. Tomó demasiado tiempo, seis décadas, no el reconocimiento de lo que ocurrió pero sí el establecimiento de la obligación y la exhortación a los Estados miembros de realizar todo lo que establecen el cuerpo y los diferentes numerales de la Declaración.Como decía, se trata de una Resolución bienvenida, que llenó un vacío y satisfizo una necesidad clara. Como todos sabemos lo decía el señor Presidente en la introducción a esta sesión , allí se designa el día de hoy como el «Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto». Además no es menos importante; todo se complementa con todo , se rechaza toda negación del Holocausto, sea esa de carácter total o parcial; se condenan con carácter general, sin distinción de tiempo ni de lugar, todas las formas de intolerancia religiosa o de origen étnico, provengan de donde provengan, y se insta a los Estados miembros a incluir en los programas educativos la enseñanza del Holocausto a los efectos de prevenir genocidios en el futuro.Si bien esta Resolución debió aprobarse antes, es muy elocuente. Estamos frente a una Resolución dirigida a cumplir un conjunto de finalidades absolutamente impostergables. Por eso, nos felicitamos de estar cumpliendo la hoy en el Parlamento uruguayo.Preservar la memoria como allí se dice no es simplemente el relato reiterado, repetido y casi cacofónico de los testimonios, de las vivencias y de los hechos dramáticos que se padecieron. Por cierto, cada vez que los escuchamos o releemos nos siguen generando el mismo impacto que nos provocaron cuando por primera vez tuvimos contacto con ellos. Preservar la memoria quiere decir preservar la memoria ejemplar, la memoria activa, la memoria viva.Como decía muy bien La Capra, se trata de «una concepción de la historia que involucra una tensión entre la reconstrucción objetiva del pasado y un intercambio dialógico con él y con otros investigadores, en el que el conocimiento no entraña solamente el procesamiento de la información sino también afectos, empatía y cuestiones de valor».El rechazo al negacionismo, señor Presidente, por supuesto que es acertado. Diría que eso tiene que ver con la necesidad de construir un discurso prohibido, porque quienes amamos la libertad y, por supuesto, somos militantes de la democracia, entendemos el régimen de libertades y de protección de los derechos humanos como ilimitado y, por lo tanto, aceptamos que en nombre de la libertad todo, o casi todo, pueda llegar a postularse. Pero está claro que eso también reconoce límites y que, sin ninguna duda, aquellas invocaciones, aquellos postulados y aquellas reivindicaciones como hipotética o eventualmente puede ser la negación del Holocausto deben ser prohibidos porque, en tal caso, prohibiéndolos estamos preservando lo que debemos cuidar, que es el régimen de libertades y la protección de los derechos humanos.Negar el Holocausto equivale a legitimar el odio y la violencia, a convalidar las atrocidades y a justificar los exterminios. Para rechazar, entonces, esos antivalores y para construir que, sin duda, eso es en buena medida la enseñanza que queda de la tragedia que se vivió y de la tragedia que se sigue viviendo, porque esto está en la historia y, por lo tanto, diría que esa historia recrudece en forma permanente es que el Holocausto debe ser evocado en todo su dramatismo y en toda su dimensión.La memoria viva y activa es también dinámica. Implica construirla y alimentarla en forma continua, porque nunca está definitivamente asegurada. Por graves que hayan sido los hechos, por mayor que haya sido el horror como, sin ninguna duda, lo fue por más que impacte y realmente no se le encuentre explicación lógica y humana es imposible encontrarle explicación, ¡y vaya si no la tiene! al exterminio de seis millones de seres humanos, la memoria nunca está definitivamente asegurada ni conquistada. Y nunca lo está porque, por definición, la memoria es frágil, porque es selectiva. Muchas veces es honestamente selectiva, y otras veces es tendenciosamente selectiva. Entonces, el aprendizaje y el conocimiento de las futuras generaciones no debe darse como cosa segura, sino que debe promoverse y fomentarse. El tiempo y la distancia en muchas ocasiones son amigos, pero otras veces pueden convertirse en adversarios y en conspiradores contra las causas nobles. Diría que aquello que puede parecer tan lejano, tan distante, y tan irracional e ilógico desde el punto de vista humano, puede llevarnos a la conclusión de que estamos frente a algo ajeno, frente a algo que de tan tremendo que fue no va a repetirse porque, sin duda, fue excepcional y, como tal, está enterrado en la historia. Yo diría que razonar de esa manera puede entrañar un peligro grave que, por lo tanto, tenemos que conjurar, porque ni tan lejano ni tan distante fue todo aquello para alguien ni podemos considerarnos todos enjuagando nuestras conciencias definitivamente ajenos a lo que ocurrió en esa oportunidad. Sin duda, todos fuimos víctimas. El pueblo judío fue la víctima directa, pero en alguna medida todos fuimos y seguimos siéndolo, como integrantes del colectivo humano. Si bien, por supuesto, la culpa es muy fácil determinarla en la mente insana del dictador nazi, está claro que, en la medida en que nosotros no hagamos lo que debemos hacer y, por lo tanto, no condenemos permanentemente lo que tenemos que condenar, algún grado de complicidad estaremos, por mínimo que sea, asumiendo a partir de la omisión de nuestra conducta. Por eso está muy bien esto que está ocurriendo. Por eso está muy bien, además, que la resolución de las Naciones Unidas establezca en su numeral 2), como lo recordábamos recién, la obligación de incluir en los programas de estudio y en el sistema educativo la enseñanza del Holocausto. Supongo que no en vano el numeral 2), precisamente, es la disposición subsiguiente de las Naciones Unidas a la disposición anterior que es la de la institucionalización del «Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto». Por eso también está bien que en el Uruguay, a través de la voluntad legislativa, hayamos dado consagración a determinadas herramientas jurídicas, a las distintas normas antidiscriminación y a la Ley Nº 18.768, que votamos en esta Legislatura todos los Legisladores que estamos representando a nuestras colectividades políticas en la Comisión Permanente, pero yo diría que corresponde preguntarnos si eso es suficiente. Debemos preguntarnos si con eso hemos hecho lo necesario o si simplemente hemos empezado a enjuagar nuestras conciencias y es mucho más lo que, por lo tanto, a partir de allí debe hacerse en términos de la inclusión de este tema en la currícula de los programas de estudio de nuestra enseñanza pública que apenas por un día, todos los años, se dedica en los liceos públicos a recordarlo y evocarlo.Quiero hacer dos reflexiones finales que, a nuestro juicio, están directamente relacionadas con el análisis y la recordación que estamos llevando adelante en la mañana de hoy, referidas a dos conceptos medulares que muchas veces damos por sobreentendidos, pero yo creo que jamás deberíamos dar por sobreentendidos, porque también se trata de bienes y de valores por cuyo mantenimiento y consolidación hay que trabajar todos los días y cuya valoración, sin ninguna duda, es herencia, diría yo, en parte importante de las víctimas del Holocausto, de los millones de hombres, mujeres y niños que protagonizaron las historias lacerantes que, como decíamos hace un rato, todos hemos conocido, todos volvemos continuamente sobre ellas y que acontecieron en el infierno de los campos de concentración y exterminio.En primer lugar, creo que hay que asociar a esta reflexión colectiva que estamos haciendo, y que es muy bienvenida, la necesidad de asumir que todos los países, y el nuestro en particular que es el que por encima de todo nos debe preocupar , deben definir una política de derechos humanos que sea una política de Estado, como una herramienta fundamental para la contención y para la respuesta inmediata frente a los rebrotes enfermizos que, como todos sabemos, pueden aflorar en cualquier lugar y en cualquier circunstancia o en el momento menos pensado. En ese contexto, creo que corresponde postular, por cierto, el apego al derecho internacional de los derechos humanos, a su universalización, a la aceptación del bloque de derechos humanos como parte fundamental del desarrollo jurídico y su incorporación a los sistemas jurídicos internos, en nuestro caso a través del ar-tículo 72 de la Constitución de la República que, sin duda, es una joya desde el punto de vista jurídico porque implica la incorporación a nuestro derecho de todas las garantías y de todos los derechos no establecidos a texto expreso por la Carta cuando se vinculan o derivan de la personalidad humana o de la forma republicana de Gobierno.En ese contexto, por cierto, lo otro a asumir con actitud franca y también militante es la condena a toda forma de violación de los derechos humanos, acontezca donde acontezca. La aceptación y el reconocimiento, más allá de las pasiones del momento, de que los derechos humanos no tienen color político, no son de derecha ni son de izquierda, y ocurran donde ocurran la tortura, la vejación o la matanza deben condenarse sin ambages y, por lo tanto, no debe aceptarse la más mínima explicación ni justificación cuando se violan esos derechos de las personas, es de lo que estamos discutiendo.En segundo término, me quiero referir al valor de la democracia como sistema, más allá de sus imperfecciones, de sus limitaciones. Diría que el Holocausto, a pesar de lo terrible de su significación, no fue un clavel del aire; no ocurrió porque sí. Sin duda, respondió a determinadas causas, algunas más antiguas y otras más cercanas. Hitler, al principio, diría que de manera casi imperceptible, fue paso a paso eliminando el pluralismo político, anulando el régimen de las libertades, prohibiendo y bloqueando la actividad de los partidos políticos, anulando la actividad de la prensa libre, fusionando en una misma dimensión al Estado con el partido nazi. Obviamente, todo ello fue generando las condiciones para lo que quiso ser la solución final a la que se hizo referencia en algunas de las exposiciones anteriores. Creo que de aquí surge una enseñanza clara, perenne y permanente y que, sin duda, es un legado importante de las víctimas del Holocausto. ¡Cuidemos la democracia, consolidémosla todos los días, y asumamos que se trata del único antídoto posible frente a las tentaciones totalitarias!Hablamos varias veces a lo largo de nuestra exposición de los escalofriantes testimonios que sin ninguna duda están allí y sobre los cuales permanentemente tenemos que volver a la hora de hablar de estos temas, porque hacen a ese sentido de la memoria activa y viva a la que nos referimos más temprano. Quiero terminar con el testimonio de un inmigrante judío en el Uruguay, el señor Chil Rajchman, sobreviviente de Treblinka, que en su libro «Un grito por la vida» cuenta toda su experiencia y vivencia dramática, trágica, lacerante, infame, como dijimos más temprano.Entre las tareas dramáticas a las que sus monstruosos captores condenaron al señor Rajchman, una fue la de cortar el pelo a las mujeres víctimas que después iban a ser exterminadas y ejecutadas en los campos de concentración. Entre varias historias y experiencias cuenta la circunstancia de una de esas víctimas, en el momento en que se le apersonó: «Me encuentro cortando los cabellos de una mujer joven, cuando ella me toma de las manos y me pide que recuerde […]. Sabe el destino que le espera, y me exhorta a no olvidar, deseándome que me salve para que algún día pueda […]» contar el horror vivido.Diría que el mensaje de esa víctima y de todas las víctimas del Holocausto es el mandato que tenemos que cumplir. Es un grito por la vida, como dijo Rajchman, y, yo diría, un grito por la vida que tenemos que gritar todos los días.Muchas gracias.(Aplausos en la Sala y en la barra)
Diputado Pablo Abdala: “Preservar la memoria quiere decir preservar la memoria ejemplar, la memoria activa, la memoria viva”
04/Feb/2014
Discurso del Diputado Pablo Abdala en la Comisión Permanente del 27 de enero de 2014, Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto