“Hoy en día el Holocausto es una referencia universal”

31/Ene/2014

Discurso del Senador Iván Posada en la Comisión Permanente del 27 de enero de 2014, Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto

“Hoy en día el Holocausto es una referencia universal”

A continuación la versión taquigráfica de la Sesión Especial, en este caso comenzamos con la del Legislador Iván Posada, siguiendo el orden en que se pronunciaron.SEÑOR POSADA.- Señor Presidente: en nombre del Partido Independiente, queremos adherir a esta conmemoración en el «Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto» del pueblo judío.En una oportunidad como esta, nos pareció interesante traer a colación algunas reflexiones que hace varios años realizara Tony Judt, historiador británico, profesor de la Universidad de Nueva York, fallecido en el año 2010. Por ejemplo, en 1967, Tony Judt participó activamente como voluntario en la Guerra de los Seis Días. Es bueno señalar que al terminar el conflicto, se quedó en el Golán, protegiendo las fronteras de Israel con Siria.En definitiva, estamos hablando de un intelectual de primera línea que, por cierto, aportó la visión de alguien que sufrió las consecuencias indirectas de todo lo que fue el Holocausto y que, en su calidad de historiador, tuvo la oportunidad de analizar estos hechos con detenimiento.Voy a leer un fragmento de un ar¬tículo escrito por Judt, publicado en «Le Monde Diplomatique», en agosto de 2008. Señala: «Lejos de reflexionar sobre el problema del mal, en los años que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial la mayoría de los europeos decidieron desviar su pensamiento. En la actualidad esto nos parece difícil de comprender, pero la verdad es que durante muchos años el Holocausto el genocidio de los judíos de Europa no constituyó de ninguna manera una cuestión fundamental en la vida intelectual de la posguerra, ni en Europa ni en Estados Unidos de América. En efecto, la mayoría de la gente, tanto los intelectuales como el resto, hicieron todo lo posible por ignorarlo. ¿Por qué? En Europa del Este hubo cuatro razones.- En primer lugar, durante la guerra, fue allí donde se cometieron los peores crímenes contra los judíos; y aunque esos crímenes fueron ordenados por los alemanes, en las naciones ocupadas abundaron los colaboradores: polacos, ucranianos, letones, croatas y demás. En muchos países se hizo evidente una imperiosa necesidad de olvidar lo ocurrido, de arrojar un velo sobre los peores horrores.- En segundo lugar, muchos europeos del Este no judíos fueron víctimas de atrocidades a manos de alemanes, rusos y otros  y, cuando rememoraron la guerra, en general no pensaron en el sufrimiento de sus vecinos judíos, sino en su propio dolor y sus propias pérdidas.- En tercer lugar, en 1948 una gran parte de Europa Central y Oriental estuvo sometida al control soviético. Los soviéticos hablaron en forma oficial de guerra antifascista  o en su país, de ‘Gran Guerra Patriótica’—. Para Moscú, Hitler era ante todo un fascista y un nacionalista. Su racismo tenía menos importancia. Por supuesto, los millones de judíos provenientes de los territorios soviéticos que murieron fueron contabilizados como pérdidas soviéticas, pero en los libros de historia y las conmemoraciones oficiales su judaísmo fue minimizado, incluso ignorado. Y por último, tras algunos años de gobierno comunista, a la memoria de la ocupación alemana le sucedió la de la opresión soviética. El exterminio de judíos fue relegado a un lejano segundo plano.- Aunque en Europa Occidental las circunstancias fueron muy diferentes, se produjo un fenómeno de olvido paralelo. La Ocupación en Francia, Bélgica, los Países Bajos y después de 1943 en Italia representó una humillación, por lo que los gobiernos de posguerra prefirieron olvidar la colaboración y otros ultrajes, y en cambio celebrar los heroicos movimientos de resistencia, los levantamientos nacionales, la liberación y a los mártires. Asimismo, en la Alemania de posguerra la tendencia nacional fue en primer lugar compadecerse del sufrimiento de los propios alemanes. Con el advenimiento de la Guerra Fría y el cambio de enemigos resultó inoportuno evocar los crímenes que cometieron los actuales aliados en el pasado.- Por esta razón, para citar un ejemplo célebre, cuando en 1946 Primo Levi sometió al gran editor italiano Einaudi su texto en memoria de Auschwitz ‘Se Questo é un uomo’ (Si esto es un hombre […]), le fue rechazado de entrada. En esa época y los años que siguieron no era Auschwitz sino Bergen-Belsen y Dachau lo que encarnaba el horror del nazismo, los deportados políticos y no raciales. El libro de Primo Levi terminó por ser publicado, pero con una tirada de apenas 2.500 ejemplares y en una pequeña imprenta local. Tuvo muy pocos compradores; almacenados en un depósito de Florencia, las grandes inundaciones de 1966 destruyeron los ejemplares restantes.- Con posterioridad a la década de 1960 todo empezó a cambiar, debido a múltiples razones: el tiempo había pasado, una nueva generación manifestaba su curiosidad y también se aflojaban las tensiones internacionales. En los años 1980 la historia de la destrucción de los judíos europeos que evocaban los libros, el cine y la televisión pasó a ser conocida por un público cada vez más amplio. Desde los años 1990 y el fin de la Europa dividida, los arrepentimientos oficiales, los sitios y monumentos nacionales conmemorativos, los museos, pasaron a ser cosas comunes.- Hoy en día el Holocausto es una referencia universal. En los programas de enseñanza secundaria de todas partes es obligatorio estudiar la historia de la ‘solución final’ del nazismo o de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en Estados Unidos e incluso en el Reino Unido hay escuelas en las que es el único aspecto de la historia europea moderna que se enseña. En la actualidad existen innumerables testimonios, relatos y estudios sobre el exterminio de los judíos de Europa durante la guerra: monografías locales, ensayos filosóficos, encuestas sociológicas y psicológicas, memorias, novelas, films, archivos de entrevistas y muchas otras cosas.- Entonces,»  se pregunta Judt  «¿todo está bien actualmente? ¿Ahora que examinamos hasta el pasado más oscuro, que lo llamamos por su nombre y juramos que nunca más debía repetirse? No es así. La preocupación de nuestra época por el Holocausto plantea cinco problemas.- El primero concierne al dilema de las memorias incompatibles. En la actualidad la mirada que Europa Occidental arroja sobre la ‘solución final’ es universal. Pero con la desaparición de la Unión Soviética y la consecuente libertad para estudiar y debatir los crímenes y fracasos del comunismo, aumentó la atención sobre los sufrimientos que la mitad oriental de Europa padeció en manos tanto de alemanes como de soviéticos. En ese contexto, la insistencia de Europa Occidental y Estados Unidos sobre las víctimas judías y Auschwitz a veces provoca una reacción de irritación. Por ejemplo, en Polonia y Rumania se preguntan se trata de una audiencia instruida y cosmopolita por qué los intelectuales occidentales se muestran tan sensibles al exterminio de judíos. ¿Qué decir de los millones de víctimas no judías del nazismo y del estalinismo? ¿Por qué el Holocausto es tan particular?- Un segundo problema se refiere a la exactitud histórica y los riesgos de sobrecompensación. Durante muchos años los europeos del oeste prefirieron no pensar en los sufrimientos de los judíos durante la guerra. Hoy día nos alientan a hacerlo todo el tiempo. Lo mismo sucede en términos morales: ‘Auschwitz’ es la cuestión ética central de la Segunda Guerra Mundial. Pero eso induce a error a los historiadores. Ya que la triste verdad es que durante la propia guerra muchos ignoraban la suerte de los judíos, y aun conociéndola, su preocupación no hubiera sido mayor. Solo hubo dos grupos para los cuales la Segunda Guerra Mundial fue ante todo un proyecto que apuntaba a eliminar a los judíos: los nazis y los propios judíos. Para el resto, la guerra tuvo prácticamente sentidos muy diferentes: todos tenían sus propios problemas.- El tercer problema se refiere al propio concepto de ‘mal’, que desde hace mucho tiempo suscita malestar en la secular sociedad moderna. Preferimos las definiciones más racionales y jurídicas de lo bueno y lo malo, de lo justo y lo injusto, del crimen y el castigo. Pero en estos últimos años el término se fue reinsertando lentamente en el discurso moral y aun político. Dicho esto, ahora que el concepto de ‘mal’ se ha reintegrado a nuestro lenguaje público, no sabemos qué hacer con él. Nuestras ideas se tornan confusas.- Por una parte, el exterminio de los judíos llevado a cabo por los nazis se presenta como un crimen singular, un mal que ni antes ni después tuvo su paralelo, un ejemplo y una advertencia. ¡Nunca más! Pero por la otra hoy invocamos ese mismo mal ‘único’ en muchos casos distintos que están lejos de ser únicos. Estos últimos años tanto políticos como historiadores y periodistas utilizaron la palabra ‘mal’ para designar crímenes masivos y genocidios perpetrados en todo el mundo: de Camboya a Ruanda y de Chechenia a Sudán. A menudo se evoca al propio Hitler para designar la naturaleza y las intenciones de dictadores modernos que competen al ¡mal’: se nos dice que en todas partes hay otros tantos ‘Hitler’.- Y lo que es más: si Hitler, Auschwitz y el genocidio judío encarnan un mal único, ¿por qué se nos advierte constantemente contra el hecho de que esos crímenes podrían repetirse en cualquier lugar, o que están a punto de repetirse? Cada vez que en las paredes de una sinagoga francesa aparecen pintadas antisemitas se nos advierte que ese ‘mal único’ está de nuevo entre nosotros, que regresamos a 1938. Perdemos la capacidad de distinguir entre pecados y estupideces normales de la especie humana imbecilidad, prejuicios, oportunismo, demagogia y fanatismo y el mal auténtico. Actualmente hablamos todo el tiempo del ‘mal’, pero con la misma consecuencia, ya que diluimos su sentido».Para cerrar esta intervención, que apunta, fundamentalmente, a generar una reflexión, voy a hacer referencia a la cuarta preocupación que plantea Judt: el riesgo de invertir toda nuestra energía emocional y moral en un único problema, por más grave que sea.Dice el autor: «Este argumento vale también para nuestra moderna fascinación respecto al problema del antisemitismo y nuestra insistencia acerca de su importancia única. A semejanza del terrorismo, el antisemitismo es un problema antiguo. Y con el terrorismo sucede lo mismo que con el antisemitismo: la mínima manifestación nos recuerda las consecuencias que en el pasado tuvo no tomar la amenaza en serio. Pero el antisemitismo, así como el terrorismo, no es el único mal mundial y no tiene que servir de excusa para ignorar tantos otros crímenes y sufrimientos. Abstraer el ‘terrorismo’ o el antisemitismo de su contexto colocarlos sobre un pedestal para que representen la mayor amenaza contra la civilización occidental, o la democracia, o ‘nuestro modo de vida’, y hacer de sus autores el blanco de una guerra indefinida crea un riesgo: ignorar los otros muchos desafíos de nuestra época».Vayan estas palabras para reflexionar sobre un hecho que cada vez que lo recordamos y conmemoramos, conmueve a toda la humanidad. Pero el mundo presente a la luz de esa experiencia vivida, especialmente por los judíos en Europa, nos desafía a tomar acción frente a otras situaciones que, indudablemente, suponen un rezago, un retraso, un retroceso en la vida de la humanidad. Que las circunstancias vividas por las víctimas del Holocausto nos sirvan de ejemplo para enfrentar los diversos males que hoy tiene nuestra sociedad.Muchas gracias.(Aplausos en la Sala y en la barra).