Más arte que literatura, el libro «Y cada uno fue alguien», de Phil Chernofsky, consiste de una sola palabra: «judío», en una fuente muy pequeña, impresa seis millones de veces para simbolizar la cantidad de judíos asesinados durante el Holocausto.
POR JODI RUDOREN
The New York Times
No hay trama propiamente dicha, y los personajes están, tristemente, poco desarrollados. Por el lado positivo, puede ser una lectura rápida, en especial, si se considera que son 1,250 páginas. El libro, más arte que literatura, consiste de una sola palabra: «judío», en una fuente muy pequeña, impresa seis millones de veces para simbolizar la cantidad de judíos asesinados durante el Holocausto.
La intención es que sea una especie de monumento a la memoria para la mesa de café, para iniciar conversaciones y que se provocador de ideas. «Cuando lo ves a la distancia, no puedes decir si está boca arriba o boca abajo, no puedes decir lo que está aquí; parece un patrón», comentó Phil Chernofsky, el autor, aunque ese término puede ser un poco exagerado. «Así es como los nazis veían a sus víctimas: no son individuos, no son personas, solo son una masa a la que tenemos que exterminar.
«Ahora, acércate, ponte los anteojos para leer y escoge a un ‘judío'», continuó Chernofsky. «Ese judío podrías ser tú. Junto a ti está tu hermano. Oh, mira, tus tíos, tías y primos, y toda tu familia. Una fila, una línea, esos son tus compañeros de clase. Ahora te pierdes en una especie de estado meditativo en el que ves una palabra, ‘judío’, ves a un judío, te centras en ello y luego tu mente empieza a irse a quién es, dónde vive, qué quería ser cuando creciera».
El concepto no es totalmente original. Hace más de una década, niños de octavo grado en un pueblo en Tennessee, Estados Unidos, salieron a recolectar seis millones de clips, como se hace la crónica en un documental de 2004. El anonimato de las víctimas y la magnitud de la destrucción también están expresados en las aparentemente interminables pilas de zapatos y anteojos que se exhiben en los que fueron los campos de la muerte en Europa Oriental.
Ahora, Gefen Publishing, una editorial en Jerusalén, imagina a este libro, titulado And Every Single One Was Someone (Y cada uno fue alguien), en una declaración similar en cada iglesia y sinagoga, escuela y biblioteca. Si bien muchos dirigentes judíos en Estados Unidos han abrazado el libro, algunos educadores del Holocausto lo consideran un artilugio. Asume la dirección opuesta a la del esfuerzo de muchos años y miles de millones de dólares del Yad Vashem, el monumento y museo del Holocausto en esta ciudad, que hasta ahora ha documentado la identidad de 4.3 millones de víctimas judías, las cuales llenan el monumental Libro de los Nombres, de seis y medio pies de altura y 46 pies de circunferencia, el cual se desveló el verano en Auschwitz-Birkenau.
«No tenemos ninguna duda de que ésta es la forma correcta de tratar el problema», dijo Avner Shalev, el director del Yad Vashem. «Entendemos que la vida humana, los seres humanos, los individuos están en el centro de nuestra investigación y educación. Es la razón por la cual invertimos tanto en tratar de recuperar a cada ser humano, su nombre, y los detalles sobre su vida». Shalev declinó referirse directamente al nuevo libro, pero dijo en tono despectivo: «Cada año se publican seis mil libros sobre el Shoah», el término hebreo para Holocausto.
Quienes respaldan al libro no niegan su artilugio –Chernofsky utilizó la palabra en yidis «shtick»–, pero lo ven como uno poderoso. «Casi nadie que ve el libro puede dejar de voltear las páginas», notó Ilan Greenfield, el director ejecutivo de Gefen. «Aun cuando ya vieron 10 páginas y saben que sólo van a ver la misma palabra, siguen volteando páginas». En el catálogo de Gefen, el libro está en 60 dólares, pero Greenfield dijo que es probable que cada ejemplar se venda en 90 dólares (si se adquieren mil ejemplares, sale en 36 dólares cada uno). Desde que salió al mercado hace unos meses, notó, se han impreso 5.000 ejemplares: una persona adquirió 100 para distribuirlos en las oficinas de senadores estadounidenses, y dirigentes judíos en Australia y Sudáfrica, Los Angeles y Denver, compraron lotes para sus comunidades.
Abraham H. Foxman, el director nacional de la Liga Contra la Difamación, consiguió a tres donadores para que cada uno adquiriera mil ejemplares y los está regalando: quiere que haya uno en la Oficina Oval y, finalmente, en cada mesa en la Pascua judía. «Cuando me trajo este libro, dijo: ‘Guau, guau, hace que todo sea tan real'», contó Foxman, un sobreviviente del Holocausto. «Es evocador».
La idea data de hace décadas, en una escuela secundaria en Queens, Nueva York, donde Chernofsky enseñaba matemáticas, ciencia y estudios judíos, y un año, lo encargaron del tablón de anuncios dedicado al día para recordar al Holocausto. «Repartí papel en blanco y les dije que no hablaran en los siguientes 30 minutos; lo cual fue un placer», recordó Chernofsky, de 65 años, quien creció en Brooklyn y se mudó a Israel hace 32 años. «Dije: ‘Quiero que escriban la palabra judío tantas veces como puedan, sin márgenes, solo llenen la hoja, y tomen otra hoja y otra hoja hasta que diga que se detengan’. «Agregamos a todo el grupo», dijo. «Fueron 40,000; nada».
Años después, Chernofsky imprimió páginas llenas de seis millones de repeticiones de la misma palabra –»judío»– y las juntó en una libreta de anillas que les enseñaba a quienes lo visitaban en su desordenada oficina en esta ciudad, en la Unión Ortodoxa, donde es el director educativo. Su tío llevó la libreta a una feria del libro aquí, en Jerusalén, donde la vio un encuadernador e hizo una edición limitada. Finalmente, Greenfield se topó con un ejemplar y se acercó a Chernofsky hace unos 18 meses con la idea de una producción en masa.
Cada página tiene 40 columnas de 120 líneas –4.800 «judíos». La fuente es Minion de 5.5 puntos. El libro pesa 7.3 libras. La cubierta sin título tiene un chal de oración, que a veces se utiliza para envolver a los cadáveres para enterrarlos. Chernofsky dijo que fue elección de Gefen; él habría preferido totalmente negro, o una estrella amarilla como las que los nazis hicieron que usaran los judíos.
Un judío ortodoxo con nueve nietos, Chernofsky es hombre de números, el tipo de persona que no puede subir escaleras sin contar los escalones (41 hasta su departamento). Torah Tidbits, la publicación que ha editado por dos décadas, siempre enlista la cantidad de oraciones en el fragmento semanal de la tora (118 en los estatutos de la semana pasada). Le gusta jugar con los calendarios, y está emocionado porque en los siguientes tres meses, casan las fechas en hebreo y en inglés: el uno de febrero es el primero de Adar, y el 30 de abril, el treintagésimo de Nissan.
Greenfield, el editor, dijo que su objetivo es el de, al final, imprimir seis millones de ejemplares de And Every Single One Was Someone. Con cada uno de 2.76 pulgadas de ancho, se llenarían 261 millas de libreros; poco menos de las 263 millas que tiene Israel de longitud de norte a sur. (Y brutos para Chernofsky, a su precio acordado de 1,80 dólares por libro, 10,8 millones de dólares.) «Harry Potter, en siete volúmenes, tiene 1.1 millones de palabras», notó Chernofsky, un seguidor que tiene una escoba para Quidditch colgada en su oficina. «Este tiene seis millones, así es que superé a J.K. Rowling».
El Holocausto en una palabra, repetida seis millones de veces
30/Ene/2014
Clarín, Revista Ñ- Jodi Rudoren (The New York Times)