Escribe el historiador César Vidal en su libro «El Holocausto»(pg.7): «La tarde del día 27 de enero de 1945 las tropas soviéticas llegaron ante el campo de exterminio de Auschwitz. Aunque ya el año anterior habían tenido ocasión de liberar otros campos de exterminio lo que allí encontraron superaba lo contemplado hasta el momento».
El 27 de enero es el día en el cual-a instancias y por resolución de la Asamblea General de la ONU-buena parte de los países del mundo, entre los cuales nuestro Uruguay, recuerdan a las víctimas de la Shoah (Holocausto): seis millones de judíos asesinados…por el mero hecho de haber sido judíos. Horrible y específica tragedia en el marco de otra terrible: la Segunda Guerra Mundial.
Este día nos exige reflexionar.
El término «genocidio» es el que comúnmente se utiliza para describir matanzas masivas. Sin embargo, el perpetrado contra los judíos fue tal que dicho término «no alcanzó»: hubo que crear uno nuevo, Shoah (generalmente traducido como Holocausto) que así es como se conoce la hecatombe. En realidad, tampoco «Holocausto» alcanza para describir la magnitud del horror. Es absolutamente imposible encerrar el horror en una sola palabra, en cualquier palabra.
Escribe el historiador Yaacov Katz en un ensayo titulado «¿Fue previsible el Holocausto?»(extraído de la revista «Dispersión y Unidad», Nro.16): » …cuando las escalofriantes informaciones sobre los ghettos y los campos de exterminio comenzaron a trascender al mundo exterior, se comprendió repentinamente que los sucesos habían rebasado todos los viejos y conocidos procesos de la experiencia histórica. Auschwitz y Treblinka no tienen parangón en la historia que carecía, a ese fin, de un marco filosófico o teológico en el cual encasillarlos. Se trataba de algo enteramente nuevo, inasimilable a cualquier vocabulario con que contaba la generación que lo estaba experimentando…inesperado incluso para aquellos que estaban bien interiorizados de la historia de los sufrimientos judíos en el pasado. El Holocausto, para la generación que lo ha vivido, sólo puede ser caracterizado como un trauma, como una experiencia traumatizante que está más allá del alcance de toda conceptualización intelectual».
Seis millones de víctimas.
Pero no es «solamente» lo cuantitativo, de por sí horrendo, inimaginable.
El Holocausto, que escapa a toda comprensión racional -por cierto: cualquier genocidio escapa a una comprensión racional- se singulariza también y por sobre todo por su intencionalidad: es decir, la intención de eliminar a TODO UN PUEBLO de la faz de la tierra.
Es lo que, eufemísticamente, los nazis llamaron » solución final».
También del Holocausto se pueden-se deben-extraer lecciones.
¿Para qué sirve la historia si no para aprender del pasado?
El nazismo llegó a lo que llegó-entre causas variadas y complejas- por el progresivo debilitamiento de la democracia en Alemania (la República de Weimar: bien intencionado y buen «ensayo» democrático pero jaqueada por todos lados); el rotundo fracaso en unir a las fuerzas antitotalitarias alemanas contra el nazismo (antes de 1933,cuando aún se podía) mas peleadas entre ellas que contra el enemigo común; la alarmante debilidad de democracias occidentales europeas; la ingenuidad: no haber tomado a Hitler en serio ya sea dentro como fuera de Alemania. Sus ideas racistas ya eran conocidas desde los años 20. Se sabía bien quién era. Ya en su libro «Mein Kampf» trasmite su «ideología» totalitaria-racista-expansionista y da a entender lo que haría en caso de llegar al poder. Por más que del dicho al hecho a veces puede haber un largo trecho, aprendimos que las amenazas debemos tomarlas en serio.
No tengo claro si el mundo lo aprendió.
Y obviamente: los factores socio-económicos que favorecieron el surgimiento, ascenso y consolidación del nazismo, debieron haber sido enfrentados de manera muy distinta a como lo fueron en su momento.
Si la historia sirve, entre otras cosas, para aprender de los errores del pasado-y eso significa no repetirlos nuevamente- pues ya es hora de que la humanidad aprenda.
Contra el totalitarismo hay que unirse. A la democracia hay que protegerla. Jamás se debe permitir que movimientos totalitarios la utilicen y manipulen para escalar hacia el poder.
El Día de Recordación de las Víctimas del Holocausto nos debe llevar a la reflexión.
El nazismo, si bien especialmente antisemita, no es solamente «un asunto judío».
Lo sabemos. O deberíamos saberlo.
Por lo tanto, debemos combatir al nazismo no solamente en beneficio de los judíos, sino por el bien de toda la Humanidad.
Combatir en primer lugar y por sobre todo mediante la EDUCACIÓN. Que comienza por casa. Que sigue en los institutos de enseñanza: desde la más tierna infancia hasta la universidad inclusive. Pasando por todos los grados intermedios. Educar contra toda forma de racismo y discriminación.
En el libro titulado «Ser humano en Auschwitz» (pag.183-184), el sobreviviente de la Shoah, Charles Papiernik, expresa como mensaje: «Todos los hombres nacemos iguales y no debemos ser discriminados unos por otros y, aunque como en una orquesta, cada uno toque su propia partitura, sólo el entendimiento producirá el concierto… Debe abjurarse del peor mal que es la discriminación ya que nadie debe sentirse superior a otro por ningún tipo de designio…Todos nacen con los mismos derechos, nadie puede quitarlos. La vida vale la pena de ser vivida. Defendámosla.
La discriminación es el primer paso hacia el asesinato».
Reflexión y mensaje final.
Al recordar a las víctimas de la Shoah, también lo estamos haciendo en memoria de todos aquellos, sin distinción, que han sido, en el pasado y en el presente, víctimas del racismo y de la discriminación en sus más diversas formas.
Enfrentarnos a ella es tarea de cada uno de nosotros.
Día de recordación de las víctimas de la Shoá- Un día que nos mueve a la reflexión
27/Ene/2014
Por Lic. Rafael Winter (Rufo), gentileza para el CCIU