La Conferencia Episcopal del Uruguay, el Congreso Judío Latinoamericano y la Confraternidad Judeo-Cristiana del Uruguay invitan a celebrar mañana, martes 28, en la fecha exacta en que se hará también en el Vaticano, el 60 aniversario de la aprobación de la Declaración Nostra Aetate (Nuestra Edad). El acto tendrá lugar en el Auditorio del Edificio Semprún de la Universidad Católica del Uruguay, Estero Bellaco 2771, a las 19 horas, con entrada libre. Lo apoyan la UCU, el Consejo Internacional de Cristianos y Judíos (ICCJ) y el Comité Central Israelita del Uruguay.
En el Concilio Vaticano II, que se desarrolló entre 1962 y 1965, se aprobaron 16 documentos principales: 4 constituciones, 9 decretos y 3 declaraciones o afirmaciones importantes sobre temas específicos. Una de estas últimas fue Nostra Aetate “Sobre la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas”. Comienza, en el punto 2, refiriéndose al Hinduismo y al Budismo. La relación con el Islam es abordada en el punto 3. El punto 4, el más extenso, se refiere a la religión judía.
Allí se reconoce y recuerda la unión de judíos y cristianos en tanto hijos de Abraham según la fe, así como el origen judío de Jesús, la virgen María y muchísimos de los primeros discípulos. Se recomienda fomentar con el estudio bíblico y teológico, así como el diálogo fraterno, el mutuo conocimiento y aprecio entre cristianos y judíos. Se establece que la muerte de Jesús no puede ser imputada a todos los judíos ni se les debe considerar réprobos por ello. Se pide no enseñar nada no conforme con todo esto ni en la catequesis ni en la predicación de la Palabra de Dios. Además, se señala que la Iglesia “deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos”.
Este punto 4 refleja los resultados del histórico breve encuentro de Jules Isaac, historiador y destacado docente francés, sobreviviente judío de la Shoá, con el Papa Juan XXIII el 13 de junio de 1960 en el Vaticano. Había solicitado ser recibido para entregarle una copia de los llamados Diez Puntos de Seelisberg, aprobados en agosto de 1947 en una conferencia internacional convocada, en la ciudad suiza con ese nombre, como de “Emergencia sobre el Antisemitismo”. Isaac había sido promotor de dicha conferencia y a la vez autor del trabajo en que se basaron estos Diez Puntos, que fueron un hito en las relaciones judeo-cristianas.
El Papa Juan XXIII, el “Papa Bueno” como se le conoce hasta hoy día, encomendó al Cardenal Agustín Bea la formación de un subcomité dedicado a las relaciones entre cristianos y judíos. Fue en el marco de ese cometido quien estuvo a cargo del proceso de elaboración de la Declaración Nostra Aetate, que alcanzó un carácter interreligioso más amplio para lograr ser aprobada.
Concluye con un quinto punto con la sentencia sobre que “La fraternidad universal excluye toda discriminación”, ya sea por “motivos de raza o color, de condición o religión”.
Ni el Papa ni Jules Isaac llegaron a enterarse de su aprobación. El Concilio finalizó en 1965. El Papa falleció el 3 de junio de 1963 en el Palacio Apostólico y Jules Isaac lo hizo tres meses después en Aix-en-Provence, en Francia.
¿Por qué Nostra Aetate se trata de “una declaración” y no simplemente de “un documento”? Una declaración recoge una realidad precedente y explícitamente establece que siempre debía ser así. Marcó las pautas para el compromiso con un nuevo camino que definitivamente siempre sea así y cuya marcha abordaremos en el acto de celebración mañana.