”Hace unos meses, el mundo entero escuchó una cifra escalofriante: “Catorce mil bebés podrían morir en Gaza en solo cuarenta y ocho horas.”. La frase fue pronunciada por un funcionario de Naciones Unidas… y difundida por la BBC. La noticia era falsa.
El resultado fue inmediato: titulares, campañas y millones de personas convencidas de que Gaza estaba viviendo una hambruna sin precedentes.
Pero la cifra era falsa. O mejor dicho: mal interpretada.
Ese error —y otros similares— terminaron convirtiéndose en un caso de estudio sobre sesgo mediático… y cómo incluso provocaron una crisis dentro de la propia BBC.
En mayo de 2025, un alto representante de la ONU dijo en una entrevista con la BBC que catorce mil bebés morirían en dos días si no entraba ayuda a Gaza.
La frase se volvió viral. Nadie verificó los datos antes de repetirlos.
Semanas después, la propia ONU y la BBC tuvieron que retractarse.
Resultó que no se trataba de muertes inminentes, sino de una proyección a largo plazo de posibles casos de desnutrición infantil grave.
Un error… que viajó más rápido que la corrección.
Y que reforzó una narrativa mundial: la idea de que Israel estaba deliberadamente dejando morir de hambre a la población de Gaza.
Ahora, es importante decirlo con claridad: sí hay una crisis alimentaria real en Gaza.
Pero muchos de los datos que se usaron para describirla provienen de fuentes locales, entre ellas el Ministerio de Salud de Gaza, que está bajo control de Hamás.
Agencias como la OCHA, la OMS o la UNRWA reconocen públicamente que usan esos datos… y también aclaran que no pueden verificarlos de forma independiente.
El problema es que muchos medios —incluida la BBC— omitieron esa advertencia.
Y al hacerlo, mezclaron hechos reales con cifras no comprobadas.
Esa mezcla fue suficiente para crear una sensación de catástrofe absoluta, difícil de desmentir.
Ahora, este noviembre de 2025, la BBC enfrentó su peor crisis en años.
Su director general, Tim Davie, y la directora ejecutiva de noticias, Deborah Turness, presentaron su renuncia.
Las causas oficiales: errores editoriales y pérdida de confianza.
Pero detrás había más.
Un memorando interno acusaba al servicio árabe de la BBC de tener un sesgo antiisraelí sistemático, de minimizar los ataques contra civiles israelíes; y de usar fuentes de Hamás sin verificarlas adecuadamente.
Incluso un documental sobre Gaza fue sancionado por violar las normas de precisión: el narrador resultó ser hijo de un alto cargo de Hamás, algo que el público nunca supo hasta que se descubrió meses después.
El hambre en Gaza es real.
El sufrimiento civil también lo es.
Pero cuando los medios dejan que la emoción reemplace a la verificación, la compasión se convierte en propaganda.
El caso de la BBC nos deja una lección poderosa: la verdad también necesita ser protegida, incluso cuando parece incómoda, incluso cuando se enfrenta a la corriente.
Porque un solo titular falso puede cambiar la percepción del mundo… y cuando los medios fallan, la desinformación puede convertirse en enojo y luego en violencia.