20 años de impunidad tras ataque a embajada israelí en Argentina

19/Mar/2012

El País, Uruguay

20 años de impunidad tras ataque a embajada israelí en Argentina

17-3-2012
Reclamo. Comunidad judía y familias de víctimas volvieron a pedir justicia
BUENOS AIRES | LA NACIÓN/GDA
Como hace 20 años, la sirena volvió a sonar. Pero esta vez, para recordar el tiempo que pasó desde el brutal ataque terrorista contra la embajada de Israel en Argentina, en el que murieron 29 personas y cuyos autores nunca se encontraron.
La investigación del ataque a la embajada no arrojó detenidos, ni juzgados concretos hasta ahora, más allá de una condena genérica a la organización terrorista proiraní Jihad Islámica.
De los dos sospechosos que son buscados por el atentado, uno de ellos murió hace dos años. Se trataba de Imad Fayez Mugniyah , uno de los terroristas más perseguidos en su momento por el FBI, que falleció en 2008 en Damasco. El otro, Samuel Salman el-Reda , es un colombiano de origen libanés, casado con una argentina, sospechoso de ser el coordinador local de atacar la embajada.
PRESENCIA. Al igual que todos los años, a las 14:50 se escuchó la sirena en la esquina bonaerense de Arroyo y Suipacha, ese mismo sonido que aquella tarde del 17 de marzo de 1992 conmocionó al país.
Familiares de las víctimas, amigos y sobrevivientes del ataque participaron del acto para reclamar justicia.
El vicepresidente, Amado Boudou, encabezó el acto central. En un breve discurso improvisado, el vicepresidente a cargo del poder Ejecutivo por un viaje oficial de Cristina Fernández a Chile, sostuvo que «la violencia no puede ni debe ser la forma de resolver ninguna diferencia, ningún conflicto en ningún sentido».
«Sabemos que esto para nosotros es un atentado contra los 40 millones de argentinos, pero no podemos perder de vista que tiene origen en la persecución contra el pueblo judío y el antisemitismo», aseveró el vicemandatario, que debió soportar algunos silbidos durante todo su discurso.
Del acto participaron diplomáticos israelíes como Danny Carmon (sobreviviente del atentado); el ministro Iosi Peled y el vicecanciller Dany Ayalón; el exembajador Itzjak Shefi y el actual, Daniel Gazit. También la vicejefa de gobierno porteño, María Eugenia Vidal; y por la Casa Rosada, el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina.
Boudou se pronunció por «memoria, verdad y justicia por los que están y por todos lo que no están», y aprovechó el escenario para destacar las acciones de la mandataria Fernández: «Compartimos que nuestra presidenta lleva a cada uno de los foros internacionales la lucha, la palabra, y la acción contra el terrorismo internacional y su financiamiento».
RECLAMOS. Un renovado pedido de justicia y la acusación pública a Irán por el atentando transmitieron los demás oradores del acto.
A través del embajador Daniel Gazit, el presidente de Israel, Shimon Peres, atacó severamente a Irán y advirtió que «lo único que queda es actuar».
Gazit leyó un mensaje de Peres donde éste fustigó las «declaraciones con impunidad de Irán» sobre su intención de «aniquilar a Israel».
«Lo único que nos queda es actuar. Lucharemos contra esta maldad con todo nuestro poder y venceremos. Que las almas de las víctimas descansen en paz», escribió Peres en su mensaje.
«Tenemos derecho a la Justicia y de recibir reparación, aún de aquello que es irreparable», dijo por su parte Carmon, quien sobrevivió al atentado, pero perdió a su mujer. «Sabemos que Irán es responsable de lo ocurrido aquí», acusó.
«Tengo bronca. Se desviaron pruebas, se pusieron a trabajar gente, recursos y asociaciones para evitar que se sepa la verdad», afirmó Gabriel Pitchón, sobreviviente del atentado y miembro del grupo que dio forma a las palabras que dirigirá, en nombre de las víctimas, Carlos Susevich, quien perdió a su hija en el atentado.
Criticó también al gobierno de Carlos Menem -que estaba en el poder cuando fue el ataque- por «no profundizar» la pista local del atentado.
Con un tono más moderado, el ministro Alak afirmó que «la batalla por la verdad y la justicia nunca está perdida», y agregó: «Hoy sólo podemos hablar de memoria, no de verdad porque no la hemos encontrado».
EL CASO. Desde el inicio de la causa, la investigación estuvo a cargo de la Corte Suprema por tratarse de una representación diplomática acreditada en la Argentina. Asumiendo la instrucción en ese entonces su presidente, Ricardo Levene (h), que se alejó en 1995.
Los peritajes ordenados por la Corte sostuvieron que el ataque fue cometido con un coche bomba, aunque otros sostenían la teoría de la explosión que fue finalmente descartada.
Cinco años después, la Corte Suprema le encomendó la investigación a Esteban Canevari, secretario penal del máximo tribunal argentino. La Corte determinó que el atentado fue producido por un coche bomba y que la República Islámica de Irán era la responsable.
Luego, el 18 de julio de 1994, una bomba destruyó la sede judía de la AMIA, dejando 85 muertos. El régimen de Irán también fue acusada por el brutal atentado.
Un día que quedó en la historia
14.46: La explosión, un estallido seco, sorprende a un empleado de la embajada (que pidió no ser identificado) cuando iba de una oficina a otra para sacar una fotocopia. Este es su relato: «Iba caminando y sentí el ruido y como un mazazo en la espalda. Quedé aturdido. Volví a mi oficina y no quedaba nada».
15.30: El caos en rescate y seguridad es el signo reinante. Cientos de curiosos se pasean entre los escombros.
15.55: Se empieza a hablar de 3 muertos y de 70 heridos.
17.10: El ministro de Salud, Julio César Aráoz, habla con todas las radios y canales de televisión, pero no dice nada.
17.28: De entre los escombros de la embajada retiran el cadáver de una persona y lo ponen en una bolsa de plástico. Es una de las 29 víctimas mortales.
Murió en iglesia de enfrente
BUENOS AIRES | El sacerdote Juan Carlos Brumana se encontraba en la parroquia Mater Admirabilis cuando sucedió el atentado a la Embajada de Israel en Argentina, cuenta María Beatriz Brumana, su hermana.
«Juan Carlos siempre se dedicó con pasión a todo lo que emprendió, pero al momento de recordarlo, lo primero que me viene a la mente es su humildad, sencillez de vida, su capacidad de reflexión y síntesis para aconsejar», recuerda.
La mañana del atentado, el cura, que contaba recién con dos años de ministerio sacerdotado, se dirigió a uno de los espacios de la casa parroquial que se encontraba justo en frente a la Embajada de Israel. «Por gracia de Dios, y esa voluntad que a veces nos cuesta comprender, a las 14:45 del 17 de marzo de 1992 dejó esta vida terrenal, junto a las otras víctimas de la explosión», dice su hermana.
«Aunque el dolor de su intempestiva ida se mantiene en los corazones de su familia, el de amigos y de todos quienes recibían la gracia de compartir tiempo con él, su paso por este mundo no fue en vano», añade. LA NACIÓN/GDA