19 de abril / 27 de Nissan

16/Abr/2012

Milim, Alicia Benmergui

19 de abril / 27 de Nissan

19 de abril / 27 de Nissan*
Por Alicia Benmergui
En Iom Ha Shoá los judíos recordamos a los 6.000.000 millones de judíos asesinados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El resto del mundo civilizado por una decisión de las Naciones Unidas ha instituido el 27 de enero como Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. Esta, que ha sido una decisión muy valorable no impide que los judíos tengamos nuestro propio día del recuerdo. No implica que no nos solidaricemos y hagamos propio el dolor y la pena por los asesinatos y genocidios realizados sobre otros grupos, sobre otras personas. Tampoco significa que seamos indiferentes a las injusticias que se comenten en el mundo. Nuestro dolor no es el único y excluyente. Pero es el nuestro.
No aceptamos el reproche de que los judíos desempeñamos un rol de victimización de nuestra existencia. Tal vez lo que nos reprochan de este exceso de memoria es que en ella está basada nuestra existencia, nuestra identidad. La festividad de Pesaj que acabamos de celebrar es una de las demostraciones de uno de los rasgos definitorios de la condición judía.
Y queremos señalar que las 6.000.000 de víctimas de la Shoá, no son para nosotros solo una mención de los números, son personas cada uno con su nombre, con su rostro, su pasado,, su familia sus ilusiones y sus sueños. Son los abuelos, los padres, los hermanitos, los amores de muchísima gente, las familias perdidas, y tanto, sufrimiento padecido. Es la suma de un dolor y una pérdida inconmensurable. Es el dolor supremo de saber que la condición judía ha sido pasible de los actos más atroces sobre las personas, sobre pueblos enteros solo por eso, por su condición judía.
Y porque ha tenido lugar la Shoá los judíos no le dedican demasiado tiempo a la memoria de las horribles masacres que han sido los pogroms, y de tantos actos de terrible crueldad padecidos a lo largo de dos milenios.  Pues parece que de tanto suceder la sociedad ha llegado aceptar en cierta manera, esto que nos sucede. Forma parte de algo muy viejo y bastante reiterado.
Hace muy poco hemos visto horrorizados los terribles asesinatos cometidos con un joven rabino de 30 años, Jonathan Sandler, de sus dos hijos Gabriel y Arieh, de 3 y 6 años y de la pequeña Myriam Monsonego, de 7 años – sin no los nombramos serán más números añadidos a una lista inmensa e interminable- No diremos que hubo indiferencia por parte de la gente, pero casi si. Nos pusimos a pensar que hubiera sucedido si esto hubiera ocurrido con otro grupo étnico o religioso, cuanto mayor hubiera sido el horror y el escándalo.  Como aquí para muchos fue incomprensible la reacción ante un chiste horrible hecho sobre la Shoá por un antisemita que hace caricaturas.
Aunque sea feo de decir y de oír, los judíos somos una especie de víctimas naturales, si es que hay una manera de denominarlo. Por eso, aqui no se sonroja nadie de los que debiera, por los atentados de la Embajada y de la AMIA que permanecen impunes. No podemos olvidar que en los días de la explosión de la AMIA se generalizó la expresión de muertos «inocentes» con respecto a las muertes de los no judíos. Es evidente que para muchísima gente este es un destino inevitable o hasta merecido para los judíos.
Por eso en este aniversario, en este día, en este Iom Ha Shoá, queremos hacer propias las palabras del filósofo francés Vladimir Jankelevich(*)
“¿ Quién hablaría de ellos sino nosotros? ¿Quién siquiera pensaría en ellos? En el clima de amnistía moral acordada hace tiempo a los asesinos, los deportados, los fusilados, los degollados no nos tienen sino a nosotros para pensar en ellos. Si dejáramos de pensar acabaríamos de exterminarlos y quedarían aniquilados definitivamente. Los muertos dependen enteramente de nuestra fidelidad . . . Eso es lo propio del pasado en general: el pasado necesita que se lo ayude, necesita ser recordado a los olvidadizos, a los frívolos, a los indiferentes, necesita que sin cesar nuestras celebraciones los salven de la nada, o que por lo menos retrasen el no-ser al que está destinado; el pasado necesita que nos reunamos adrede para conmemorarlo: por el pasado necesita de nuestra memoria. . . “
Nosotros creemos que tiene razón. La memoria nos convoca, por todos los que necesitan de nuestro recuerdo, porque ellos son como nosotros, son parte nuestra , olvidarlos significa olvidarnos de nosotros mismos.
(*)JANKELEVITCH VLADIMIR, lO IMPRESCRIPTIBLE. Muchnik Editores.Barcelona. 1987