Los acontecimientos vividos es lo que marca el tiempo. Hay años que se hacen eternos y otros que pasan en un segundo, en unos nos cuesta recordar lo habido y en otros los recuerdos fluyen sin cesar con cataratas de alegrías y de sentir que aprendimos y dimos. En estos días cumplo 10 años de mi primer viaje a Israel, un descubrimiento que mucho anhelaba y que me llevó a otros descubrimientos, algunos inimaginables para mí que siempre planifico con mucha antelación lo que haré.
Pero por suerte la vida es mucho más rica y compleja y nos permite encontrar y hacer cosas nuevas. Soy un docente de historia egresado del Instituto de Profesores Artigas que vivió con terror y amargura la dictadura que nos asoló a todos en los años ’70 y mediados de los ’80, aprendí del dolor y el miedo. Aprendí, también que nada de lo humano me podría ser ajeno. Profundicé el estudio del Holocausto, paradigma del horror en el siglo XX. La persecución y asesinato a los judíos en la Europa ocupada por los nazis la sufrieron los 6 millones, pero ningún humano estuvo/ está ni puede estar ajeno. ¿Por qué’? ¿Cómo fue humanamente posible? ¿Acaso no todos somos igualmente humanos? Nos mataron un poco a cada uno de nosotros, algunos por ser familia otros porque no los pudimos conocer.
Llegué a Israel a estudiar en Yad Vashem, la institución nacional de homenaje, investigación y recuerdo de las víctimas del Holocausto al Pueblo Judío. Fueron 15 días junto a 15 latinoamericanos, hoy hermanos de la vida. De Montevideo llevaba en mi cabeza muchas preguntas, incertidumbres, algún prejuicio que otro, y también nombres y direcciones de uruguayos residentes a quienes debía conocer y entregar alguna cosa.
Una de ellas era muy recomendada por muchos, varios amigos me decían no podes irte de Israel sin contactar con Ana (Jerozolimski) que dirige un Semanario uruguayo a 11000 km de distancia pero que parece que vive a la vuelta de tu casa. Imposible pensé, pero no podía irme de Jerusalem sin conocerla. No obstante la primera residente que encontré fue a Raquel, hablamos por teléfono y quedamos en vernos en el Mercado Carmel de Tel Aviv en la entrada norte. Fácil sin duda, dije. Miles de personas caminaban de un lado a otro, pero los uruguayos nos descubrimos al instante y no sé por qué. Luego conocí a Luís, su esposo, parecía que nos conociéramos de toda la vida, seguro eran íntimos amigos de Sandra una amiga de toda la vida. Luego vino el encuentro con un “viejo” compañero del IPA, Eduardo. Un gran tipo, hoy trabajador en la Embajada de Uruguay en Israel, difícil desprenderse del paisito. Al fin llegó el momento de conocer en vivo a Ana. A esa altura tenía además los cuentos y recomendaciones de los residentes. Todos coincidían. Era la Embajadora de la Solidaridad y Amistad de Uruguay en la tierra de Israel. Hace diez años que somos amigos. Me hizo descubrir “una ventana abierta al mundo judío” y hasta me atreví a escribir en el Semanario. Nos volvimos a encontrar en mi segundo viaje (2012/13) y en cada vez de sus frecuentes viajes a Montevideo.
En las escasas 3 semanas en Israel aprendí a descubrir un país que se construye en libertad bajo una “peculiar” guerra prolongada que hoy cumple 70 años de incertidumbre. Pero también de constante progreso democrático e innovación. Cuando llegué en el 2009 a los pocos días comenzó la primera incursión en la Franja de Gaza y me fui pocos días después de la firma de un frágil acuerdo de paz signado por los principales líderes europeos. Recuerdo aquella noche que los líderes religiosos se reunirían previamente en Jerusalem para analizar los acuerdos. Ana me llamó al hotel para recomendar que por seguridad no saliera a la calle hasta después de la firma. No cumplí. Salí inmediatamente a ver con mis propios ojos cómo se vivía el momento. La tensión era evidente, el sonar de las sirenas de las ambulancias con la gente apurada por llegar cada uno a sus casas. Luego del anuncio del acuerdo todo el grupo salió a caminar y a saludarnos con los vecinos en el camino. La paz importaba y mucho, y se vivía en alegría y comunidad.
Lamentablemente a 10 años la situación empeoró y el accionar terrorista se incrementó. También el antisemitismo global afloró nuevamente con gran fuerza y violencia en especial en Europa Occidental pero no sólo allá lejos. Aún no aprendimos o no tuvimos la fuerza suficiente para revertir el flagelo y construir un mundo libre de hostigamientos y segregación por ser o pensar diferente.
A 10 años saludo y agradezco a mis maestros y nuevos/ viejos amigos hechos en la Tierra de Israel, Mario Sinay, Eliana Rapp, Haya Feldman, Nora Gaon (Lohamei Haguetaot), Yosi Goldstein, Ana Jerozolimski, Raquel Wiater, Luis Marcovich, Piero Liebmam, Eduardo Zalovich, Andy Asaravicius, Johanna Asaravicius y Bernardo Greiver. Y a todos mis compañeros de Yad Vashem.
10 años junto a Semanario Hebreo, aprendiendo y conociendo
23/Ene/2019
Semanario Hebreo- por Prof. Oscar Destouet