Y mató al gato

07/Dic/2016

Montevideo Portal

Y mató al gato

El presidente del israelí Instituto
Weizmann, Daniel Zajfman, destacó en Buenos Aires el rol de la
«curiosidad» para el desarrollo de la ciencia y afirmó que la
investigación no puede estar condicionada por la posterior rentabilidad de los
eventuales desarrollos.
«Uno de los mayores factores para
realmente desarrollar nuevas ideas y conocimientos es la curiosidad»,
señaló Zajfman al ofrecer una charla organizada por el grupo argentino Insud
sobre el modelo que lleva adelante el Instituto Weizmann, uno de los principales
centros de desarrollo científico del mundo.
El físico israelí, de origen belga, dijo
que los científicos pueden identificar fácilmente aquello que saben y también
sus «no sé», aquello que saben que ignoran.
Pero hay, además, el «no sé desconocido»,
una ignorancia «absoluta», aquello que ni siquiera se sabe que se
desconoce, y en descubrir esto está, según Zajfman, la fuente de «mayor
impacto» para el desarrollo de nuevo conocimiento.
Para quien desde hace una década dirige el
Instituto Weizmann, hay otros factores clave para el trabajo de los
científicos, como el «talento de la suerte» y tener una «mente
abierta» a la hora de investigar.
«Los factores más importantes para
hacer nuevos descubrimientos no son los increíbles nuevos experimentos que
nadie ha hecho antes, sino que el factor más importante para el descubrimiento
es el científico mismo, los individuos», sostuvo.
El Instituto Weizmann, situado en Rehovot
(Israel), alberga a unos 2.500 científicos, técnicos de laboratorio y
estudiantes de postgrado y sus actividades incluyen alrededor de 1.000
proyectos de investigación en biología, química, física y matemáticas.
Al presentar a Zajfman, el presidente del
grupo Insud, Hugo Sigman, destacó cómo el instituto ha sido capaz de
transformarse en un actor que «licencia productos en todo el mundo»,
por los que anualmente se facturan 35.000 millones de dólares en concepto de
derechos por patentes.
En este sentido, Zajfman enfatizó que las
instituciones académicas o científicas no deben estar movidas por el
«negocio», sino que su tarea es «convertir el dinero en
conocimiento» y no el desarrollar conocimiento para una aplicación, por su
utilidad, «sino conocimiento puro».
Esto, a su juicio, permite desarrollar
mejores conocimientos que, a la larga, sí resultan transferibles a la
industria.
De hecho, el Instituto Weizmann cuenta con
una empresa, Yeda Investigación y Desarrollo, que patenta y comercializa las
aplicaciones desarrolladas por el centro, una fuente de recursos que, junto con
la filantropía, financian las investigaciones del instituto.
Pese a los millonarios ingresos por
derechos, Zajfman afirma que en el instituto «no hay plan ni estrategia
fuera de proveer a los investigadores la libertad de pensar».
En la presentación intervino también el
ministro de Ciencia y Tecnología argentino, Lino Barañao, quien destacó que el
Instituto Weizmann representa aquello a lo que el país suramericano aspira.
«Después de doce años de inversión
continua en el sistema científico, la oferta de ideas que tenemos en el ámbito
público supera la capacidad de absorción del sistema productivo local»,
sostuvo.
Por eso, para Barañao, además del
empresariado local, la clave está en lograr inversión externa.
«Nos interesa el modelo de Israel
porque casi el 2 % de la inversión en ciencia y tecnología en ese país proviene
de Estados Unidos y de Europa. Es una importante fuente de ingresos para el
país y es un modelo a estudiar», afirmó.