El último ataque contra
la sinagoga de Anderlecht, al este de Bruselas y en un barrio con fuerte
implantación de la comunidad musulmana, vuelve a disparar todas las alarmas
sobre el antisemitismo. La policía intenta esclarecer quién colocó los cuatro
artefactos incendiarios en una de las plantas del edificio, que ya había
sufrido otro ataque en 2010. De momento, descarta un atentado terrorista.
Una conclusión similar a
la esgrimida tras el tiroteo contra el Museo Judío del pasado mayo. Mehdi
Nemmoouche, un individuo que actuaba por cuenta propia, perpetró el ataque
antisemita que acabó con la vida de cuatro personas. Un acto criminal que el
Rassemblement des Musulmans de Belgique (Encuentro de los Musulmanes de
Bélgica) condenó enérgicamente como “un atentado contra los valores ciudadanos
y la cohesión social”. Las últimas investigaciones conectan al franco-argelino
con una rama europea del Estado Islámico, el grupo yihadista que expande su
terror desde Siria e Irak.
El miedo al antisemitismo
en Bélgica, y por extensión en Europa, está presente porque, según explica Joel
Rubinfeld, presidente de la Liga Belga contra el Antisemitismo (LBCA), en una
charla con El Confidencial, “cada día hay un ataque, literalmente. Antes del
atentado contra el Museo Judío había uno cada semana; pero desde entonces (la
tendencia) ha explotado… es una paradoja. Tuvo un efecto liberador y temo esa
evolución”.
Un odio religioso
controlado… de momento
Al incendio en
Arderlecht, ocurrido apenas dos días después de la apertura al público del
Museo Judío, le han sucedido incidentes violentos esporádicos, como el
lanzamiento de piedras contra el Memorial a los Mártires Judíos de Bélgica ese
mismo domingo. La cuestión no se relativiza, pero las autoridades belgas evitan
hablar del antisemitismo como si fuese un problema generalizado.
‘Cada día hay un ataque,
literalmente. Antes del atentado contra el Museo Judío había uno cada semana;
pero desde entonces (la tendencia) ha explotado’, asegura el presidente de la
Liga Belga contra el Antisemitismo. Desde hace 10 años, en Bélgica se registran
en torno a 70-80 ataques antisemitas al año, según el Centre Interfederal pour
l’Égalité des Chances –el organismo público belga contra la discriminación y
para la igualdad de oportunidades–. Las cifras no bajan, pero tampoco aumentan.
Las tensiones en Oriente Medio, como la ofensiva israelí contra Gaza de 2008 o
la de este verano, provocaron picos de conflictividad en la convivencia
interreligiosa belga. Con el tiempo, el número de ataques volvió a la
normalidad.
“No somos responsables de
lo que ocurre en Israel, en Oriente Medio o con el Estado Islámico”, declara
Josef de Witte, director del centro, que sí reconoce la preocupación por los
vínculos equivocados que algunas personas o pequeños colectivos establecen. “Lo
que ha ocurrido en la sinagoga es condenable, pero estos incidentes son
excepciones, como el del Museo Judío. Bélgica no es antisemita”, insiste el
cargo público.
Un sondeo realizado en
2013 por la UE sobre el antisemitismo en ocho Estados europeos reveló que, en
Bélgica, casi una tercera parte de los judíos consultados reconocían haber sido
víctimas de este tipo de agresiones, verbales o psicológicas principalmente. Y
era de los países donde más parecía crecer el antisemitismo en el último
lustro. Un 40% de los entrevistados contemplaban la posibilidad de emigrar
porque “ya no se sienten seguros en tanto que son judíos”, recogía el informe.
Familiares de las
víctimas del tiroteo en el Museo Judío durante su funeral en Tel Aviv
(Reuters).Familiares de las víctimas del tiroteo en el Museo Judío durante su
funeral en Tel Aviv (Reuters).
¿Se marchan los judíos de
Bélgica y de Europa?
Los ataques antisemitas
provocarían un “éxodo silencioso” de los judíos europeos en palabras de
Rubifeld, también por la percepción de que los Gobiernos no actúan con la
suficiente contundencia frente a ellos. “Es un éxodo silencioso, que ha
empezado, que está creciendo y que en Europa va a peor, las cifras van en
aumento”, dice el presidente de la LBCA. No sólo se marchan a Israel o EEUU.
Canadá, para los judíos franceses y belgas, sería un destino atractivo por la
facilidad del idioma.
Este éxodo se apoyaría en
las fuertes estructuras familiares y primarias de esta comunidad. Por ejemplo,
en EEUU hay judíos que emigraron hace más de 100 años y que mantienen un
contacto fluido con sus parientes y allegados. Pero esta emigración forzada
quizás también sucede dentro de las fronteras belgas. En Bruselas y Amberes
vive más del 90% de las personas que profesan la fe judía. Perviven pequeñas
comunidades en localidades como Charleroi o Lieja, antaño grandes, porque las
nuevas generaciones emigran a las dos grandes ciudades.
Amberes es el centro
europeo de los diamantes, una industria tradicionalmente asociada a la
población judía. Sin embargo, nos dicen desde el Centre Interfederal pour
l’Égalité des Chances, no todos los que viven en la gran ciudad septentrional
del país gozan de un alto nivel de vida. Como cualquier ciudadano belga, en estos
tiempos de crisis, muchos sufren la pobreza, una discriminación económica no
asociada tradicionalmente a esta comunidad étnico-religiosa.
Bélgica cuenta con una
población judía que ronda los 40.000 habitantes, muy integrados en la vida
política, social y cultural del país. Hasta el punto de que cuentan con una
radio propia. La cifra, sin embargo, es muy inferior al más de medio millón de
musulmanes belgas, entre los que hay una fuerte presencia de marroquíes y
turcos, según datos oficiales.
El 10% de los jóvenes se
declara antisemita
‘Es un éxodo silencioso,
que ha empezado, que está creciendo y que en Europa va a peor’, dice Rubinfeld.
No sólo se marchan a Israel o EEUU. Canadá, para los judíos franceses y belgas,
es un destino atractivo por la facilidad idiomática
Tras el ataque contra el
Museo Judío hubo una reacción de las autoridades religiosas y políticas de
ambas comunidades. Líderes musulmanes y judíos ofrecieron una rueda de prensa
conjunta en el Parlamento de Bélgica para llamar a la calma, tender puentes de
convivencia y ofrecer una crítica unificada contra el antisemitismo y, también,
la islamofobia.
A pie de calle la
realidad es diferente. Las relaciones entre ambas comunidades son prácticamente
inexistentes y se limitan a contactos personales o entre autoridades que
colaboran. “No existen muchas relaciones entre musulmanes y judíos”, reconoce
De Witte, lamentando que esta falta de contactos no favorece para erradicar
cualquier tipo de discriminación. “Deberíamos trabajar de forma conjunta,
estamos luchando en la misma batalla, ese es el verdadero mensaje en el que
tenemos que trabajar”, concluye.
Un estudio del sociólogo
Mark Elchardus, publicado en 2011, corroboraría esta idea al revelar que el 10%
de los jóvenes bruselenses se declaraba antisemita. El porcentaje se dispara
hasta el 50% si hablamos del mismo colectivo, personas de hasta 18 años, entre
los musulmanes. El estudio también se llevó a cabo en Amberes y Gante, y los
porcentajes eran igual de preocupantes. La no convivencia entre ambas
comunidades no sólo preocupa al poder político o los representantes judíos,
sino también a los musulmanes.
El Rassemblement des
Musulmans de Belgique considera que Bélgica debe permanecer como un ejemplo de
vida entre diferentes colectivos y que no puede haber hostilidades entre
ciudadanos de diferentes confesiones. Los últimos estudios no parecen darle la
razón. Tampoco a los organismos públicos ni a los actores principales de otras
religiones.
Una pareja ante el Museo
Judío días después del ataque que acabó con la vida de cuatro personas
(Reuters). Una pareja ante el Museo Judío días después del ataque que acabó con
la vida de cuatro personas (Reuters).
Los musulmanes “no son
tratados como verdaderos ciudadanos”
La capital de Bélgica es
la zona más católica y, a la vez, la más plural del país, según las
conclusiones del Barómetro de las Religiones del año 2008. Aunque no están
actualizados, los datos muestran una tendencia interesante: un tercio de los
encuestados se reconocían como musulmanes frente a sólo una cuarta parte en
2005.
El crecimiento de esta
comunidad aparece en otras cifras. Hoy en día más de un 30% de los jóvenes en
Bruselas son musulmanes. Elchardus pide mayor trabajo para la “comprensión
mutua en aquellas escuelas con una fuerte presencia de estudiantes musulmanes”
y que se favorezca, así, su integración, dificultada por la discriminación
económica y social. Según De Witte, los problemas vinculados con la islamofobia
son “diez veces más altos, si no veinte, porque estos ciudadanos sufren el
desempleo, la discriminación laboral… No son tratados como verdaderos
ciudadanos”.
Belgas de origen turco y
marroquí alegarían esta discriminación al enrolarse en las filas del yihadismo
internacional en Siria o Irak o al atentar en las capitales europeas, no sólo
contra personas o intereses judíos. Rubinfeld no quiere asociar a los
musulmanes con el antisemitismo, como algunas conclusiones del estudio de
Elchardus, pero sí resume sobre los extremistas que “no quieren matar judíos,
quieren matar belgas, a europeos… Están probando nuestra democracia, su
fortaleza”.
¿Vive Bélgica una espiral antisemita? “Hay un ataque al día. La tendencia ha explotado”
03/Oct/2014
El Confidencial, Alexandre Mato