Vacío de poder entierra a Medio Oriente en el caos

09/Ene/2014

El País, Uruguay- B. Hubbard, R. Worth, M. Gordon | The New York Times

Vacío de poder entierra a Medio Oriente en el caos

RETIRO DE EE.UU. DESGOBIERNO Y AUGE DE CLANES Y SECTAS.Las imágenes tienen una familiaridad escalofriante: gatilleros enmascarados que recapturan las ciudades iraquíes de Faluya y Ramadi, donde murieron tantos soldados estadounidenses al combatirlos. Sangre en Beirut, mucha sangre en Siria.Sin embargo, a pesar de todos los ecos, el derramamiento de sangre que ha envuelto a Irak, Líbano y Siria en las dos últimas semanas expone algo nuevo y desestabilizante: el surgimiento de un Oriente Próximo posestadounidense en el que ningún intermediario tiene el poder, ni la voluntad, para contener los odios sectarios.
En medio de este vacío, los islamistas fanáticos han prosperado en Irak y Siria bajo la bandera de Al Qaeda, a medida que los conflictos de ambos países se amplifican mutuamente y fomentan un radicalismo cada vez más profundo. Detrás de gran parte de todo ello está una gran rivalidad entre dos grandes potencias petroleras, Irán y Arabia Saudita, cuyos gobernantes, que dicen representar al Islam chiíta y sunita, respectivamente, en forma cínica imponen una agenda sectaria que hace que casi cualquier tipo de acuerdo sea una herejía.
«Creo que estamos presenciando un punto de inflexión, y podría ser uno de los peores en toda nuestra historia», señaló Elías Jury, un novelista y crítico libanés, quien ha vivido los 15 años de guerra civil en su propio país. «Occidente no está allí, y estamos en manos de dos potencias regionales: los sauditas y los iraníes, cada uno de los cuales es fanático a su propio estilo. No veo cómo puedan llegar a alguna solución racional».
Fracaso de EE.UU.
El redoble de la violencia en las últimas semanas amenaza con hacer que retorne lo peor de la guerra civil iraquí que Estados Unidos desencadenó con una invasión, y luego, para dominar, invirtió miles de millones de dólares y miles de vidas de soldados.
Con el posible retiro de las fuerzas estadounidenses de Afganistán que se avecina este año, muchos temen que una insurgencia también destroce a ese país, dejando en cenizas otro esfuerzo estadounidense por construir una nación.
El gobierno de Obama defiende su participación en la región, y señala sus esfuerzos por resolver la crisis nuclear iraní y la disputa palestina, pero reconoce que hay límites.
«No le conviene a Estados Unidos tener tropas en medio de cada conflicto en Oriente Próximo, ni estar permanentemente involucrado en guerras indefinidas», escribió el sábado en un correo electrónico Benjamin J. Rhodes, un asesor adjunto en seguridad nacional en la Casa Blanca.
Por primera vez desde el retiro de tropas estadounidenses en 2001, combatientes de una filial de Al Qaeda recuperaron territorio iraquí.
Líbano ha visto dos coches bomba letales, incluido uno en el que murió un alto personaje político y aliado de Estados Unidos. En Siria, se ha incrementado el ritmo de la violencia y hubo cientos de civiles muertos por las bombas lanzadas indiscriminadamente contra casas y mercados.
Clanes y sectas.
Lo que vincula a todo este caos es un atractivo cada vez más brutal de las lealtades atávicas hacia el clan y la secta. Las potencias extranjeras que imponen agendas en la región, y las tácticas de Estado policial de los déspotas árabes, nunca habían permitido a las comunidades resolver enemistades siempre a punto de estallar. Sin embargo, estas divisiones, en gran medida benignas en tiempos de paz, se han vuelto más perjudiciales en forma sistemática desde la revolución iraní en 1979.
Los acontecimientos de los últimos años han acelerado la tendencia ya que las invasiones extranjeras y la reciente ronda de levantamientos árabes debilitaron al Estado, desdibujaron las fronteras y la gente recurre a antiguas lealtades para tener un poco de seguridad.
Los dirigentes árabes actúan con mayor agresividad para llenar el vacío dejado por Estados Unidos y otras potencias occidentales, arreglándose por secta e intereses percibidos.
Irán y Arabia Saudita aumentan sus esfuerzos por reclutar combatientes en la guerra civil en Siria, a la que altos funcionarios de ambos países describen como una lucha existencial. Y la lenta desintegración de Irak también ofrece una mirada vívida a la sangrienta dinámica sectaria en la región.
Un punto de vista ingenuo
En marzo de 2012, Anthony Blinken, quien hoy es asesor adjunto en seguridad nacional del presidente Barack Obama, pronunció un discurso en el que reflejaba el punto de vista color de rosa de la Casa Blanca sobre las perspectivas de Irak después del retiro de las fuerzas estadounidenses. Irak, dijo Blinken, «es menos violento, más democrático y más próspero» que «en cualquier otro momento de la historia reciente».
Sin embargo, el presidente iraquí Nuri al Maliki ya seguía una agresiva campaña contra personajes políticos sunitas que enfureció a esa minoría, ahora en pie de guerra.