24-4-2012
A 97 AÑOS DEL GENOCIDIO
Garabed Arakelian, Docente, analista
El 24 de abril de 1915 simboliza la conmemoración del genocidio cometido por el Estado turco en perjuicio del pueblo armenio. Una población que componía la minoría mayor dentro del Imperio Otomano.
La existencia y la verdad de dicho genocidio constituyen un secreto a voces. Pese a ello, hay muchísimos sordos. Son países, estados, gobiernos que, ya no es que opten por hacerse los distraídos, sino que militan, activamente, en el campo del negacionismo. Como se sabe, son otros los intereses en juego y no forman parte de ellos ni la verdad, ni la justicia, ni los derechos humanos. Se trata de algo muy común en los últimos tiempos en los que la supresión de la verdad histórica y su sustitución por versiones fraudulentas es práctica corriente. Es un recurso al que apelan muchos países que tienen o se les adjudica la categoría de potencia y que, en virtud de ese rango, tratan de explicar y justificar sus acciones, invocando la historia y las leyes, adornando las mismas con elementos principistas como la defensa de los derechos humanos, la libertad y -¿por qué no?- la democracia, etc,etc. Cuando estos elementos no encajan con sus intereses, simplemente los hacen coincidir prohibiendo la difusión del relato verdadero, e imponiendo por la fuerza la versión conveniente, apropiada, “a la carta”, que es funcional a sus intereses.
El negacionismo que practica hasta ahora el Estado turco corresponde a esa estrategia. El artículo 301 de su constitución prohíbe, bajo pena de cárcel severa, mencionar el genocidio cometido contra los armenios, así como toda expresión que posibilite inferir acerca del hecho bajo acusación de traición a la patria o de atentar contra la identidad turca. Las asociaciones de periodistas del mundo entero saben de las decenas y decenas de colegas turcos que han conocido y conocen la cárcel por expresar sus ideas. Una larga serie de escritores, intelectuales, dirigentes sindicales y de organizaciones sociales con signo progresista han sido y son víctimas de acoso y de cárcel. Pamuk, premio Nobel de Literatura, recién ahora puede volver a su país luego de haberse visto forzado al alejamiento por afirmar la existencia del genocidio perpetrado contra armenios y kurdos. Taner Akçam, un destacado historiador, vive su exilio en EEUU. Hrant Dink, periodista, ciudadano natural turco, de origen armenio, fue asesinado en la vía pública por manos xenófobas que no admitían sus mensajes de entendimiento entre turcos y armenios.
Hay una larga serie de hechos y de intentos fracasados que explican el fastidio, y algo más, que reina en las jerarquías de nacionalismo extremo que domina en Turquía. Turquía estableció un cierre de fronteras de manera unilateral apenas Armenia declaró su independencia y se proclamó República, hace ya veinte años; a eso se agrega el trabajo de pinza que realiza sobre ella en acuerdo con Azerbaiján para sitiarla e impedir su desarrollo. Turquía no está sola en esta tarea, cuenta además de la asociación mencionada con Azerbaiján, con al apoyo activo de EEUU que las promesas vanas de Obama acerca del reconocimiento del genocidio confirman, y no es ajeno a ese apoyo la mascarada recientemente montada por Sarkozy, como tampoco lo es la indiferencia, no neutral, de Alemania y de Gran Bretaña y la actitud agresiva respecto a Armenia por parte de Israel.
Israel Charney, autor de Enciclopedia del Genocidio, un trabajo de referencia para los analistas del tema, llevó a cabo una decidida campaña contra aquellos que niegan y mienten sobre el genocidio armenio, pero no concitó muchas adhesiones. Es que la alianza de Turquía con Israel, que abarca varias áreas de suma importancia estratégica y la actitud de la Casa Blanca, liquidaron el emprendimiento. Ni siquiera el grave incidente de la flotilla de apoyo a Gaza incidió para quebrar esta alianza. Y sin embargo pese a todo esto, Turquía no está tranquila ni confiada: es que le falta la verdad. Se sabe que por iniciativa combinada de varios de sus ministerios se ha lanzado a reclutar intelectuales y políticos, personas influyentes en aquellos países en los cuales la diáspora armenia es fuerte y organizada para anteponerse a sus planteos. Además de importantísimas cifras destinadas a comprar conciencias, Turquía está destinando otro tanto a editar material “histórico” con argumentos opuestos a las denuncias que realiza la diáspora armenia. Se trata de “datos y pruebas” merced a las cuales, de victimario pasa a ser víctima.
Así, la versión oficial turca sustituye el millón y medio de víctimas armenias por unos pocos miles y las contrapone con una cifra superior de vidas perdidas por los turcos como resultado de los enfrentamientos mantenidos con fuerzas secesionistas y “traidoras” armenias en enfrentamientos militares mediante los cuales Turquía defendió su integridad territorial y su soberanía. Según esas versiones, periodistas y académicos de EEUU y de Israel saldrían a la palestra pública a nivel internacional para negar la existencia del genocidio cometido contra el pueblo armenio. Todo indica que estos largos años de negacionismo se intentarán prolongar por parte de Turquía, confiada en los respaldos que tiene, esperando el olvido de las víctimas y mejores condiciones en la política internacional. Aunque también todo indica que los armenios no colaborarán con esos propósitos, pues parecen no estar dispuestos a ello ya que pese a su situación precaria no les va tan mal.
Turquía y el negacionismo histórico
24/Abr/2012
La República, Garabed Arakelian