Túnez: Aún hay esperanza para la democracia

03/Ene/2012

Aurora, Barry Rubin

Túnez: Aún hay esperanza para la democracia

29/12/2011 OPINIÓN
La mayoría no quiere al islamismo
Autor: Barry Rubin
¿Está Túnez, el país históricamente más moderado del mundo árabe en términos sociales e intelectuales, encaminándose hacia el fundamentalismo islámico o hacia algún tipo de futuro difícil pero democrático? Quiero repensar mis conclusiones sobre este punto. ¿O es simplemente que el plazo debe ser ampliado?
Cabe destacar que Túnez tiene más posibilidades que Egipto o Libia de alcanzar la democracia y evitar el islamismo radical. En Egipto, el 60 por ciento de los votos fue capturado por los Hermanos Musulmanes y los salafistas en la primera ronda, y dicen que hasta un 75 por ciento en la segunda ronda. Excluyendo a los votantes cristianos – que supuestamente no votaron por los islamistas -, esto significa que entre dos tercios y el 80 por ciento de los musulmanes egipcios apoya a los partidos radicales islamistas. Sólo el ejército, que está dispuesto a reprimir a los moderados, pero que negociaría – en vez de combatir- con los islamistas, se interpone en el camino hacia la radicalización. En Libia, la situación política es mucho menos clara, pero los radicales tienen las armas; mientras que las disputas tribales y regionales probablemente promuevan el conflicto y el extremismo.
En Túnez, en cambio, hay una base sólida para la moderación. Por cierto, Túnez es el único país donde hay una izquierda al estilo europeo, en consonancia con la orientación mediterránea de ese país y su relativa apertura a las influencias occidentales. El nuevo presidente interino de Túnez, Moncef Marzouki, promete una república moderada. Pero la verdadera defensa contra una dictadura islamista, incluso una elegida, es que la mayoría no la quiere y esa gente es poco probable que cambie de opinión. Por cierto, me pregunto si la diferencia en Túnez fue que muchas mujeres votaron en contra de los islamistas, dada la perspectiva más moderna y la larga historia de derechos relativamente mayores que en otras partes del mundo árabe parlante.
Es fácil identificar que es lo que salió mal en el proceso electoral del país magrebí: las divisiones ridículas entre las fuerzas anti-islamistas. De los 217 escaños, el partido islamista, al-Nahda, ganó 89. ¿Qué pasó con los otros 128? La respuesta es que básicamente todos menos una media docena de escaños – que fueron a parar a los nacionalistas pan-árabes o a los partidos de extrema izquierda- fueron para las fuerzas moderadas anti-islamistas, los partidos socialdemócratas o liberales.
En resumen, existe un fuerte potencial en Túnez -a diferencia de casi todos los otros países árabe parlantes-, para una alternativa real a una transformación islamista de la sociedad. Sin embargo, los islamistas están en el poder y serán capaces de hacer muchas cosas para tratar de crear el tipo de sociedad que ellos desean. La pregunta es: ¿cuánto?
Hay algunas otras cosas importantes a favor de Túnez. No es relevante en las relaciones internacionales y no existe una verdadera pasión por las aventuras en el extranjero, aparte de rechazar cualquier negociación con Israel, el país y la población son lo suficientemente pequeños, de tal manera que la ayuda y los esfuerzos occidentales pueden tener un efecto real en el aumento de los niveles de vida y la ayuda para desarrollar la sociedad civil.
Finalmente, el tamaño mismo de las fuerzas de orientación secular y la debilidad, en relación con Egipto y Libia, de las fuerzas aún más radicales islamistas (salafistas) implican que el partido tunecino al-Nahda tiene que ser cauteloso. Uno por lo tanto no tiene que creer en la moderación de al-Nahda o de su escurridizo líder, Rached Ghannouchi, como para pensar que los islamistas no empujarán demasiado fuerte para la transformación. En consecuencia, es posible que al-Nahda pueda ser derrotado en las urnas, en el futuro y tenga que aceptar el veredicto.
No es que Ghannouchi y su equipo sean realmente moderados a pesar de que juega el papel mejor que sus homólogos en la mayoría de los otros países. Como lo explica la bloguera liberal tunecina, Lina Ben Mhenni,: “por fuera se ve como un partido moderado, pero la verdad es diferente”.
Cuando fue confrontado con sus documentadas opiniones políticas radicales y sus declaraciones, incluso genocidas hacia Israel, él afirmó simplemente que se trataba de mentiras sionistas. Y, por supuesto, al igual que sus homólogos egipcios y palestinos, no tiene que preocuparse de que los medios de comunicación occidentales lo expongan. Pero debe preocuparse un poco por el horror de los tunecinos ante el ascenso de los islamistas.
Los tunecinos, sin embargo, tienen aún más de que preocuparse. Un factor que a menudo es demasiado subestimado en los análisis occidentales de las sociedades pos”Primavera Árabe” es el de la intimidación y la violencia no oficial. Éstas han alcanzado enormes proporciones en Egipto, donde proliferan tanto la anarquía criminal como los salafistas armados. También existe la represión del 10 por ciento que son cristianos. En Egipto, no importa si no hay una ley en contra de que las mujeres se vistan como les plazca o contra la restauración de las iglesias cristianas; si alguien trata de actuar de hacerlo, es atacado.
Han existido algunos intentos de intimidación en Túnez, en particular en una universidad donde la exigencia de que las mujeres lleven velo desencadenó un par de disturbios. Pero la situación podría ser mejor allí. Precisamente porque al-Nahda necesita evitar antagonizar con un gran sector de la población -algo que realmente no sucede en el resto del mundo árabe parlante-, pudo frenar la atmósfera de hostigamiento. Los anti-islamistas de Túnez pueden realizar grandes manifestaciones en apoyo de los derechos humanos y las libertades civiles, algo impensable en otros países árabe parlantes.
Recuerde que en Egipto las “moderadas” manifestaciones, que están siendo reprimidas por los militares, son en contra del Ejército, y no contra los Hermanos Musulmanes. Los reformistas, o viven en un mundo de fantasías – en el que una transición más rápida hacia un gobierno islámico va a resolver todos sus problemas-, o simplemente tienen demasiado miedo (se entiende por qué) para enfrentarse a los Hermanos Musulmanes y a los salafistas.
¿Se pueden unir los moderados de Túnez? No será fácil. Se dividen por los egos de sus líderes y en cierta medida por las políticas que propugnan. Sus diferencias de fondo están dentro del espectro básico occidental, mucho menores que la diferencia entre sus visiones y la de los islamistas. Por otra parte, para alcanzar el poder, la gloria y el dinero (a través del clientelismo), algunos prefieren llegar a un acuerdo con al-Nahda, en lugar de entre ellos.
El caso de Turquía ha demostrado que los anti-islamistas pueden ser políticos tan incompetentes y tan propensos a las ambiciones personales y disputas como para tirar a su país por la ventana. En el Líbano, Hezbollah ha sido capaz de convertir a fuerzas políticas no-islamistas, no chiítas (incluso cristianos) en los satélites. Por lo tanto, es muy posible que los islamistas sean mejores estrategas que todos los demás también en Túnez.
Sin embargo, en Túnez, los islamistas pueden haber llegado a su límite máximo de apoyo popular. La mayoría sabe lo que quiere, y no es el islamismo. Por último, y esto debe ser tomado en serio, al-Nahda necesita una verdadera coalición para gobernar, algo que los islamistas egipcios, sólo lo hará para aparentar.
¿Cuán importante es este asunto para la región? No lo es, en absoluto. Si Túnez tiene o no tiene éxito no va a afectar a ningún otro país. Incluso podría dar cobertura a los islamistas al señalar a al-Nahda y al afirmar que ellos también son “moderados”. Sin embargo, por supuesto, es muy importante para los propios tunecinos.
Es también importante para la política occidental. Cuando los funcionarios europeos me preguntaron qué pueden hacer para ayudar a los regímenes post”Primavera Árabe”, he sugerido dos proyectos principales: concentrarse en Túnez y también en Jordania, donde la ayuda y la participación puede hacer algún bien.
Un colapso del régimen jordano, que no espero, pero el país tiene graves problemas económicos, hará que Egipto se vea como un picnic. Jordania ha sufrido un enorme revés debido a que las perspectivas de que el Consejo de Cooperación del Golfo lo pudiera añadir como miembro y le diera mil millones de dólares en concepto de ayuda, se han evaporado de la noche a la mañana.
En todo caso, Túnez, el país donde la “Primavera Árabe” comenzó, todavía podría tener una oportunidad. Por la forma de cómo van las cosas, podría ser uno de los pocos sobrevivientes de la actual marea del islamismo político en la región, e incluso esta pequeña excepción, no puede darse por sentada.
Barry Rubin es director del Global Research in International Affairs (GLORIA) Center y editor del Middle East Review of International Affairs (MERIA) Journal.
http://www.rubinreports.blogspot.com.