Un marroquí que preside
una asociación árabe de Lérida alerta del auge del islamismo radical en el país«Todos los musulmanes en
España somos células terroristas durmientes». Esta contundente sentencia, pese
a su apariencia, no es fruto de un ánimo racista, xenófobo. De hecho, la
pronuncia Omar Charah, un marroquí que vive en España desde hace veinte años y
que es presidente de la Asociación Cultural Árabe Atlas, con sede en Lérida. Es
una alerta que pretende movilizar a todos los que anhelan convivir en paz y
tolerancia en nuestro país, sea cuál sea nuestro origen o religión.
Charah, que ha sufrido
represalias (amenazas verbales, ruedas pinchadas…) por denunciar el islamismo
radical que predica el imán de la Mezquita Ibn Hazm de Lérida, Abdelwahab
Houzi, da la voz de alarma. El salafismo-wahabita, la corriente islámica que
inspira a Al Qaida, la que en el 11-M llevó a varios «muyahidines» a dejarnos
una cicatriz del tamaño de una vía en la estación de Atocha, se extiende por
todo el territorio español. Se predica desde el «minbar» (púlpito) de algunas
mezquitas, recorre las calles de nuestras ciudades de la mano de los «policías
religiosos» que velan por su doctrina, que hostigan a los refractarios …y,
finalmente, recala en las casas de muchos inmigrantes musulmanes que viven en
condiciones muy precarias.
Esta semilla del odio de
la «yihad» subvencionada dese países como Arabia Saudí, que habla de «ellos y
nosotros», persigue el «califato universal» y denigra a la mujer, puede
germinar rápidamente. Halla terreno fértil entre una comunidad de inmigrantes,
con o sin papeles, a la que la crisis económica general golpea de manera
especial; a la que que cohesionan mensajes contra la inmigración que asoman en
los discursos políticos y en charlas ciudadanas de a pie de calle. Ellos y
nosotros. Las cosas son o «halal» (acorde a la ley islámica) o «haram»
(prohibido). «Ésta gente se aprovecha del rechazo al “moro”», subraya Charah.
Si te sientes rechazado y no ves salida, el imán te ofrece una… Te acoge, te
ayuda, te promete felicidad eterna. Células terroristas durmientes en potencia,
valga la exageración de buena fe que suele acompañar a toda alerta.
Cataluña, epicentro
Como viene explicando
este diario en las últimas semanas, el extremismo islámico está llevando una
cruzada en nuestro país. Una prueba: en 2010 se han celebrado diez congresos
salafistas en España, mientras que en 2008 hubo sólo uno.
El fenómeno, que tiene
como uno de sus epicentros Cataluña, la comunidad autónoma con más inmigrantes
musulmanes, preocupa a políticos, policías y jueces. De resultas, los últimos
dos estamentos ya han pedido al primero que mejore la ley para poder castigar
el enaltecimiento de carácter «yihadista». Que se de den facilidades para
expulsar a los imanes que animan a sus fieles a la Guerra Santa. En este
sentido, Charah también interpela a la clase política, a la que acusa de
dejadez a la hora de atajar este problema, y de la que censura que se centre en
medidas de menos calado que «buscan rédito electoral», como la prohibición de
llevar el velo integral —«burka» o «niqab»— que promovió en primer lugar la
ciudad de Lérida y a la que han seguido varios municipios.
Para el presidente de la
asociación Atlas sería más efectivo que los gobiernos hicieran una labor intensa
a través de las asociaciones de inmigrantes, instándolas a ejercer de
mediadoras y, sobre todo, supervisando la eficacia de su tarea. Para asegurarse
de que no acabe siendo una inanidad subvencionada.
La conexión
«yihadismo»-España, con capital en Cataluña, se ve allende nuestras fronteras.
Una de las entregas de las filtraciones de Wikileaks revelaba que Estados
Unidos considera la comunidad catalana como «el mayor centro mediterráneo de
actividad de radicales islamistas». Todo ello en base a un informe
supuestamente secreto del ex embajador norteamericano, Eduardo Aguirre, fechado
en octubre de 2007. Aguirre incluso proponía que el consulado de Estados Unidos
en Barcelona se convirtiera en una platafoma para una agencia que coordinara la
lucha antiterrorista, una central de inteligencia con la mira puesta en la
«yihad».
Como epítome del asunto:
el imán Abdelwahab Houzi. Nacido en Marruecos y salafista confeso (aunque en
público rechaza el añadido de wahabita), mantiene una pugna con el Ayuntamiento
de Lérida que encabeza Ángel Ros (PSC), que le ha precintado «sine die» la
mezquita de la calle Norte por exceso de aforo y le ha condenado a rezar en el
recinto ferial de los Campos Elíseos.
La Policía Nacional ha
puesto a Houzi en la cima del ránquing de salafistas a los que vigila, y en su
currículum acumula incidentes, como denuncias por poligamia y malos tratos o
una investigación en curso de la Fiscalía sobre su gestión económica al frente
de la mezquita a raíz de una denuncia anónima, de algunos de sus fieles. Le
acusan de irregularidades en el uso del dinero que en los últimos años viene
recolectando para financiar una nueva mezquita. No hace mucho, después de un
rezo uno de los feligreses de Houzi fue inquirido para que hiciera un donativo
para pagar el futuro lugar de culto.«¿Todavía recogéis dinero?», dijo el
parroquiano, que creía más que pagado el templo. Y se fue a su casa. A los
pocos días, las «patrullas religiosas», los «barbudos» (las largas barbas
forman parte de su credo) del imán seguían al fiel curioso por la calle. Para
disuadirle de hacer más preguntas. Como cuando entran a los bares regentados
por musulmanes y les exhortan a no vender alcohol.
En las entrevistas que ha
concedido —como a ABC el pasado agosto—, Houzi responde a las acusaciones de
radical con evasivas y retórica doctrinal. «Cuando decimos que volvemos al
Islam puro queremos decir el Islam de la misericordia, de la convivencia, de la
paz», afirmaba a este diario. Para quien quiera creérselo.
«Todos los musulmanes de España somos células terroristas durmientes»
08/Sep/2014
ABC, España, JANOT GUIL / LÉRIDA