Tisha be Av

12/Ago/2016

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Tisha be Av

El calendario judío marca que
mañana es Tisha be Av, día de ayuno que conmemora la destrucción del Primer y
Segundo Templo en Jerusalén y el posterior exilio de los Judios de la Tierra de
Israel. El día conmemora también otras tragedias que ocurrieron en el mismo
día, entre ellas la masacre romana de más de 100.000 judios en Betar en el año
132 CE. Instituida por los rabinos del siglo segundo, Tisha Beav es considerado
como el día más triste del calendario judío.
Primer Templo
Salomón, el Rey Sabio (siglos
XI-X a.E.C.), inauguró un período de paz y pudo construir el magnífico
Santuario en su capital, Jerusalem. A su muerte tuvo lugar la división del país
en dos reinos: el de Israel y el de Iehudá. El Reino de Israel fue conquistado
por los asirios en el año 722 antes de la Era Común. Por su parte, el Reino de
Iehudá, con su capital Jerusalem, existió hasta el siglo VI antes de dicha Era.
Sometido al yugo de Babilonia, intentó liberarse del mismo, pero el rey
Nabucodonosor puso sitio a la ciudad en el año 587.
El día 9 de Av, en el 586 a.E.C,
entraron en Jerusalem e incendiaron su magnífico Templo. Una vez dueños del
país, enviaron a la mayoría de sus habitantes al destierro en Babilonia (Galut
Bavel).
Segundo Templo
En el año 538 a.E.C, Ciro
(Kóresh), rey de Persia, conquista Babilonia. El monarca victorioso permitió a
los judíos regresar a su patria y reconstruir el Templo. Retornaron bajo la
dirección del príncipe Zerubavel ben Shealtiel, nieto del Rey de Iehudá,
Iehoiajín; y de Iehoshúa ben Iehotzadak, nieto del último Gran Sacerdote de
Jerusalem.
La alegría del regreso se
refleja en el famoso Cántico (Salmo CXXVI): «Cuando Dios hizo retornar a
los cautivos a Sión, estábamos como en sueños». (Beshuv Adonái et shivat
Tzión, haínu kejolmim). El Templo de Jerusalem quedó terminado en el año 516
a.E.C.
El dominio del país pasó luego a
manos de los griegos, y más tarde de los romanos. Descontentos los judíos por
los abusos de estos últimos, una parte del pueblo se preparó para la rebelión.
Pronto estallaron las hostilidades (año 66 de la E.C): El jefe enemigo,
encargado de reprimir a los insurrectos, era el general Vespasiano, a quien
acompañaba su hijo Tito. La lucha culminó con el asedio a Jerusalem, siendo
Tito el comandante romano.
El día 17 del mes de Támuz, los
romanos lograron atravesar la muralla. Por último, el día 9 de Av del año 70,
la ciudad cayó y el Templo fue puesto en llamas. Sólo quedaron restos del Muro
Occidental (Hakótel Hamaaraví) que rodeaba el atrio del Santuario. Una frase
talmúdica afirma que «la Presencia Divina (Shejiná) no se apartó jamás del
Muro». Éste es llamado también «Kotel Hadmaot» (el Muro de las
Lágrimas, o de los Lamentos), ya que siempre acogió el llanto y los ruegos de
quienes acudían a él.
Una fecha infausta
Consta en la tradición judía que
otros hechos infortunados sucedieron en Tishá Beav: en esa fecha se decretó que
la generación del desierto, salida de la esclavitud en Egipto, no entraría en
la Tierra Prometida; y el mismo día, en el año 135, cayó la fortaleza de Betar,
fracasando así el heroico levantamiento de Bar Kojva contra los romanos. La
expulsión de los judíos de España, (1492) también aconteció en esa fecha.
Pero el duelo se centra
fundamentalmente, en la destrucción de Jerusalem y de su Santuario, ya que
marcó el término de una vida independiente del Pueblo Judío en su tierra.
Muchos combatientes cayeron en las batallas, otros fueron hechos prisioneros. Y
así comenzó el duro exilio, la dispersión del Pueblo Judío por todo el orbe.
Sin embargo, gracias al recuerdo
siempre vigente de un pasado feliz, los sentimientos de pesar en Tishá Beav
daban paso a las ansias de redención. Y así nuestros sabios pudieron afirmar
que «el mismo día en que el Templo de Jerusalem era destruido, nacía el
Mesías».
Lamentaciones
(«Kinot»).
En la víspera de Tishá Beav, los
judíos observantes son convocados a las Casas de Oración. Y a la vacilante luz
de las velas, recitan lamentaciones (kinot), leen composiciones litúrgicas de
duelo (piutéi evel), y especialmente el texto bíblico atribuido al Profeta
Jeremías: «Meguilat Eija». Se llama meguilá (rollo) porque se guarda
en las sinagogas escrito en un rollo de pergamino. Y Eija es la primera palabra
de ese texto, en la dolorosa frase inicial: «Eija iashvá badad haír rabati
am» (!Cómo se sienta en soledad la ciudad populosa!).
La ciudad de Jerusalem, de cuya
primera destrucción el profeta fue testigo, y a la que llora amargamente:
» ¿A quién te compararé y asemejaré, hija de Jerusalem? ¿A quién te
igualaría yo para consolarte, virgen hija de Sión? ¡Tu quebranto es grande como
el mar! ¿Quién podrá curarte?» (II,13). (¿Má aidej, má adamé-laj, habat Ierushaláim?
¿Má ashvé-laj vaanajamej, betula bat-Tzión? ¡Ki gadol kaiam shivrej! ¿Mí
irpá-laj?).
En Tishá Beav se leen también
otras lamentaciones (kinot), originadas en distintos episodios históricos tales
como las terribles matanzas llevadas a cabo por los Cruzados, a su paso por las
comunidades judías de Alemania y Francia (siglos XI-XII).
Vale la pena recordar que el
trágico atentado a la AMIA (Kehilá de Bs As) tuvo lugar el 18 de julio de 1994,
(10 de Av en el calendario hebreo).