Tiempos de Janucá.

04/Dic/2015

Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman

Tiempos de Janucá.

El Talmud, relata la interpretación rabínica más popular de Janucá. Se encontró aceite suficiente sólo para un día de encendido de los candelabros del Templo, y ese poco duró ocho días, hasta que salió el aceite nuevo de la prensa. Los rabíes llaman al episodio, el milagro de Janucá y ordenan recordarlo de ahí en adelante, todos los años, encendiendo luminarias durante 8 días seguidos. Se usa un candelabro especial, con ocho velas más una novena vela con la que se encienden las demás.
La historia judía no está allá lejos ni cerrada dentro de un libro. Es parte de nuestra vivencia familiar. Recordándola, nosotros mismos estamos presentes.
Estamos en Judea en el año 334 a.e.c. cuando llega Alejandro de Macedonia con sus ejércitos. Sus tropas asesinan no sólo a soldados sino a decenas de miles de población civil, para forzar a los habitantes a aceptar el dominio griego. Esto ha quedado a la vista al descubrirse rastros de esos años en el desierto de Judea. Cerca del Mar Muerto, a unos 14 kilómetros al Norte de Jericó, se descubrió en 1962 la cueva de Abu Shinjeh, junto al lecho del wadi Daliyeh (un arroyo seco casi todo el año, cuyo cauce en época de lluvias, desemboca en el río Jordán). Los arqueólogos han analizado lo que se halló en la cueva: unos 40 fragmentos de documentos escritos en papiro, en idioma arameo, del siglo IV a.e.c. Hay algunos contratos, sellos personales, monedas. Y algo más, que revuelve el estómago: los esqueletos de 205 personas. Era gente que huyó de la ciudad buscando refugio de la invasión griega. Hacia el año 333 a.e.c. el grupo se ocultó en esa cueva. Todos fueron asesinados por soldados de Alejandro Magno.
La invasión griega es cruel y los hebreos no tienen más remedio que aceptar la dominación. Los griegos permiten a los hebreos integrarse a la sociedad griega. Al principio, los hebreos pueden también mantener funcionando el Templo de Jerusalem   las casas de estudio de Ley Hebrea y las escuelas. Pero la asimilación de los judíos a la cultura griega es creciente. La primera generación nacida en Judea bajo dominio griego ya adopta nombres griegos, asiste a las academias de filosofía griega, los teatros, los estadios, los gimnasios. Los judíos adaptan las enseñanzas hebreas a lo que importa en el mundo griego. Ese judaísmo helenizado aparece retratado en la obra de Ioshúa Ben Sira, que hacia el año 190 a.e.c. escribe para sus alumnos “La sabiduría de Ben Sira”, en idioma hebreo. Dos copias de esa obra, que se creía perdida, aparecieron entre los Rollos de las cuevas del Mar Muerto. Pero ese es otro tema.
Unos años más tarde, en el 175 a.e.c., el rey griego Antíoco IV Epifanes (el Magnífico), al que los hebreos apodan Epimanes (el Loco) exige que todos los pueblos bajo su dominio realicen ofrendas a los dioses griegos y se arrodillen para adorar al rey como dios. Salvo los hebreos, todos los pueblos aceptan, son politeístas, no les importa adorar unos dioses más. Pero los hebreos se niegan a arrodillarse y adorar a Antíoco. ¿Por qué? Porque aunque hayan olvidado el idioma hebreo y hablen en griego, tienen muy presentes las palabras de la Torá (Pentateuco). “Yo soy tu Señor. No tendrás otros dioses delante de Mi”. Adorar al rey griego sería cometer idolatría.
En el año 167 a.e.c. el rey Antíoco IV Epifanes con su ejército entra al Templo de Jerusalem, roba los candelabros de oro y se lleva todo lo que le parece de valor. En claro desprecio hacia los hebreos, usa el altar del Templo para sacrificar cerdos en honor a Zeus. Decreta que en cualquier lugar de sus dominios, quien se niega a arrodillarse y adorar la imagen del rey comete delito de traición y debe ser castigado con la muerte en el acto. Prohibe a los judíos leer o enseñar Ley Hebrea, celebrar Shabat o realizar cualquier ceremonia de la religión hebrea, bajo pena de muerte. Si sus soldados ven un grupo reunido al aire libre o en una casa, se acercan. Si se está realizando un rito hebreo, por ejemplo una circuncisión o matrimonio, son todos acusados de traidores, sin juicio previo matan a todos los asistentes, abuelos, padres, incluso niños y sirvientes.
¿Qué puede hacer la población? ¿Huir de Judea? En los caminos los pueden violar, robar, raptarlos para hacerlos esclavos. ¿Arrodillarse ante la imagen de Antíoco y esperar mejores tiempos? Es lo que hacen algunos. Muchos preparan refugios en los sótanos de sus casas y rutas de escape desde esos refugios hacia cuevas de las cercanas montañas. Eso no se sabía, pero hace pocos años se han encontrado en sótanos bajo las antiguas viviendas y en cuevas del desierto de Judea, restos de agua, víveres, monedas, documentos y Rollos de Torá guardados en esos refugios por la población judía en esa época.
¿Quién puede animarse a luchar contra el ejército griego? Razonablemente, nadie. Pero en la aldea de Modiín, vive un anciano que se llama Matatías, de la familia macabea, Los oficiales griegos quieren obligarlo a que se arrodille y adore la imagen de Antíoco Epifanes. Muchos de ustedes deben haber escuchado este episodio. Hay momentos en que un líder puede cambiar la historia de su pueblo.  ¿Qué hace ese anciano? Decide solo y sin dudar: libertad o muerte, para él y quienes lo sigan. Mata a esos oficiales y sus soldados.
¿Qué sucede con los habitantes de la aldea de Modiín? Tienen que huir de la aldea con Matatías y sus hijos, porque en cuanto los griegos se enteren de lo sucedido, matarán a todos los habitantes. A los aldeanos no les gusta pero no tienen más remedio que convertirse en guerrilleros. Se deslizan por la noche en los campamentos de soldados griegos mientras éstos duermen. Degüellan a los soldados griegos. Roban las armas y la comida que encuentran. Esa es la forma de luchar en esos tiempos. La historia griega y los relatos del Talmud cuentan que por otro lado, los macabeos van entrando en todas las aldeas judías. ¿Qué hacen? Requisan alimentos. Obligan a las parejas que viven juntas a casarse con el rito hebreo, a los varones a circuncidarse, tengan la edad que tengan. Aunque no les guste, los aldeanos tienen que unirse a los guerrilleros judíos. ¿Acaso los macabeos son amados por la población hebrea? En general, no. Los macabeos los han arrastrado a ir contra la corriente, en una guerra que no querían.
Matatías el macabeo hace historia que llega hasta hoy. Los griegos se burlan de los hebreos que insisten en conservar la santidad del Shabat. Los griegos encierran en una cueva a unos mil judíos durante un Shabat y luego incendian la cueva. Los judíos prefieren morir quemados vivos para no violar el día dedicado al Señor. Después de esto, Matatías el macabeo dicta una ordenanza: “la vida está antes de la observancia del Shabat”. Ordena luchar en Shabat si el enemigo ataca.
Los rabíes del Talmud elaboran, a partir de esta ordenanza de Matatías, la halajá (jurisprudencia) que sigue hasta hoy: “los mandamientos de la Biblia se han dado para vivir por ellos y no para morir por ellos”. Para defender la vida se puede dejar de lado la observancia del Shabat y de casi todos los mandamientos.   No todos, hay tres mandamientos que no se pueden violar, aunque al judío pierda la vida por ello: La prohibición de idolatría, de incesto y de asesinato. Esta halajá (jurisprudencia, ley rabínica) sigue vigente en todo el mundo judío. Israel fue atacado en 1973 en Yom Kipur (Día de expiación) por la coalición de los países árabes liderados por Egipto y Siria. Los atacantes pensaron: “los judíos no tomarán las armas en el día más sagrado del calendario hebreo”. Pero se equivocaron. No conocían la jurisprudencia rabínica que dice “la vida está antes que el Shabat y las festividades”. ¿Qué sucedió en la guerra de Yom Kipur? Sonaron las sirenas en todo Israel, los hebreos salieron inmediatamente de las sinagogas donde rezaban, fueron a sus bases del ejército y tomaron sus puestos de combate.
Volvemos al año 164 a.e.c. Fallecido el anciano Matatías, los guerrilleros están dirigidos por su hijo Iehuda. Los guerrilleros macabeos derrotan a los griegos y liberan el Templo de Jerusalem. Unos dos meses después, realizan la ceremonia de “Januca” (inauguración) del Templo reconstruido. El comandante macabeo decide realizar la ceremonia el 25 del mes de Kislev, el mismo día en que se cumplen 3 años del aniversario de la profanación del Templo por Antíoco Epifanes.
El Talmud, relata la interpretación rabínica más popular de Janucá. Se encontró aceite suficiente sólo para un día de encendido de los candelabros del Templo, y ese poco duró ocho días, hasta que salió el aceite nuevo de la prensa. Los rabíes llaman al episodio, el milagro de Janucá y ordenan recordarlo de ahí en adelante, todos los años, encendiendo luminarias durante 8 días seguidos. Se usa un candelabro especial, con ocho velas más una novena vela con la que se encienden las demás. Además, hay que reconocer que las mujeres judías han tenido labor descollante para tener presente con aroma y sabor, el aceite milagroso de Janucá. La cocina judía de esa semana, recuerda el aceite en todas sus recetas. Esos ocho días, se ponen sobre la mesa todos los manjares fritos que se puedan inventar. Papa, manzana, harina, esa semana todo acaba en latkes (panqueques) y bollos fritos, rodeados de azúcar.
Hay dos relatos de Janucá menos conocidos que quiero recordar. Uno es “midrash” (interpretación de los rabíes). Los macabeos entran al Templo y ven que no ha quedado ninguno de los candelabros de oro para el culto. ¿Cómo fabrican los nuevos candelabros? Los oficiales del ejército entregan sus lanzas de hierro. Los artesanos recubren las lanzas con zinc y las armas de guerra se convierten en candelabros para dar luz en tiempos de Paz. En recuerdo de estos materiales toscos usados en ese momento, las “Janukiot” (candelabros de nueve velas con que se celebra la festividad de Januca) no se hacen de oro sino de materiales sencillos, como plata, bronce, alpaca, o lata. Es un midrash que vale la pena recordar cuando ponemos las velitas de la festividad en nuestros candelabros.
Este relato es más actual. Anatoly Sharansky cuenta que estaba en un campo de trabajo forzado en el archipiélago Gulag de la ex URSS y un compañero preparó una janukiá (candelabro para 9 velas) con un madero. Los guardas lo encontraron y se lo confiscaron. Sharansky inició una huelga de hambre. El capitán del campo lo hizo llamar y le exigió acabar con esa huelga disparatada. El prisionero reclamó recuperar el candelabro de madera. El capitán dijo que al candelabro se lo había llevado la KGB. Transaron en que Sharansky podía hacer la ceremonia de encendido de velas en la oficina del capitán. Le dieron a Sharansky una vela que cortó en 9 pedacitos. No sabía las bendiciones tradicionales pero inventó allí mismo bendiciones propias, invocaciones a personajes y valores que admiraba y quería recordar. Fue una extraña celebración que realizó él solo, delante del capitán y su ordenanza que se pararon por respeto a algo que no comprendían, dejando arder las velas a pesar de que manchaban con cera la elegante mesa del capitán. Poco después el capitán encontró un motivo cualquiera para mandarlo una semana al calabozo, pero Sharansky contó que sintió que el castigo valía la pena a cambio de esa sensación de triunfo moral que sintió al encender las velas de Janucá. Es una sensación linda para recordar cuando encendemos las velas de la festividad en nuestra casa.
Esther Mostovich de Cukierman