Una imagen vale más que
mil palabras, sobre todo si esa imagen es tan insólita como poder ver el
cabello de una mujer en Arabia Saudí.
Mientras todos los
capitostes del mundo le hacen el besamanos al nuevo dictador, encantados de ser
amigos de un tirano con petrodólares -que, por cierto, para que no hubiera
dudas, se ha estrenado decapitando a un hombre en aplicación de la charia-,
Michelle Obama ha hecho un sencillo pero demoledor gesto de rebeldía: ha
aparecido en las fotos oficiales sin llevar el preceptivo velo impuesto, vía
ferocidad penal, a toda mujer que pise el territorio. Es decir, desde la fuerza
y la protección de su alto rango político, Michelle ha antepuesto la dignidad
de las mujeres a los intereses espurios de su propio Gobierno,
dando una lección de coraje y compromiso a sus encorbatados colegas políticos.
Lo de Arabia Saudí no
tiene nombre. Es un régimen tiránico que ahoga a sus ciudadanos con leyes
feudales represivas y violentas con la única intención de mantener el poder de
la rica oligarquía de los Saud.
Amparados en las
doctrinas rigoristas y claramente bélicas de Mohammed ibn Abd al Wahab, creador
de lo que hoy se conoce como wahabismo, imponen su doctrina a ley y fuego. No
sobra recordar que Al Wahab buscaba lo que él llamaba “un brazo armado” para
imponer su mirada extrema del islam, basada en el salafismo -el retorno a la
vida de los primeros salaf, es decir, el retorno al siglo VIII- y que encontró
en el líder tribal Ibn Saud, antepasado de la actual dinastía, a un eficaz
colaborador que quería una excusa teológica para bendecir sus conquistas guerreras.
Es decir, se encontraron dos intereses de poder y conquista en una misma excusa
religiosa. Y así siguen, viviendo en la opulencia más pornográfica, a la vez
que mantienen un régimen tiránico abiertamente misógino y homófobo. Pero les
reímos las gracias, pues el oro negro compra derechos, voluntades y, por
supuesto, sentido crítico. De ahí que el gesto de Michelle, por inusual y
combativo, sea tan importante.
Recordaré, por último,
que Arabia Saudí no tiene suficiente con mantener a sus mujeres en una segregación
inaceptable y a toda la población bajo su bota medieval, sino que dedica
millones de dólares a esparcir el extremismo religioso por todo el mundo,
enviando imanes integristas a todas las zonas no islámicas donde hay
comunidades importantes. Son responsables, en parte sustancial, de la
radicalización de los colectivos musulmanes en Occidente y, sin embargo, les
reímos todas las gracias. Es decir, no tienen suficiente con usar a Dios para
mantener a su población en plena edad media, sino que además usan su dinero
para hacer lo propio por todo el mundo. Pero ahí estamos, haciendo el besamanos
de turno al nuevo dictador. Por todo ello, ¡gracias, Michelle, gracias por
mantener la dignidad en medio de tanta genuflexión e ignominia!
‘Thank you’, Michelle
03/Feb/2015
La Vanguardia, España, Por Pilar Rahola