Svenja Leiber: “Culturalmente, Alemania aún no se ha recuperado del holocausto”

08/Oct/2014

El Cultural, España, Alberto Gordo

Svenja Leiber: “Culturalmente, Alemania aún no se ha recuperado del holocausto”

Literatura como
seguimiento, literatura que toma al niño y deja al hombre, y levanta acta de su
formación: así es como funciona Los tres violines de Ruven Preuk (Malpaso), la
segunda novela de la escritora alemana Svenja Leiber (Hamburgo, 1975), que
cuenta la peripecia de un músico alemán a través del campo minado del siglo
veinte. El joven Preuk, un superdotado del violín, no solo asiste -como
espectador primero, como soldado después- a dos guerras mundiales y a sus
consiguientes posguerras, sino que emigra del campo a la ciudad, se convierte
en músico, se enamora y se casa, triunfa y fracasa , y presencia, por último,
el vago despertar de fin de siglo.
El estilo de Leiber, un
presente deliberadamente frío, elíptico en las zonas de sombra, se ciñe al
hecho mirado con lupa. Al detalle. Su intención es contar la otra guerra: la
trasguerra, lo grande a través de lo pequeño, lo que ocurrió no ya en la
retaguardia, sino en el hogar, aún más al fondo, de quien se libró del frente,
pero que a cambio hubo de esperar, entre ruinas y cascotes, la victoria o la
devastación. Por eso Hitler no es nombrado -se hace referencia al Führer una sola
vez- y no se mencionan hechos, ni batallas, ni campos de concentración. “La
política no se puede ficcionar -dice Leiber, una alemana considerable, alta y
elegante-, pero al mismo tiempo toda novela es política, pues la política
empieza en la vida de los hombres y de eso se ocupa la literatura. Eludir la
cita directa no es difícil: cada cosa que ocurrió tuvo su consecuencia directa
en la gente”.
-¿De dónde viene la
historia de Ruven y sus tres violines?
-Yo crecí en un pueblo
cerca de Hamburgo, y allí uno de los granjeros tenía tres violines, uno de los
cuales, decía, tenía un valor incalculable. El problema es que nunca supo cuál
de todos era el violín valioso. Partiendo de ahí quise hacer una analogía con
la historia de Orfeo a partir de la relación del mito con la muerte. Esa era,
en resumen, la historia que yo quería contar, una historia que, debido a las
andanzas de los violines, tenía que estar atravesada por el siglo XX alemán. Me
alegro de haber escrito un libro que habla de la historia de mi país justo en
un momento en que percibo cierto hartazgo de los alemanes con respecto a ella.
-¿A qué cree que se debe
ese hartazgo?
-Es como si muchos
alemanes hubiesen llegado a una especie de límite. No desean seguir escuchando
lo que ocurrió. Por otro lado, hoy hay cierta tendencia a decir: “Bien, hicimos
lo que hicimos, nuestro país hizo lo que hizo, pero yo estoy orgulloso de ser
alemán. Ya sabe: los alemanes somos los mejores”. Pero, a mi modo de ver, eso
es incompatible con una visión crítica de la historia. Continuamente, los
medios nos dicen que somos los mejores jugando al fútbol, que a nivel político
encabezamos Europa y que somos una potencia económica. Muy bien, pero ¿vamos a
olvidar a dónde nos llevó la retórica de los vencedores? La victoria genera
derrotados y Alemania, teniendo en cuenta su pasado, no se puede permitir esa
mentalidad.
-Dice que los alemanes
están cansados de su historia, pero el año pasado una serie de televisión,
Hijos del Tercer Reich (Unsere Mütter, unsere Väter), fue el mayor éxito de
audiencia en Alemania en los últimos años.
-Es interesante que
mencione esa serie, porque para muchos ha sido la gota que ha colmado el vaso.
Mi opinión es que es horrible. Es una serie llena de clichés, tópica,
sentimental en el peor sentido, con esa música que te dice cuando tienes que
reír, cuándo tienes que emocionarte, etc. Es una visión romántica, y por lo
tanto adulterada, del periodo más crudo del siglo XX. Por ahí no puede ir
nuestra manera de afrontar el pasado.
-También usted se refiere,
al final del libro, al llamado milagro alemán tras la devastación de la Segunda
Guerra Mundial. Al leerlo da la sensación de que se hizo de algún modo la luz.
-La verdad es que no
estoy demasiado convencida de que se hiciera la luz. En realidad, el milagro
alemán no fue tal. Es cierto que en poco tiempo se levantó un país nuevo, y en
el plano económico puede parecer que las cosas van bien, pero eso no quiere
decir que se levantara un país mejor.
-¿Por dónde tiene margen
de mejora Alemania? ¿A qué se refiere cuando dice que no es un país mejor?
-Me refiero a lo que
quedó de la guerra. Desde entonces, hay un vacío gigantesco en Alemania que a
día de hoy no se ha llenado: no nos hemos recuperado en absoluto a nivel
cultural. El exterminio de toda la élite judía fue trágico para la historia
cultural de Alemania. Es cierto que se ha mejorado, pero aún queda mucho
camino. Es curioso, porque hoy son precisamente los emigrantes del este, de
procedencia en su mayoría judía, quienes están haciendo que Alemania recupere,
muy poco a poco, parte del brillo del pasado.