En los últimos meses, el
mundo observa horrorizado como el Estado Islámico asesina y maltrata a sus
prisioneros. Bünyamin Aygün, un fotoperiodista del medio turco Milliyet, fue
secuestrado por el grupo yihadista en noviembre de 2013 y pasó 40 días
prisionero, hasta que fue liberado por el Ejército Sirio Libre (ESL). Tras las
ejecuciones de los periodistas James Foley y Steven Sotloff, decidió contar los
detalles de su aprisionamiento y cómo sobrevivió al periódico Al-Monitor.
Decidido a relatar las
masacres perpetradas por el ISIS, Aygün llegó a Siria el 25 de noviembre y fue
capturado durante una emboscada junto con Heysem Topalca, un oficial del ESL,
mientras se dirigía a entrevistar a combatientes del ISIS en el pueblo de
Salkin. «Estos hombres eran profesionales. Primero me pusieron una
capucha, luego me vendaron los ojos, me esposaron y me metieron en un
auto», detalló.
Durante los primeros días
de su cautiverio fue trasladado a distintos lugares y sus captores, asumiendo
que era un espía, lo interrogaron brutalmente durante 17 días sobre muchos
temas, como a qué rama del islam pertenecía, para quién trabajaba, si bebía y
quiénes eran las mujeres que tenía en su cuenta de Facebook. Además, fue
forzado a seguir los ritos del islam todos los días. «Duró tanto que no
podía saber cuánto tiempo había pasado, esos 40 días se sintieron como 40
años», dijo.
Al finalizar su
interrogatorio, Aygün fue trasladado a una casa segura llena de combatientes
que provenían de Turquía, quienes lo único que hacían era rezar para ser
martirizados o luchar. «Me preguntaron si quería ser un hombre bomba o
luchar junto a ellos. Me dieron un Corán en turco y un libro sobre la yihad. No
había canciones, silbidos, mujeres ni cigarrillos», dijo.
«ESOS 40 DÍAS SE
SINTIERON COMO 40 AÑOS»
Allí conoció a Dayi
(palabra turca que significa «tío materno»), un ex combatiente de Al
Qaeda que lo cuidó y le dio comida y abrigo. «Era mayor que el resto.
(…) Era muy amable. Dijo que estaba muy triste por mi situación, porque sabía
que era una buena persona y que le había dicho a los demás que me trataran
bien», describió.
Sin embargo, su alivio no
duró mucho. Durante el tercer día en su nueva prisión, Dayi le dijo que un qadi
(un juez islámico) había fallado a favor de su ejecución porque, en su opinión,
el Milliyet trabajaba contra los intereses del Estado Islámico. Para ahorrarle
«la humillación de ser ejecutado por un pelotón de fusilamiento»,
Dayi, triste por la decisión del qadi, se ofreció a cortarle la cabeza.
Pero en la fecha de su
ejecución nadie apareció. Los combatientes se habían retirado para luchar con
una milicia rival y, a su vuelta tres días después, uno de ellos lo obligó a oler
la sangre del cadáver de Dayi, que había recibido un disparo en la cabeza
durante los combates, según informa Vocativ.
«ME PREGUNTARON SI
QUERÍA SER UN HOMBRE BOMBA O LUCHAR JUNTO A ELLOS»
Para ese entonces, en las
calles de Turquía había protestas para pedir por su liberación. Al notar su
importancia, los combatientes del ISIS lo empezaron a trasladarlo varias veces
por día, hasta que fue rescatado por soldados de Ahrar al Sham -una rama del
ESL- en una operación dirigida por Topalca, quien había sido liberado, en
cooperación con el servicio de inteligencia turco MIT.
Luego de que el qadi de Ahrar al Sham determinó
que Aygün era inocente, fue llevado de vuelta a Estambul. «Cuando escuché
la voz de (Ahmet Davutoğlu, ministro de Relaciones Exteriores de Turquía) fue
cuando supe que finalmente era libre», relató.