Simjat Torá: alegría, cordura y … una Hakafá dedicada a Yerushalaim !!

21/Oct/2016

Por Lic. Rafael Winter (Rufo)

Simjat Torá: alegría, cordura y … una Hakafá dedicada a Yerushalaim !!

Es la última de las festividades del mes de Tishrei. Es un
broche de oro, un final feliz.
La festividad de Simjat Torá en la cual se acostumbra a
bailar con la Torá, constituye uno de los momentos más alegres del calendario
judío. No se la menciona ni en la Torá ni en el Talmud, es posterior, lo que
demuestra que el ciclo del año judío no es
estático sino dinámico y evolutivo.
Las efemérides de Tishrei comienzan con la sobria alegría de
Rosh Hashaná, continúan con la austeridad, ayuno y reflexión de Yom Kipur,
prosiguen con la alegría de Sucot -ve samajta vejageja: «te alegrarás en
tu festividad» dice la Torá en relación a la misma- y finaliza (sin
olvidar a Shmini Atzeret) con Simjat Torá.
Un final feliz.
Bailar con la Torá. Para quien no conoce las genuinas tradiciones del pueblo judío, le
puede sonar extraño. Pero no: es lo que más queremos. Es a lo que más cariño le
profesamos. Es nuestra razón de ser.
Gracias a lo cual existe el pueblo judío. Y eso es independiente de la
orientación religiosa o no de cualquier integrante del pueblo de Israel. Tan
judío el uno como el otro.
Y no solamente bailar. Este es el día-único-en el cual son
llamados a la Torá prácticamente todos los presentes, también los menores. Así
se acostumbra en muchas sinagogas.
Y por si esto fuera poco, en este día excepcional la Torá
tiene, simbólicamente, dos «novios»: el Jatán Torá (novio de la Torá)
y el Jatán Bereshit (novio de Bereshit, primer libro y primera sección de la
Torá)
Se termina la lectura de la Torá. E inmediatamente se
recomienza su lectura.
Y sí: pues no podemos estar
siquiera algunos pocos días sin Torá, por eso se recomienza su lectura
inmediatamente de haberla terminado.
Ki Hem Jaieinu. Porque ellas-las palabras de la Torá- son
nuestra vida.
Torá tziva lanu Moshe, morasha kehilat Yaakov.
Torá nos ordenó Moshe, heredad de la Congregación de Yaakov.
Así dice en la última parasha (sección de la Torá)
denominada Vezot Habrajá, que leemos en Simjat Tora.
Es, para quien esto escribe, no solamente el deber o la
normativa sino la ALEGRÍA de la Torá.
Pero esa alegría, casi al límite, NO DEBE sobrepasar el
límite y debe manifestarse con sobriedad y cordura.
En una época donde estamos enfrentando un duro enemigo llamado adicciones, cuidémonos y
cuidemos a nuestros niños y adolescentes del desborde.
¿En Simjat Torá? Sí: ¡en Simjat Torá!
Su entorno, su alegría, bailar con la Torá es ya un
atractivo en si mismo.
¿Acaso precisamos «enganchar» a los jóvenes de una
manera que no sea con la Torá y la felicidad que la misma nos despierta?
Embriaguémonos de felicidad, no de otra cosa.
Los bailes con la Torá se llaman Hakafot. Se realizan por lo
menos siete.
Propongo dedicar una de ellas a Yerushalaim.
Nuestra relación con Yerushalaim (no significa que solo
nosotros) y con el Har Habait (Monte del Templo, Kotel) viene de muy lejos.
No depende de ninguna desafortunada y mal pensada propuesta
y resolución.
Que aumentan la ira y el resentimiento. No depende de
mayorías automáticas ni de consideraciones políticas.
Más allá de los errores (u horrores) que de todos lados se
cometen en el amargo e interminable conflicto del Medio Oriente, nadie en su
sano juicio, nadie honesto y conocedor de la historia puede negar la muy
antigua, bíblica relación del pueblo judío con Yerushalaim.
El rey David apareció en la historia mucho antes que la
UNESCO y que otros pueblos, más allá de
los derechos que también a alguno de ellos les pudiera asistir.