«Yo prefiero que los gurises programen
robots a que en un futuro pierdan su laburo porque los robots predominan»,
dice Miguel Brechner (63) y, de repente, todo cierra.
Brechner es ingeniero en telecomunicaciones
graduado en el Imperial College de Londres, a donde se fue a estudiar cuando en
1972 acá la cosa se estaba complicando. Es sabida la historia de cómo sólo con
14 minutos el entonces presidente del Latu convenció a Tabaré Vázquez (en su
primera administración) para implementar el programa One Laptop Per Child, hoy
concebido a la uruguaya como el Plan Ceibal. No le costó convencer al
mandatario y ahí empezó todo, a fines de 2006, cuando Facebook recién gateaba,
e Instagram, WhatsApp y el iPhone ni siquiera habían nacido. Ahí, en esa
reunión de un cuarto de hora, Brechner y Vázquez asumieron el compromiso de que
cada niño debería tener acceso a un dispositivo en forma de mini-computadora.
Después vendría el acceso de liceales y estudiantes de UTU, y la aureola de
país progresista y moderno a nivel mundial.
En su despacho del Plan Ceibal, en el
parque Los Ceibos del Latu, entre fotos y cuadros de fotografías futboleras
(sacadas por el propio Brechner, fotógrafo profesional los fines de semana en
las canchas del fútbol uruguayo, y por el mundo), el entrevistado repasa con
detalles los prejuicios que tuvo que vencer, los desafíos logrados que hoy se
dan por sentados, y las metas que lo desvelan: cómo personalizar la educación
haciendo que cada docente trabaje con cada alumno, en una enseñanza a medida,
según sus necesidades, capacidades y gustos.
También hablamos de maratones de más de 50
kilómetros por el mundo y de los antisemitas que todavía se manifiestan, a
veces de forma sutil. Todo, antes que se tuviera que ir de su oficina a una
reunión de directorio en otro lado; siempre corriendo, literalmente.
-Nació en Bolivia casi por casualidad. ¿Por
qué?
-Nací en Bolivia porque en el año 39,
cuando mis padres emigraron de Europa escapando del nazismo, el único país al
que se podía emigrar era a Bolivia. No fue casualidad. A Uruguay no se podía entrar,
a Argentina tampoco, a Brasil tampoco, a Chile tampoco.
-Lo mismo le pasó al padre de Jorge
Drexler… Por eso el músico le dedicó una canción, «Bolivia», porque
fue el único país que albergó a su padre, Günter Drexler, cuando se escapó de
la persecución nazi. «Todos decían que no, cuando dijo que sí
Bolivia», canta Drexler en la canción.
-Claro. Günter es boliviano y es más joven,
debe haber sido un chiquilín cuando llegó a Bolivia. Pero a los abuelos de
Jorge (Drexler) les pasó lo mismo que a mis abuelos. Y el único lugar era
Bolivia. La historia es así: mi abuelo materno había peleado en la Primera
Guerra Mundial por Alemania, y en la «Noche de los Cristales Rotos»,
cuando prendieron fuego las sinagogas, se lo llevaron preso a mi abuelo. Mis
abuelos no se habían ido, estaban esperando ir a un campo de concentración; en
aquella época eran campos de prisioneros, pero no eran campos de exterminio
todavía. Y cuando lo liberaron, que fue por abril de 1939, ellos tenían dos
opciones de a dónde ir: Bolivia o Shangai. Le pregunté una vez por qué
eligieron Bolivia y me dio una respuesta mágica: «Porque era el primer
barco que pasaba». Y después, en un viaje que hice a Shangai, fui a
visitar a donde iban los refugiados alemanes. Se había generado una colonia de
40.000 personas de refugiados judíos de Alemania. Hablo de mis abuelos maternos
y mi mamá, que fueron a Bolivia; mi papá, por otro lado, tenía 20 y pocos años,
se fue de Polonia él solo en el 39 también, porque el antisemitismo era muy
grande. Y después allá mataron a toda mi familia paterna: mis abuelos, mis
tíos, sólo se salvó una hermana de mi papá, pero el resto de la familia murió
en Auschwitz. Y en 1959 vinieron de vacaciones a Uruguay y se quedaron a vivir.
-En 1972, un año antes del golpe de Estado,
se fue a Londres. Era militante del 26 de Marzo en la Facultad de Ingeniería.
¿Fue un exilio netamente político?
-Yo me fui. Mi papá me invitó a irme y me
fui. Tenía que ver con el momento político, claro, y le agradezco a mi padre
que me haya invitado a irme. Era militante del 26 en la Facultad de Ingeniería,
lo que decís es correcto.
-¿Pero era un revoltoso? ¿Cómo protestaba
como militante?
-Esa parte dejala… Ni off the record.
Como dicen los jugadores: «lo que pasa en la cancha, queda en la cancha».
-Por aquella época usaba barba y melena.
¿Le ha costado ser más formal en vestimenta? ¿Qué tanto le cuesta ponerse una
corbata?
-Cuando viajo por el gobierno, siempre uso
corbata; en Montevideo uso muy poco corbata. Me embola. Cuando voy a eventos
oficiales, uso pantalón y camisa. Pero soy respetuoso, somos todos viejos, la
formalidad implica que hay que ir vestido de determinada manera en determinadas
ocasiones y bueno… me adapto. Cuando se casó mi hijo, mi nuera quería que
usara un moñito y me puse un moñito. Nada de eso es tan grave. Pero de joven
era como vos decís. Un día llegó mi viejo a visitarme a Londres y me vio
barbudo y con melena. Me dijo que cómo podía andar con esa pinta, le dije:
«Vení conmigo a la universidad». Le mostré la pinta de los profesores
y nunca más me dijo nada.
«Siempre me gustó trabajar con
jóvenes, pero trabajar en una institución que manejan los jóvenes, donde no hay
problemas de género y el 75% de los gerentes son mujeres, todo eso me
rejuveneció. Me desafían y me parece bien»
-Le dijo a Galería que no le pegaron los
60, y que el Plan Ceibal lo rejuveneció 20 años. ¿Por qué?
-Porque cuando dirigís una organización
donde la edad promedio es de 34 años, donde los mayores de 60 somos solo
tres… siempre me gustó trabajar con jóvenes, pero trabajar en una institución
que manejan los jóvenes, donde no hay problemas de género y el 75% de los
gerentes y el 57% de los funcionarios son mujeres, todo eso me rejuveneció.
Tienen ideas, me desafían y me parece bien. Una idea como hacer el Plan Ceibal
era un desafío intelectual, técnico,
político, entonces todas las cosas que te entusiasman te hacen más
joven. A mí me rejuveneció 20 años.
-La anécdota es conocida, pero el público
se renueva. A 11 años del inicio del Plan Ceibal, recuérdeme cómo convenció al
presidente Vázquez de su implementación.
-Pedí una entrevista con el presidente, por
temas de agenda me dieron 15 minutos. Y la preparé. Vázquez tiene una ventaja:
tiene una visión y una claridad para entender las cosas. Preparé un speech de
14 minutos, dejando un minuto más para aclarar alguna duda, con slides para
mostrarle cosas en Powerpoint. Y fui muy claro y conciso. Y el presidente
Vázquez lo agarró al toque, y me dijo: «Miguel, dalo por hecho». Yo
ya le había dicho cómo organizarnos, las ideas que estaban en la vuelta, cuánto
costaría, cómo financiarlo, todo eso se lo expliqué en los 15 minutos. Pero él
no dudó, se entusiasmó y me dijo: «lo hacemos». Sólo me planteó un
par de reglas: ser muy equitativos en la distribución, podíamos empezar por el
interior, pero no dejar en banda a ningún sector del país. Y después hicimos
una reunión más para preparar cómo él lo iba a anunciar.
-¿Y dónde entra Nicholas Negroponte en todo
esto?
-Yo había trabajado un año antes con
Negroponte. Cuando escuché la idea de One Laptop Per Child, (Jorge) Lepra era
el ministro de Industria -que en paz descanse-, yo estaba en el Latu, le
pregunté a Jorge qué hacía y me dijo «dale para adelante». Después
bueno, que Negroponte me diera bola me costó mucho porque fuera de Uruguay no
existimos, después me llevó seis meses que el MIT (Massachusetts Institute of
Technology) me diera corte, logré que Negroponte viniera a Uruguay, viera lo
que estábamos haciendo en el Latu. Él quiso tener una relación con Vázquez pero
no se dio. Entonces negociamos (Jorge) Brovetto, Lepra y yo con Negroponte y
cuando más o menos estaba todo cerrado, ellos aceptaron y fuimos a licitación.
Ahí Negroponte vino a Uruguay y quedó maravillado con lo que habíamos hecho.
-¿Qué tan revolucionaria fue la llegada del
Plan Ceibal?
-¿Qué tan revolucionaria? En diciembre de
2006, cuando el presidente anuncia el Plan Ceibal, es increíble la osadía que
tuvimos y que esto se hiciera: en ese 2006 no había nube (el concepto de la
cloud), Facebook tenía solo 5 millones de usuarios, recién empezaba (no más de
1.500 millones como ahora), YouTube había sido comprado por nada por Google,
Instagram no existía, WhatsApp no existía, no había streaming, Netflix ni nada
de eso, no había IPhone. Entonces, decir «todo el mundo tiene que tener un
dispositivo, porque ese es el derecho» es un salto gigantesco. Claro,
ahora hay un problema: todo el mundo cree que por tener un celular vos tenés
tecnología. Vos tenés un producto de consumo que es tecnológico, pero no es lo
mismo que tener una laptop. Yo creo que fue increíble. Y después que resolvimos
el tema infraestructura, que resolvimos el tema máquinas, que resolvimos fibra
óptica, internet, videoconferencias, empezó la etapa de plataformas y ahí el
desafío es más grande. Ayudás al sistema educativo con cosas nuevas, cómo
resolvés problemas que de otra forma no podrías resolver. Nosotros hemos
resuelto muchos problemas que eran latentes de Uruguay y ahora que están
resueltos, a nadie le parece que esos problemas eran importantes. En Uruguay,
los estudiantes no tenían libros durante años. Vos ibas al liceo o a UTU ¡y no
tenías los libros! Tenías que conseguirlos vos en Tristán Narvaja o alguna
librería de estudiantes. Hoy tienen los libros a su alcance, eso no significa
que estudien. Pero resolvimos un problema, de dinero y equidad.
-De hecho, nace como un «plan de
inclusión e igualdad» en 2007.
-Absolutamente. Las gráficas de equidad son
impresionantes. Pero, te decía, resolvimos el problema de los libros, y
resolvimos el problema del inglés. Queremos ser un país bilingüe y no tenemos
suficientes docentes de inglés. Ceibal en inglés, que en Primaria le enseña a más
de 85.000 estudiantes y en Secundaria a otros miles, resolvió el problema. Que
el docente participe, que las clases se den por videoconferencia, y que los
chiquilines con un test externo demuestren que saben inglés, ¿cuánto vale eso?
Resolvimos muchos problemas, pero además nos metimos en áreas nuevas como son
la Red de Aprendizaje -estamos trabajando muy fuerte con los desconcentrados-,
trabajar sobre proyectos, el pensamiento computacional, todo ese tipo de cosas
que ahora se dan por sentado. Cuando ganan los pibes de (Las Toscas de)
Caraguatá o los de Tala, o el pibe éste que ganó 35.000 dólares porque hackeó a
Google y, por encontrar una falla técnica, Google le dio 35.000 dólares. Es un
pibe generación Ceibal, aprendió a programar a los 11 años cuando le dieron su
máquina. En vez de mirar para atrás, yo quiero mirar para adelante. Pero se
viene un mundo cada vez más complejo y necesitamos gente cada vez más formada
en áreas técnicas que puedan estar en la frontera de lo que hay que hacer para
construir nuevos puestos de trabajo, y no perder puestos de trabajo
repetitivos. Y ahí Ceibal tuvo, tiene y va a tener un rol muy importante.
-Inicialmente, One Laptop Per Child buscaba
que cada escolar tuviera su laptop. ¿Ya estaba pensado desde el inicio que después
se repitiera la experiencia en Secundaria?
-No, inicialmente no. Cuando terminamos
esto, dijimos: «¿Qué hacemos ahora?» Los pibes van a entrar en
Secundaria y en UTU, ¿qué hacemos con ellos? Y ahí decidimos replicar la
experiencia. Eso fue por el 2010, 2011. Por razones presupuestarias quedamos en
tercero de Media, pero sí instalamos internet para que puedan usar los
dispositivos en el segundo ciclo de media (cuarto, quinto y sexto de
bachillerato). Nosotros fuimos hasta tercero, por motivos presupuestales.
-Ya son 750.000 estudiantes de Primaria,
Secundaria y UTU con sus laptop. Pero el Plan Ceibal fue más allá… ¿Qué más
se ha logrado en estos años?
-Bueno, como te decía, clases de inglés por
videoconferencia, programas especiales de matemáticas, y talleres de robótica,
sensores digitales e impresoras 3D, a partir de los cuales los estudiantes han
competido con pares de otros países y han ganado… Cuando pensamos en el
futuro en el siglo XXI, vos tenés que pensar en pensamiento crítico, en trabajo
colaborativo, en buena ciudadanía. Son todos conceptos donde todos decimos
«a eso tenemos que apuntar»; bueno, Ceibal con la Red de Aprendizaje
está trabajando muy fuerte en eso. Ya tenemos 420 centros de Primaria,
Secundaria, Formación Docente y UTU trabajando en eso. Y vos ves los lugares
donde están haciendo cosas súper desafiantes, donde se juntan algunas materias
para resolver el problema. No está en asignaturismo (sic) puro, sino que se
juntan para resolver cosas. Eso se venía haciendo desde antes, lo que pasa que
desde ahora hay una metodología conjunta, que la tenemos en siete países -mirá
qué socios tenemos: Finlandia, Holanda, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda,
y Australia- y toda esa forma de aprendizaje profundo (en inglés se llama deep learning),
la trabajamos en conjunto con esos países. Y en ese sentido, el enriquecimiento
es muy grande. Pero hay cosas que van desde el liceo de San Carlos que tiene
una radio, hasta tecnología como la robótica o hasta clases de cocina. Te
confieso que soy un gran defensor de hacer cocina, porque ahí los estudiantes
tienen que trabajar en grupo, resolver la parte física de cuánto medir, cómo
pesar, cómo se mezcla, cómo escribir la receta, hasta la parte creativa para
cocinar. Y esas son las cosas fuertes de hacia dónde va el mundo. La otra cosa
fuerte de hacia dónde va el mundo es que así como matemáticas,
lecto-comprensión e idiomas eran básicos para el futuro, hoy pensamiento
computacional es lo otro imprescindible.
-Lo que no significa que todos los estudiantes
salgan siendo Sheldon de The Big Bang Theory…
-No, no significa que todos salgan siendo
programadores. Claro, no todos por escribir van a ser escritores tampoco. Pero
la capacidad de agarrar un problema, de abstraerse, de poder separarlo en partes,
de ver cómo se resuelve cada parte tiene toda una metodología que es lo que
llamamos pensamiento computacional. El año pasado hicimos 92 grupos de tiempo
completo de quinto y sexto. Este año nos vamos a acercar a 500 grupos. Nosotros
decimos y hacemos. Acá abajo está el laboratorio, que llamamos el espacio de
hacer y hay de todo: hay drones, impresoras 3D, eso más que nada para pibes de
Secundaria. Vamos a tener 20 laboratorios digitales este año, estamos
trabajando muy fuerte con ellos, y cuando los estemos instalando, tendremos más
demanda. Durante estos 10 años hemos trabajado muy fuerte en robótica, o con
sensores. Toda la parte tecnológica, aplicada como acelerador de pedagogía. Yo
te conté la parte tecnológica tanto en los libros como en inglés, dónde
resolvimos problemas que no los teníamos resueltos. Acá no, acá la tecnología
es un acelerador de pedagogía. Y después tenemos un tercer aspecto donde la
tecnología es muy importante: si vos mirás el diseño institucional de los
sistemas educativos en el mundo es un diseño típicamente de la revolución
industrial segunda: todos los niños van a tal clase todos juntos, hay que
trabajar en el verano durante las vacaciones, etcétera. Pero no todos los niños
son iguales, a algunos les copa más algo, y a algunos les cuesta más que a
otros.
-Por eso personalizar la educación es el
gran desafío…
-Y en eso estamos. Personalizar la
educación para que cada niño pueda rendir lo máximo es muy difícil si el
docente tiene que acordarse de cada problema que tiene cada niño. Todo lo que
la tecnología pueda liberar al docente para que el docente tenga ese trato
humano que es insuperable. Y ahí te doy un ejemplo de lo que estamos haciendo
con la plataforma de matemáticas: dos gurises están estudiando matemáticas, uno
se tranca y el otro avanza, cada uno va a su ritmo, y al final del día el profe
o el maestro sabe qué dificultad tuvo cada uno. A uno le dice: «Vos tal
cosa, tendrías que repasar esto» y al otro le dice: «Vos tal otra,
tendrías que enfocarte en resolver esto». Esa es la personalización de la
educación. A eso estamos apostando muy fuerte.
-El premio internacional que ganaron los
liceales de Las Toscas de Caraguatá (Tacuarembó) marca un camino. Ganaron el
primer premio en Investigación de Proyecto en el Open First Lego League de
California, Estados Unidos, compitiendo contra 100. El año pasado las Olimpíadas
de Robótica la ganaron estudiantes del liceo de Tala. ¿Cómo colabora el Plan
Ceibal en estas participaciones? ¿Cuál es el aporte?
-El Plan Ceibal les dio los kits de
robótica, apoyó a los docentes que trabajaron en eso… Vamos a ser claros, el mérito
es de los pibes y los docentes. Nosotros formamos a los docentes cuando fue
necesario, les dimos kits de robótica, el apoyo necesario, incentivamos a
participar en competencias… miles y miles de pibes hacen robótica en Uruguay
y ganan tres. Lo más feliz de nuestro lado es ser invisibles en esto:
motivarlos y que ellos lo hagan. El profe de Historia de este liceo de
Caraguatá, que es el alma-pater de esto, lo tomó como propio y nosotros le
dimos los kits, lo asesoramos, pero los actores principales son los docentes y
los jóvenes. Vos no sabés la fiesta que es la Olimpíada de robótica, la
cantidad de pibes haciendo cosas, y hay miles de ejemplos. Es bueno que haya
una organización como el Ceibal en esto, si vos te especializás en estos temas,
motivando, formando, capacitando y dando equipamiento, también le sacás un
dolor de cabeza al sistema tradicional. Y esto aplica para Uruguay o cualquier
país. Nuestro rol es que cada vez haya más gente haciendo robótica. Los
chiquilines que este año empezaron la escuela, en 2030 terminarán sexto de
liceo. Yo prefiero que esos gurises programen robots a que pierdan su laburo
porque los robots predominan. Nosotros somos un país muy chico, tenemos que
aprovechar a estar en la vanguardia.
-¿Pero por qué ganaron los chicos de Tala,
por ejemplo? ¿Porque son buenos en robótica?
-Los chicos de Tala: ellos no ganaron por
robótica. Ellos ganaron porque hicieron un proyecto que resolvía algo de su
vida, que era la leptospirosis. Cuando terminaron de resolver el proyecto: primero,
habían estudiado el problema de la leptospirosis, después estudiaron biología,
química para entender que si le tiraban cal a la tierra húmeda mataban la
leptospirosis, después que hicieron todo eso, decidieron hacer un autito que
medía el PH con un sensor… resolvieron un problema con física, química y
matemáticas a través del autito, un robot. ¡Resolvieron un problema que era
importante para ellos! Los de (Las Toscas de) Caraguatá (en Tacuarembó)
resolvieron cómo tener agua. Que en este país haya sequía es una vergüenza.
¿Cómo va a haber sequía con la cantidad de agua que tiene el país? Lo que tiene
que haber son mecanismos por los cuales vos almacenás el agua y después la
usás. Cuesta plata, hay que invertir y parte la que tienen pagar los privados y
parte el Estado, todo bien. Pero lo que hicieron los pibes de Caraguatá fue
mostrar cómo se hace eso: llueve, dónde se manda, detecta el agua, va a unos
tanques, los tanques después van a un sistema de riego, todo un mecanismo de
física. Pero el problema de ellos era: ¿qué hacemos si no hay agua? Y en ese
sentido el Plan Ceibal es mucho más que la máquina: da una visión general sobre
cómo resolver un problema y cómo la tecnología te puede ayudar a resolverlo.
-¿Cuáles son los principales logros del
plan?
-La equidad, que todos tengan acceso: no
sólo la equidad en máquinas, sino en matemáticas, en acceso a los libros, que
todos tengan las mismas oportunidades. Y después, haber implementado a través
de distintos programas -hablamos de pensamiento computacional, de robótica, de
sensores, red de aprendizaje- metodologías que empiezan con una cantidad de
grupos y después se va haciendo masiva.
-Ya no se discute la tecnología para la
educación, no se discute la fibra óptica o el internet en las escuelas… Pero
esos fueron desafíos a vencer, ¿no?
-Pero, obvio… Cuando vos recorrés el
mundo y decís que todas tus escuelas urbanas tienen fibra óptica y
videoconferencias no te pueden creer. Nosotros tenemos más de 1.500 aulas de
videoconferencia para dar clases de inglés, pensamiento computacional, artistas
en el aula. Vienen un escritor y le habla a 20 clases al mismo tiempo, 20
clases del interior del país a donde nunca hubiera llegado ese escritor. El
otro día tocaba una orquesta y un director dirigía por videoconferencia. Esas
cosas ya no se discuten, pero en el mundo te miran con dos ojos enormes.
-¿Pero cómo hacer para que otros liceos se
entusiasmen en promover la robótica? Porque hay prioridades antes del
pensamiento computacional, como dominar las matemáticas, escribir sin faltas,
aprender a razonar sin memorizar.
-Hay muchísimos liceos trabajando, hay
mucha gente trabajando. Hay un tercio de centros educativos de Secundaria y UTU
que está haciendo cosas increíbles, y otro tercio que está haciendo cosas muy
interesantes y un tercer tercio que es más flojo o nada. Yo prefiero trabajar
primero con los dos tercios que ya están haciendo cosas. La gente tiene que
entender que esto no es para ilustres y genios, sino que es para cualquiera.
Programar un robot es para cualquiera. No es para nosotros los ingenieros
informáticos, no. Cualquiera puede hacer cosas, resolver problemas y si le das
un problema, lo usan y lo hacen.
-Acá en el parque Los Ceibos del Latu
-donde estamos- trabajan 300 personas, con un promedio de edad de 34 años, con
una gran paridad de género. Todo un logro, porque la ingeniería y las ciencias
son más bien masculinas; hay pocas mujeres en esos ámbitos. ¿Por qué pasa esto?
-Es cierto que la ingeniería y la ciencia
son ámbitos masculinos en Uruguay. El 55% de todos los funcionarios son mujeres
y el 45% varones, pero el 75% de los cargos gerenciales son ocupados por
mujeres, muchas de ellas ingenieras. Nosotros los veteranos que arrancamos con
esto siempre defendimos la equidad, impulsamos la creatividad, la libertad,
nunca se le puso una traba a nadie: acá tenemos sala de lactancia, hay una
guardería acá a la vuelta en el parque…
-¿Y cuáles son los principales desafíos al
día de hoy, de cara al futuro?
-La red de aprendizaje, el pensamiento
computacional, que crezca lo más posible, y la personalización de la educación.
Son tres problemas difíciles de resolver, pero hay mucho entusiasmo y mucho eco
en los desconcentrados: en Primaria, Secundaria y UTU. Estamos trabajando bien
con ellos.
-Me quedo en lo último: ¿Cómo se hace para
satisfacer las necesidades en educación de cada alumno? ¿Y con qué plataformas?
-Por ejemplo, con la plataforma Crea, que
es una plataforma de gestión de aula, una especie de Facebook de cada grupo (de
Secundaria y UTU), donde el docente les escribe e interactúa con ellos: escribe
posts, lee sus comentarios… es como un grupo de Facebook curado, digamos, y
ahí están los materiales, tus notas, los trabajos que hiciste, el profesor te
puede corregir, tus padres puede acceder a eso y leer todo. Para el docente ahí
tiene todos los materiales. Hay otras plataformas similares en las
universidades. Cuando vos le facilitás la vida al docente, el docente tiene más
tiempo para dedicarle a los estudiantes y una serie de temas quedan más
resueltos. Si vos sos docente y querés ver la historia de un pibe: está todo
ahí. Vos tenés una plataforma de matemáticas y ahí ves dónde se trancó y dónde
avanzó. Hay otra plataforma que se llama Club de Lectura de Libros. El grupo
tiene que leer un libro y comentarlo, y lo comenta ahí. Y el docente lee todo.
Otra es la plataforma PAM (Plataforma Adaptativa de Matemáticas). Es todo
adaptativo y es bueno para que el docente le diga un alumno «vos hacé tal
cosa», y a otro «vos hacé tal otra», «vos seguí por acá que
lo entendiste» o «vos repasá tal cosa».
-¿Qué puede aportar el Plan Ceibal en el
famoso cambio de ADN de la educación?
-La red de aprendizaje es un cambio del
ADN, el pensamiento computacional también. Nada se hace de un día para el otro.
Que trabajen en proyectos es muy importante, pero se va a notar en muchos años.
Y te aclaro algo: nadie está en contra de trabajar en proyectos.
-¿Qué reflexión le merece el think tank de
EdUy21 en procura de un reforma educativa?
-Yo leí el resumen ejecutivo (del Libro
Abierto de EdUy21), tiene muchas cosas interesantes, tiene cosas compartibles,
otras que son para conversar con ellos y no voy a comentar en una nota… Tiene
cosas realizables y otras que no son realizables.
-Hubo dirigentes del MPP que dijeron que
«el 70% de las propuestas ya se está haciendo». ¿Es así?
-Hay una cantidad de cosas que ya se están
haciendo, pero ellos lo reconocen en el documento. No es para discutir por la
prensa cuál es la mejor estrategia de cambio de las cosas. Yo tengo diálogo
directo con ellos, cada vez que quiero hablar con alguno de ellos, hablo.
Muchos se han acercado al Plan Ceibal. Mientras más gente discuta profundamente
el tema (educación), mejor. Después hay que despartidizarlo, que es difícil, y
hay que sincerarse: qué cosas se pueden hacer y cuáles no.
-Hablemos de usted: ¿Cómo nace el impulso
de prepararse para correr maratones?
-La primera maratón la corrí a los 48.
Siempre corrí, siempre jugué al fútbol. La primera maratón la corrí en 2001,
después corrí todos los años menos el 2005, porque para correr una maratón
tenés que tener mucha paz y si estás nervioso, no podés. Yo ese año entré al
Latu y estuvo complicado. Después, mis amigos empezaron a hacer iron-man y yo
no sabía nadar. Y cuando iba a cumplir 60 pensé: «Voy a hacer media
iron-man», aprendí a nadar, me tiré por primera vez a una piscina, mis
amigos se reían. Uno escribió en un mail: «Brechner flota porque es de
madera». Aprendí a nadar, andar en bici ya sabía, así que me dediqué a
entrenar, y después hice varios media iron-man. Eso implica 1.900 metros
nadando, salís de nadar y hacés 90 kilómetros en bicicleta, y después hacés 21
kilómetros corriendo. Eso me lleva 7 horas y 50 minutos.
-¿Cuál fue la maratón más larga que
corrió?-Una de 2007, una ultra-maratón de 56
kilómetros en Sudáfrica, donde ves los dos océanos: el Índico y el Atlántico.
Después, como te digo, hice varias medio iron-man y maratones varias. Cuando
alguien dice: «Vamos a hacer tal cosa», yo me prendo.
-¿Qué precauciones toma para correr durante
tantas horas, a su edad?
-Comer saludable nomás. Tengo una amiga que
se ganó la Rifa Arquitectura un miércoles, esa noche se emborrachó, y el
domingo corrió la maratón de Nueva York y la corrió como si nada, con 40 años.
Solo alcanza con tener una dieta saludable, podés tomarte una copita la noche
anterior. Y después, si el cuerpo te pide dormir, tenés que dormir. Una vez que
te enganchás, no lo dejás.
-La fotografía, sobre todo de fútbol, es
otro de sus hobbies. Lo he visto varias veces con el chaleco de fotógrafo, al
lado de la cancha…
-Me fascina la fotografía en el fútbol, la
tomo muy en serio. Saco fotos del Campeonato Uruguayo, fotos a la selección. El
hincha lo tenés que dejar de lado, porque si no, molestás a los demás
fotógrafos. He ido a lugares insólitos a sacar fotos de fútbol. Es un gran
disfrute. En el 72 era fotógrafo de la FEUU, después tomé clases de fotografía,
y tengo varios amigos fotógrafos que me han ayudado. Creeme que me tomo la
fotografía muy en serio.
-Es judío y sionista. ¿Cómo tomó el
comunicado del gobierno uruguayo del 14 de mayo que condenó la violencia en la
Franja de Gaza y expresó su preocupación por la «falta de proporcionalidad
en la respuesta israelí» ante las protestas de los palestinos? Estamos
hablando de ataques israelíes que le costaron la vida a 52 palestinos, y
centenares de heridos, a los que se le suma los 41 muertos y más de 9.000
heridos de la segunda semana de mayo, todo motivado por la decisión de Estados
Unidos de mudar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.
-No voy a discutir los comunicados de
Cancillería, porque además integro este gobierno. Personalmente, te digo algo:
las condenas a Israel están siempre sobre la mesa. Cuando murieron 250 mil
sirios en la guerra de Siria hubo menos condenas de todo el mundo a Siria de
las que hubo en ese período a Israel. Esta Cancillería, de todos modos, condena
casi todas las cosas. Yo creo que lo que pasó en Gaza es una tragedia, creo que
se equivocó el gobierno de Israel, creo que Israel tiene el derecho a
defenderse, pero también hay que tener cuidado, y cuando te están provocando,
no caer en la provocación. Entiendo que es un conflicto muy complicado, me molesta
cuando se simplifica…
-Muchas veces se simplifica por
ignorancia…
-Y también porque es una forma sutil de
hacer antisemitismo: decir que todo lo que hace Israel es todo malo, y todos
los demás son buenos. Ahora estamos todos viviendo el terrorismo, pero los
primeros actos terroristas eran todos contra organizaciones judías y no pasó
nada. Ahora está todo el mundo preocupado, porque el terrorismo pega en todos
lados. A 46 años del atentado de Munich ’72 todavía no se ha podido hacer un
minuto de silencio en ningunos Juegos Olímpicos, en memoria de aquellos
muertos. La Operación Entebbe fue hace cuarenta y pico de años, cuando
secuestraron el avión, separaron a todos los judíos de los demás pasajeros,
liberaron a todos los que no eran judíos y dejaron a los israelíes… A ver,
hay mucho antisemitismo en todo esto.
-¿En Uruguay también hay antisemitismo?
-Hay, hay menos que en otros países, pero
hay. Cuando hubo lío en Gaza, las pintadas eran muy agresivas. Cuando pintan el
memorial del Holocausto no son cuatro locos sueltos, cuando mataron al
comerciante de Paysandú, David Fremd, no era un loco suelto. Era un antisemita.
Pero también hay racismo: hay un sentimiento antiafro. Son minorías, pero
existen.
-Sé que es un gran lector, pero no me lo
imagino leyendo libros en papel. Apuesto a que lee en Kindle…
-Leo en papel, pero leo mucho en libro
electrónico. Me resulta más cómodo cuando viajo. Te cuento qué libros tengo
ahora: estoy leyendo algo sobre la Guerra Civil Española. Mirá, de los últimos
libros que leí: «La sombra del viento» (de Carlos Ruiz Zafón),
«El manual del mindfulness», que es otra cosa que estoy practicando,
«El arte de la guerra» (de Sun Tzu), «Operación
Thunderbolt» (de Saul David) sobre el secuestro de Entebbe que recién te
comentaba, «Homo Deus» (de Yuval Noah Harari), «Cáscara de
nuez» (de Ian McEwan) que me encantó, y «Utopía para realistas»
(de Rutger Bregman). Todo eso leí en los últimos meses. Ahora tengo para
terminar de leer «Herejes» (de Leonardo Padura), y dos libros de Amos
Oz: «Queridos fanáticos» y «Tocar el agua, tocar el
viento».
-¿Es feliz?
-Soy feliz, por suerte.