Rica Experiencia Musical

05/Oct/2012

Punto Clásico, Egon Friedler

Rica Experiencia Musical

Indudablemente este fue un concierto que trascendió a la mejor rutina con una orquesta de cámara particularmente sensible y motivada, con un director de vigorosa personalidad y un solista de gran vuelo.Utilizando una expresión corriente en este país adicto al fútbol, cabe señalar que el director Yoav Talmi juega en la Primera División, habiendo dirigido orquestas como la Filarmónica de Berlín, la del Concertgebouw de Ámsterdam, la Tonhalle de Zürich y la Filarmónica de Israel. Además, como lo demostró en la primera obra del programa es un compositor de verdadera talla.   Su Elegía para cuerdas, timbales y percusión que lleva el subtítulo “Reflexiones de Dachau” es una de las obras musicales más impresionantes que escuché inspiradas en el Holocausto del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial.     Los contundentes golpes rítmicos de los timbales remedaron el paso de los verdugos, mientras las cuerdas cumplieron distintas funciones; por momentos crearon una atmósfera fantasmal con extrañas e intimidantes disonancias, en otros,  evocaron en un doloroso lamento de sugestiva expresividad, a las víctimas. Un cuarteto de cuerdas, en un pasaje de peculiar belleza melódica creó un clima poético en el cual el candor pareció sobreponerse por momentos al horror y a la deshumanización. La inclusión del acordeón introdujo en la obra un significativo contraste : el de la normalidad con un mundo alienado, cruel, injusto e incomprensible. Un solo de violoncello, con cita de Bach, generó una atmósfera más calma. Si hubiera que definir de alguna manera el lenguaje de esta espléndida obra de poco más de 16 minutos,  lo llamaría “lirismo trágico”.Alon Goldstein, el solista de piano, con un currículo de actuaciones internacionales no menos impresionante que el del director, brindó una versión particularmente diáfana del Concierto N.2 de Beethoven. Su enfoque de la obra tuvo algo de lúdico y de orfebrería musical. Golstein tuvo un regodeo especial en marcar los finales de frase. Fue una especie de coquetería que remarcó la belleza del sencillo y amable discurso musical de los dos movimientos extremos y la delicada expresividad del segundo. En todo momento supo destacar la luminosidad, la gracia, el encanto sencillo y directo de la partitura. Respondiendo a insistentes aplausos brindó como bis una encantadora versión de un impromptu de Schubert y junto con el maestro Talmi tocó en una vibrante versión en piano a cuatro manos una Danza Eslava de Dvorak.El programa de la orquesta se cerró con una versión jovial, luminosa, cálida y encantadoramente informal de la Sinfonía Italiana. Seguramente Mendelssohn, que dijo de esta sinfonía que es la más alegre de sus obras, hubiera aprobado entusiasmado el enfoque de Yoav Talmi.Con una batuta que más que un rol de guía tuvo mucho de cómplice, el director israelí destacó el gozoso desplante melódico del “Allegro Vivace”, la sobria nobleza del “Andante con Moto” , la gracia del “Con moto moderato” que alguien acertadamente comparó con un minué de Schubert y la vitalidad arrolladora del “Saltarello” final.Pero ahí no terminó la fiesta. La Orquesta de Cámara de Israel brindó generosamente tres deliciosos bombones musicales como bis: el primero, una festiva obra norteamericana que no alcanzamos a identificar (¿ Bernstein o Copland?), el segundo las Danzas Rumanas de Bartok y el tercero, una Fuga de Astor Piazzola. Por supuesto, la Orquesta volvió a ratificar su alto nivel profesional al que unió una regocijante alegría de hacer música.