¿Por qué Uruguay?

08/Mar/2022

El País- por Jack Terpins

El País- por Jack Terpins

Hace exactamente seis años, en la calma ciudad de Paysandú, el terrorismo golpeó a Uruguay. ¿Por qué aquí? El título de esta columna puede leerse en dos sentidos: puede ser, en primer lugar, una expresión meramente retórica, expresada a modo de lamento hacia la injusticia del terror. Pero puede y debe ser, a su vez, una pregunta dura y concreta: ¿por qué en un país laico, donde la convivencia es la norma, asesinaron al grito de “Alla huakbar” (Dios es grande en árabe) a una persona por el simple hecho de ser judía?

Intentaré esbozar aquí una respuesta.

Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que la República Oriental del Uruguay es un país que destaca en la región por su calidad democrática. Prueba de ello es su ubicación en el puesto número 13º del “Democracy Index”, un índice elaborado por la publicación inglesa The Economist que evalúa, entre otros factores, la transparencia de su proceso electoral, el grado de pluralismo, el funcionamiento del gobierno y el respeto a las libertades civiles.

En esta línea, para quienes vivimos y trabajamos en cuestiones políticas en la región, la República Oriental del Uruguay es ejemplo en muchos sentidos. Uno de ellos es la libertad de expresión tanto a nivel político como religioso. El carácter laico del Estado uruguayo facilitó que todos los credos tengan un status similar y, por lo tanto, sean practicados con total libertad. Cuando la mayoría de los países de la región aun discuten estas fronteras, Uruguay resolvió su laicidad hace más de 100 años. ¿Qué implica eso? Los desarrollos conceptuales podemos dejárselos a los especialistas, pero en líneas generales la religión de las personas debería estar fuera del debate público.

David Fremd era judío, pero no era religioso. Es un poco difícil a veces explicar esto hacia afuera de nuestra comunidad, pero tiene que ver con un sentido de pertenencia y de nación milenarios. Fremd tampoco cumplía con ciertos estereotipos o vestimentas que en la calle podrían haber servido para identificarlo como judío. Pero, más allá de los fallos judiciales que se pronunciaron sobre el estado mental del asesino, el 8 de marzo de 2016 fue asesinado por ser judío.

Entonces, retomando el interrogante inicial, en un país en el que la religión juega un papel secundario, en el que no hay antecedentes de odio en esta magnitud ¿Qué pasó? ¿Por qué en Paysandú? ¿Por qué en Uruguay?

Me valgo aquí del método socrático, y elijo responderlo con otra pregunta: ¿por qué no en Uruguay? Lo cierto es que el odio no conoce fronteras, nunca las conoció. Un conflicto a miles de kilómetros de nuestros hogares puede sembrar la muerte en suelo en Latinoamericano. Y el caso de Fremd no es, tristemente, el primer ejemplo de ello.

Internet y las redes sociales terminaron por borrar enteramente los obstáculos geográficos. Si antes se elegían blancos tomando en cuenta aspectos como la permeabilidad de las fronteras y la corrupción de sus gobiernos, ahora la única permeabilidad necesaria es la de la mente de los internautas. Si los terroristas de ISIS reclutan soldados a través de plataformas como Telegram, ¿Cómo esperamos que cualquier joven uruguayo, brasileño, argentino o chileno no esté expuesto a los discursos que llevan a acciones mortales? Las democracias más fuertes del mundo, así como los países con mayor desarrollo humano, no están exentas de los ataques a blancos elegidos por su religión: en los últimos años este tipo de ataques tuvieron lugar en los cinco continentes, incluyendo países como Nueva Zelanda, Alemania, Dinamarca y los Estados Unidos, entre tantos otros.

La pregunta que titula este espacio nos invita entonces a pensar en dos frentes. Por un lado, y como ya he señalado, en que estamos ante un fenómeno sin fronteras nacionales, ideológicas o étnicas. El asesino de las mezquitas de Christchurch no compartía ningún rasgo étnico, religioso o ideológico con los perpetradores del atentado a la sinagoga de Copenhague, o los terroristas suicidas que se inmolaron en dos iglesias de Egipto. Sin embargo, todos ellos atacaron porque en aquellos templos rezaban personas de cierta religión.

Por otro lado, en su lectura retórica nos insta a enfocarnos en el valor de la convivencia. Llamó la atención que pase algo así en Latinoamérica, más aún en Uruguay. Esto nos tiene que enseñar a valorar el mundo de coexistencia que hemos construido en la región. Un lugar en el que, a diferencia de otros, la convivencia entre credos y comunidades es la regla. Uno en el que es inimaginable, increíble que algo así haya sucedido. Y aunque es cierto que aquí el terrorismo es una locura de unos pocos, ello no le resta gravedad al asunto ni dolor a la familia de David Fremd.

Hoy, como en cada aniversario, su foto ilustrará homenajes y recordaciones. Tristemente célebre, su muerte debe ser un llamado de atención, y un aprendizaje para todos. Aun así, cuánto desearía que aquella tarde hubiese llegado a destino, y el mundo nunca hubiese oído de un tal David Fremd.

(*) Presidente del Congreso Judío Latinoamericano.