Polonia: Rivlin inauguró Museo de Historia Judía

29/Oct/2014

Israel en Línea, Silvia Golán

Polonia: Rivlin inauguró Museo de Historia Judía

Los presidentes de Israel
y Polonia, Reuvén Rivlin y Bronislaw Komorowski, inauguraron en Varsovia el
Museo de Historia Judía, donde recordaron la importancia de mantener vivo el
recuerdo del pueblo judío en ese país masacrado por la barbarie nazi.
El propio Rivlin, que
eligió Polonia para su primera visita oficial a un país extranjero, es
descendiente de emigrantes judío-polacos que se trasladaron a Palestina en el
siglo XIX y representa esa diáspora judía que abandonó Europa Central en muchos
casos víctimas de abusos y de persecuciones antisemitas.
«El museo resume la
historia y los lazos entre nuestras dos naciones, los momentos buenos y malos
que atravesamos, pero lo más importante es mirar hacia el futuro para
fortalecer la relación entre los dos pueblos», dijo Rivlin.
«En el corazón de cada
judío, incluso en el corazón del judío que no tiene orígenes polacos, el nombre
de Polonia despierta temores y anhelos, porque este país se convirtió en el
lugar de nacimiento del espíritu del pueblo judío pero, por desgracia, también
en su mayor cementerio judío», añadió el presidente.
Polonia, el país donde la
Alemania nazi llevó a cabo los actos más siniestros del Holocausto, abrió las
puertas de su Museo de Historia Judía, un impresionante edificio con el que
quiere recuperar la herencia de un milenio de presencia.
Antes de que Hitler
llevase a cabo la aniquilación sistemática de la comunidad judía en Polonia, el
país centroeuropeo era el auténtico santuario judío en Europa, con un 10% de la
población, en proporción la más alta del continente
Las persecuciones, el
antisemitismo y finalmente la guerra llevaron a gran parte de los judíos a
emigrar, y hoy cuatro de cada cinco judíos estadounidenses y casi dos de cada
tres en todo el mundo tienen raíces polacas resultado de esa diáspora, según
cifras del diario «Rzeszpospolita» citado por «The Jerusalem Post».
Actualmente la presencia
judía en Polonia es mínima: se calcula que apenas 30.000 de los 3,5 millones
que residían antes de la Segunda Guerra Mundial, y pasa desapercibida en un
país que parece haber olvidado un milenio de historia común.
«Sí, el problema es que
nos hemos olvidado de esa herencia que dejaron los siglos de presencia judía,
apenas quedan rastros de la importante comunidad judía que un día habitó
Polonia», explicó en Varsovia al diario «Yediot Aharonot» la responsable de la
exposición permanente del Museo de Historia Judia, la antropóloga estadounidense
de origen judío Barbara Kirshenblatt.
La exposición permanente
aborda sin complejos la complicada relación que a lo largo de la historia
mantuvieron judíos y gentiles en Polonia, con episodios tan dolorosos como los
pogromos del siglo XIX, el boicot a los negocios judíos en los años ’20 y ’30 y
del siglo pasado y las expulsiones masivas de 1968.
Uno de los episodios más
vergonzosos de esa complicada coexistencia es el que tuvo lugar en 1940 en el
pueblo de Jedwabne, donde, según el profesor Jan T. Gross, los polacos
persiguieron a sus vecinos judíos hasta encerrarlos en un granero al que
prendieron fuego, provocando la muerte de al menos 300 personas.
El museo muestra cómo los
judíos prosperaron en Polonia y lo frágil que resultó ser su presencia, que se
esfumó durante la Segunda Guerra Mundial, señaló Kirshenblatt, quien ve en la
exposición un recuerdo implícito del peligro que el antisemitismo puede suponer
en Europa.
En total, 4.000 metros
cuadrados repartidos en ocho salas de exposición permanente creados por dos
historiadores judíos y polacos, así como sociólogos y otros especialistas, que
describen los 1.000 años de vida judía en Polonia.
El edificio del museo,
una moderna construcción verde translúcida, ilumina el barrio obrero de
Muranów, donde rodeado de un parque contrasta con las construcciones comunistas
circundantes.
El arquitecto responsable
de este museo es el finlandés Rainer Mahlamaki, quien en 2007 diseñó una
estructura que costó cerca de 100 millones de dólares, en su mayoría financiados
por el Gobierno de Polonia pero también por instituciones y personas privadas,
tanto judíos como polacos.