Periodismo y militancia

14/Ago/2014

Comunidades, Por Julián Schvindlerman

Periodismo y militancia

Estimado editor de la
sección Mundo:Las personas tenemos
opiniones. Y tenemos derecho a albergar y a expresar tales opiniones. Pero tú
sabes -o deberías saber- que hay unas pocas profesiones que imponen límites al
ejercicio público de ese derecho. Por caso, Juez de Corte Suprema te obliga a
ser objetivo. Secretario General de las Naciones Unidas te obliga a ser
equilibrado. Periodista te obliga a ser neutral. Los jueces, los
secretarios-generales y los periodistas tienen sus propios puntos de vista tal
como el resto de los mortales, pero ellos más que ningún otro tienen el
imperativo de ser objetivos, equilibrados y neutrales. Si fracasan en ejercitar
esas cualidades, fracasan como profesionales.
Ya adivinas a donde voy
con esta introducción elemental. Pues sí, creo que tu trabajo como informador
de internacionales durante el primer mes de la guerra en Israel y en Gaza ha
sido lamentable. No es que la tarea sea demasiado dura; algunos colegas tuyos
efectivamente han honrado los principios del rubro y se han comportado como auténticos
profesionales. Pero muchos otros, entre los que tú te encuentras, han
traicionado los valores nobles asociados a tu labor de informador. Y lo han
hecho de manera escandalosa.
Permíteme darte unos
pocos ejemplos. Los hechos fueron claros: un movimiento terrorista
fundamentalista agredió a una democracia liberal a la que ha jurado exterminar.
El asunto no es muy complicado y debieras poder reportar los hechos con
simplicidad. Informar, por el contrario, como has hecho hasta el cansancio, que
Israel atacó Gaza, detallar la devastación y sólo hacia el final de tu reporte
indicar que eso fue en respuesta a un ataque inicial de Hamas, bueno, eso es
una canallada. Lisa y llana. Si sabes que Hamas ha empleado mezquitas como
centros de comando, escuelas como custodios de arsenales y subsuelos de
hospitales como guaridas de terroristas, entonces publícalo, y publícalo con la
relevancia que el caso amerita. No en página última, sino de manera destacada.
Tu criterio te indica que eso es una gran noticia periodística. No la dejes
pasar. Vamos con otro. Egipto, la ONU y Estados Unidos propusieron al menos
cinco treguas durante la contienda. Israel las aceptó a todas ellas, Hamas las
rechazó o las aceptó pro forma pero las violó velozmente. Siendo este el caso,
no informes que “las partes” quebraron el cese de fuego. No te hagas el bobo,
conoces muy bien el desarrollo de los hechos. Repórtalos tal como fueron. Esa
es tu tarea, para eso has elegido la profesión de periodista. Y por favor, ya
no insistas con que hay un “ciclo de la violencia” cuando sabes perfectamente
que una de las partes no ha estado más que respondiendo al fuego de quién la
agrede y comenzó la guerra en primer lugar. ¿Sabes que sucedería si Hamas baja
las armas? Se terminaría la guerra. ¿Sabes que sucedería si Israel lo hiciese?
Se terminaría Israel. Piénsalo esta noche con la almohada.
Ahora bien, si tu sientes
que tus opiniones son muy fuertes, que eres un apasionado de las cosas y que no
puedes dejar tus pareceres de lado, está bien. No tienes porqué desesperarte.
Hay muchas otras ocupaciones para ti. Puedes hacerte conductor de orquesta,
como Daniel Barenboim, jugarla de humanista adolorido, hacer equivalencias
morales entre agresores y agredidos y predicar sobre las complejidades de
reconocer al otro en su singularidad. (Al hacerlo, asegúrate de anular los
hechos incómodos de la realidad). Puedes hacer el papel del artista indignado,
como Roger Waters y Elvis Costello, y anunciar con pompa que planeas boicotear
a Israel, que jamás dignarás a esa tierra de hebreos violentos con tu pacífica
presencia. Puedes dedicarte a actor de cine, como Javier Bardem y Penélope
Cruz, y firmar solicitadas por las 1800 muertes palestinas en Gaza pero
quedarte mudo cuando 1800 palestinos son masacrados en Siria. Puedes hacerte
oficial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, como Navy Pillay, y
adoptar resoluciones tendenciosas que castiguen a Israel sin mencionar los
crímenes de Hamas. Puedes hacerte presidente latinoamericano, como Cristina
Fernández, y sermonear a los judíos -a setenta años del Holocausto- que “no se
puede exterminar a todo un pueblo”, o actuar como Dilma Rouseff, tachar a
Israel de genocida y retirar a tu embajador de Tel-Aviv, a la vez que apenas
enfadarte cuando nueve mil niños pierden la vida en la vecina Siria o
disidentes son torturados en el teocrático Irán. O puedes hacerte jurista
respetado, como Richard Goldstone, y prestar tu buen nombre a la causa de la
difamación de Israel; tendrás oportunidad años más tarde de arrepentirte y publicar
notas en el New York Times y el Washington Post diciendo que de haber sabido
entonces lo que supiste luego no hubieras escrito lo que has escrito. Incluso
si tu vocación es el periodismo puedes hacerte valer en la página de opinión de
tu diario: ése es el espacio justo para expresar puntos de vista. Deberás
abandonar el rol de periodista y hacerte comentarista, pero te mantendrás en el
gremio. Nada grave.
De modo que, como ves,
hay muchas ocupaciones respetables a las que puedes dedicarte si lo tuyo es el
anti-sionismo. Hay sólo unas pocas, poquísimas, en las que no deberías incurrir
si tienes tales sentimientos. Periodismo es una de ellas. Haz lo correcto y
dedícate a otra cosa. Créeme, muchísimos lectores te lo agradecerán.