Pasado y presente de los judíos de Polonia y Ucrania

07/Dic/2016

Milim Cultural Nº 245, Por Alicia Benmergui

Pasado y presente de los judíos de Polonia y Ucrania

No es nada novedoso afirmar que el pasado y
el presente, aunque algunos lo ignoren y otros traten de olvidarlo, se hallan
profundamente entremezclados. Esto es
visible y a menudo doloroso para la memoria judía en muchos lugares, en este
caso, estamos hablando de Europa Oriental.
En el pasado mes de agosto, en un artículo
de la Deusche Welle pudimos enterarnos del homenaje que se ha rendido en la
ciudad de Lviv a las escasas ruinas que han quedado de lo que fue un centro de
vida y cultura religiosas de la importante comunidad judía que ha vivido por
muchos siglos en la ciudad. Esta se halla situada a pocos kilómetros de la
frontera con Polonia, en otros tiempos se llamaba Lvov, y había formado parte
del Reino de la Gran Polonia. El texto
afirma que “Es una de las paradojas de Ucrania que a menudo algunos de los
acontecimientos más terribles de la historia del siglo XX se conmemoraban en el
más idílico de los lugares”
La ceremonia tuvo lugar en una plaza que
fue el corazón espiritual de la comunidad por cientos de años– donde se
hallaban dos de las mayores sinagogas de la ciudad, una de ellas había sido la
muy importante Sinagoga Rosa de Oro y el Bet Hamidrash, una «Casa de Estudios».
Durante años, el sitio era un espacio lleno de yuyos y desperdicios, ahí, donde
desde el Siglo XVI estuvo la Sinagoga Rosa de Oro y en una de las paredes que
ha quedado en pie, se podían ver las huellas dejadas por el Arón Ha-Kodesh
(Arca de la Torá. El gobierno ucraniano ha erigido allí un complejo
conmemorativo, llamado «El espacio de sinagogas» para tratar de
reparar de alguna manera la magnitud de la pérdida sufrida por los judíos.
Cuando la ciudad estaba en territorio
polaco se llamaba Lvov, los alemanes la llamaban Lemberg y los judíos en idish
también. Estos vivían allí desde mediados del Siglo XIII, algunos de sus
primitivos pobladores eran sefaradíes, mayoritariamente mercaderes, que luego
se fueron mezclando con los ashkenazim.
Lvov estaba situada en la ruta del comercio
medieval de Oriente y Occidente y los judíos desempeñaron un papel importante
en el comercio, las finanzas y las artes.
A mediados del siglo XV, obtuvieron el
derecho a vender vino, un negocio que permaneció mucho tiempo en sus manos. En
1550, había 352 residentes judíos dentro de la ciudad y 559 en el suburbio. La
sinagoga Rosa de Oro fue construida en 1582, también la llamaban urei Zahav.
Fue uno de los más espectaculares monumentos arquitectónicos de fines del siglo
XVI de la ciudad, fue construida inicialmente como una sinagoga privada por
Yitzhak Nachmanovych. Él era una persona muy importante de la kehilá de Lvov y
uno de los residentes más ricos de la ciudad. Encargó a Pavlo Shchaslyvyi, uno
de los arquitectos más famosos de la ciudad, el diseño de la estructura.
La comunidad también tenía una población
caraíta, que construyó su propia sinagoga en 1582. En 1772, con la primera
partición de Polonia, Lemberg quedó bajo dominio austríaco y se convirtió en el
centro administrativo de la Galizia. La vida judía fue regulada por el
Reglamento Judío de la Emperatriz Maria Theresa (1776) y luego por elEdicto de
Tolerancia del Emperador José II (1789).
Después de 1867, Lemberg obtuvo su
autonomía y gradualmente se convirtió en una ciudad polaca. Muchos de los
judíos más pobres emigraron hacia Europa Occidental o hacia América. En
noviembre de 1918, cuando terminó la guerra, después de que los polacos
reconquistaron la ciudad, fueron perpetrados terribles ataques en los barrios
judíos, era supuestamente, el castigo por respaldar, según ellos, a Ucrania.
Fueron asesinados casi 100 judíos. En ese año Galizia pasó a formar parte del
recién constituido Estado polaco,Lvóv se transformó en uno de los centros
judíos más importantes del país. En 1939, los judíos constituían el 33 por
ciento de la población pero en septiembre de 1939, con la división y
apropiación de Polonia por parte de la Alemania nazi y la Unión Soviética, Lvov
se convirtió en Liviv y pasó a formar parte del territorio ucraniano, en la
Unión Soviética.
Antes de la guerra, los judíos
representaban alrededor de un tercio de la población, unas 220.000 personas. La
Shoá terminó con esta comunidad de la cual solo han sobrevivido 800 personas.
La mayoría predominante de los judíos de la antigua Lvov fueron asesinados en
pogromos, campos de concentración u obligados a trabajar hasta la muerte como
mano de obra esclava. En las zonas fronterizas de la Unión Soviética, más de 1
millón de judíos fueron asesinados, en su mayoría por ametralladoras, fue lo
que se ha llamado el «Holocausto de las balas».
La destrucción humana fue reflejada por la
destrucción física de hitos culturales judíos, como las sinagogas. Los Nazis
destruyeron no menos 42 sinagogas en la ciudad, como la Rosa de Oro. Siglos de
la vida judía en la ciudad fueron borrados durante los tres años de ocupación
alemana. Lo que quedó terminó siendo asfaltado o arado por los soviéticos
durante los años de posguerra. Los cementerios judíos históricos son
actualmente el subsuelo de mercados y nuevos residentes viven en barrios que
antiguamente habían sido totalmente judíos.
El artículo de la Deusche Welle, menciona
una paradoja, pero nosotros tenemos que señalar que existe otra, mucho más
dolorosa y cruel. Es la que representa en la vida de Ucrania, la antigua Unión
Soviética y la actual Rusia, la figura de Bogdan Khmelnytsky, considerado por
ucranianos y rusos como un verdadero héroe nacional. Especialmente ahora,
cuando Rusia quiere apoderarse de Ucrania y Khmelnytzky es el símbolo de unidad
de ambos Estados.
En cambio para los judíos, el jefe de la
banda de Cosacos, representa a uno de los peores asesinos que recuerda el
judaísmo en épocas anteriores a la Shoá.
Entre 1648-1656, Khmelnytsky que se rebeló
contra el poder de la nobleza polaca en Ucrania, la atravesó con su banda de
cosacos, penetrando en territorio polaco, dejando una terrible estela de muerte
a su paso, asolando a la población polaca pero asesinando en especial a decenas
de miles de judíos. Hay atroces historias de las víctimas de las masacres
perpetradas por esas bestias humanas, de terribles violaciones, de los
asesinatos de niños y personas, de víctimas enterradas vivas, cortadas a
pedazos u obligándolas a matarse unos a otros. Los hombres en mejores
condiciones físicas fueron llevados a Estambul donde fueron vendidos como
esclavos.
La intención entre otras cosas era
erradicar a los judíos de Ucrania. La
rebelión de Khmelnytsky es considerada por los judíos como uno de los hechos
más violentos y terribles de su historia.
La mayor parte de mi familia, paterna y
materna, con excepción de mi abuelo materno, provenían de Yekaterinoslav
Gubernia del Imperio Ruso, habían escapado de un terrible pogromo que se desató
posteriormente a su partida, en 1905. Gran parte de las historias de esa época
las recuerdo por los relatos de mi abuela, pero ella me hablaba siempre del
perverso julegan de Jmelnitzky. Siempre pensé que lo vio pasar.
Cuando entré a la Universidad para cursar
la carrera de historia me enteré que esos acontecimientos habían tenido lugar
en el Siglo XVII, y comprendí como la memoria popular judía había conservado su
recuerdo. Y era de eso que me hablaba mi Babe.
Si ese es el héroe nacional de ucranianos y
rusos, no debe haber mucho lugar para los judíos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, en la
Unión Soviética se hicieron condecoraciones con la imagen del jefe cosaco, como
hubo héroes de guerra judíos me pregunto si alguno de ellos recibió una
condecoración como esa. En Moscú un
hermoso puente lleva su nombre, imponentes estatuas y bustos le rinden
homenaje, nada menos que en el centro de Kiev y también hay una universidad que
se llama como él, la Universidad Nacional de Bohdan Khmelnytsky Cherkasy, hay
aeropuertos que lo recuerdan, billetes, estampillas y objetos de la vida
cotidiana de la gente están adornados con su nombre y su imagen.
Esto es mucho más que
una paradoja. Explica porque las relaciones con los judíos en estos lugares
están mucho más relacionados con intereses políticos coyunturales, que con la
sincera intención de aceptarlos y erradicar ese terrible antisemitismo que ha
sido el signo distintivo de esas sociedades.