Palestina: La Etapa psicótica

14/Oct/2015

Por Bret Stephens (The Wall Street Journal)

Palestina: La Etapa psicótica

Si usted viene siguiendo las noticias desde Israel, podría
tener la impresión que “la violencia” está matando a mucha gente. Como en este
titular: “Palestinos muertos mientras que la violencia continúa”. O este primer
párrafo: “La violencia y el derramamiento de sangre se irradia hacia el
exterior, desde los puntos de inflamación en Jerusalén y Cisjordania, y ellos
parecen estar cambiando de marcha y en vías de expansión, con Gaza cada vez más
sumergida en la ola de violencia”.
Yendo más lejos, usted también podría tener la sensación de
quien es, según los medios de comunicación occidentales, quien comete “esa
violencia”. Como en este titular: “Dos adolescentes palestinos reciben un tiro
de un policía israelí”, o: “El vengativo ataque israelí en la Franja de Gaza
mata a una mujer y un niño, afirman los Palestinos”, nos informa otro.
Esa es la forma de describir las dos semanas de ataques
palestinos que comenzaron cuando el Hamás mató a una pareja de judíos que se
dirigían con sus cuatro hijos por el norte de Cisjordania. Dos días más tarde,
un adolescente palestino apuñalaba a muerte a dos israelíes en la Ciudad Vieja
de Jerusalén, y también hería a una mujer y a su bebe de 2 años de edad. Horas
más tarde, otro palestino portador de un cuchillo fue muerto a tiros por la
policía israelí tras haber atacado y herido a un niño israelí de 15 años de
edad, en el pecho y en la espalda.
Otros ataques palestinos incluyeron el apuñalamiento de dos
hombres israelíes de edad avanzada y un ataque con un pelador de verduras de un
joven de 14 años. El domingo, un hombre árabe-israelí atropelló a una soldada
de 19 años de edad, en una parada de autobús y, a continuación, salió de su
coche, la apuñaló, y atacó a dos hombres y a una niña de 14 años de edad.
Varios ataques han sido llevadas a cabo por mujeres palestinas, incluyendo un
atentado suicida fracasado.
En cuanto a las causas de este fetiche sangriento palestino,
las agencias noticiosas occidentales han recurrido a los patrones familiares.
Los palestinos han perdido la esperanza en los resultados del proceso de paz,
no importa que el presidente palestino, Mahmoud Abbas, acaba de declarar que
los Acuerdos de Oslo son, para él, nulos. Los políticos israelíes quieren
permitirle a los judíos rezar en el Monte del Templo, no importa que Benjamin
Netanyahu haya negado eso y haya prohibido que políticos israelíes visiten el
sitio. Siempre existe la vetusta fórmula del “ciclo de violencia” que sostiene
que nadie y todo el mundo son responsables a la vez y al mismo tiempo.
Fuera de eso, la mayor parte de estas historias es, de algún
modo, las historias que cuentan los líderes palestinos. Como si fuesen pepitas
dispersas en el discurso que ofreció el Sr. Abbas el mes pasado: “La mezquita
de Al-Aqsa es nuestra. Ellos [los judíos] no tienen ningún derecho de
profanarla con sus pies asquerosos”, o: “Bendecimos cada gota de sangre
derramada para Jerusalén, ya que es sangre limpia y pura, la sangre derramada
para Allah”.
Luego viene el acicate del clero musulmán. “Hermanos, es por
eso que recordamos hoy lo que le Dios les hizo a los judíos”, afirmó un imam de
Gaza el viernes en un sermón filmado, traducido por la inestimable Instituto de
Investigación Mediática de Oriente Medio, o MEMRI. “Hoy en día, nos damos
cuenta de por qué los judíos construyen muros. Ellos no hacen esto para detener
los misiles, sino para evitar el corte de sus gargantas”. Entonces, blandiendo
un cuchillo de seis pulgadas de largo añadió: “¡Mi hermano en Cisjordania:
Puñalada!”
Imagínese si un ministro blanco, digamos, de Carolina del
Sur predica de esta manera acerca de los afroamericanos, con el cuchillo y
todo: ¿Los medios de comunicación lo denunciarían? ¿Presentaríamos “los ambos
lados periodísticos” de la misma forma que cuando se trata de los israelíes y
los palestinos, con largas piezas que tratan de explicar y justificar de manera
implícita los agravios que había sufrido ese ministro o la forma en que su país
le había robado?
¿Y esto se complementará con la habitual falsedad matemática
del oprobio moral, que es la moneda corriente de los periodistas que cubren el
conflicto entre Israel y Palestina? En la versión de Oriente Medio, cuanto más
alta sea la cifra de muertos palestinos más alta será la culpabilidad israelí
(tal vez los paramédicos israelíes deberían dejar de tratar a las víctimas
acuchilladas para ayudar a igualar el marcador). En una versión estadounidense,
¿deberían los medios citar más la incidencia en los crimenes
negros-sobre-blancos para “equilibrar” las historias sobre racistas blancos?
Yo no creo que deba ser así.
Tratados se han escrito sobre el estado mental del conjunto
de los medios de comunicación a la hora de contar la historia de Israel.
Dejaremos eso a un lado por ahora. La pregunta importante aquí es ¿por qué
tantos Palestinos han sido atrapados por la actual lujuria de sangre – por qué
razón una psicosis comunal les impulsa a sumergir cuchillos en los cuellos de
mujeres judías, niños, soldados y civiles como si se tratase de un deber
religioso y patriótico, como si fuese una orden moral. ¿Desesperación por la
situación del proceso de paz, la economía? ¡Por favor! Es hora de dejar de
proporcionarle a los Palestinos con las excusas que ellos mismos no se molestan
en confeccionar.
Por encima de todo, es el momento de derrotar al odio.
Entendemos todo el poder explicativo cuando se trata de la esclavitud americana
o el Holocausto. Los entendemos todo cuando vemos el odio de los poderosos
contra los débiles. Sin embargo, fallamos en ver ese odio cuando nos crea
molestias sobre nuestras tendencias consoladoras entre la gente que es
básicamente buena, o el deseo de ver las mismas cosas para “sus” niños, o
cuando somos capaces de ser empáticos.
Hoy en Israel, los Palestinos están en medio de una campaña
para acuchillar a los judíos a muerte, uno por uno. Esto es psicótico. Es malo.
Calificar a eso de otra forma solamente sirve para ser apologista, y cómplice.