La inmigración judía en general presenta una particularidad que la diferencia del resto de los contingentes migratorios en el mundo. Los judíos tenemos lo que hace algunos años se denominó como: “experiencia previa de emigración” (Bouret, Martínez, Telias, 1997), producto de los casi 2000 años de vida diaspórica, durante los cuales las circunstancias históricas nos obligaron a mudarnos reiteradas veces de lugar.
Desde el Medio Oriente hacia la Europa Mediterránea. Desde allí a la Europa Central y nuevamente al Medio Oriente y el Norte de África, y desde todos esos lugares hacia América del Sur, del Norte, a la América toda y, por último, de regreso a Israel. Siempre dejando comunidades formadas en cada uno de los lugares.