El Irán de Ahmadineyad ejecutó el año pasado 350 penas de muerte. Casi un asesinato al día. Por los más bárbaros procedimientos —que van de la pública lapidación al público ahorcamiento en grúas— el crimen sigue siendo el espectáculo favorito de los piadosos dirigentes de Qom y Teherán. Porque hablamos de asesinatos. De Estado. Pero asesinatos (ABC España; por Gabriel Albiac; publicada el 20/09/10).