Quienes asesinaron anteayer a sangre fría a medio centenar de católicos en una iglesia de Bagdad, me hubieran asesinado con igual legitimidad a mí. Porque eso es lo grave: que el Corán ordena terminantemente dar muerte a quienes se empecinan en negar la luminosa verdad transmitida por Alá a su Profeta: «Matad a los politeístas, allá donde los encontréis» (IX,5). Así que, si en el mismo saco de los kafiresasesinables figuramos ellos y yo, no me parece demasiado loco por mi parte juzgar que la línea de alianza sea esa que nos separa a quienes somos exterminables de quienes tienen el deber de exterminarnos. Y que, frente a estos últimos, todos cuantos juzgamos la creencia (o no creencia) de cada cual cosa de cada uno, tenemos en común el único atributo que separa a los hombres de la barbarie.
Ver nota completa