Al decir que quien lo odia merece la muerte, no desvaría, sino que expresa la esencia misma de su pensamiento. El delirio de Muamar Gadafi es el mismo que gravita sobre todo líder totalitario: se considera la encarnación del Estado y la revolución. Y como Estado y revolución constituyen la patria, el líder es la patria. Ergo, defenderlo es patriótico, mientras que aborrecerlo y atacarlo es aborrecer y atacar la patria; abyección que sólo cometen los apátridas y los traidores.