La migración es un fenómeno recurrente y tan antiguo como la humanidad –Adán y Eva emigran del paraíso por el deseo de saber–, pero ¿qué consecuencias lega la migración de los padres a la generación de los hijos? En la Argentina hubo dos grandes corrientes inmigratorias. Una es la que llegó de Europa hacia fines del siglo XIX y principios del XX. Eran personas marginadas, campesinos o con oficios heredados a través de generaciones, que querían cambiar su futuro. La otra corriente inmigratoria se produce en la primera mitad del siglo XX como consecuencia de las guerras mundiales. Estas personas llegaban en busca de un lugar que les restableciera la identidad y les permitiera desarrollarse en paz. Eran también marginados y desposeídos, pero además se trataba de seres maltratados por la violencia social. Los unos y los otros concentraron sus esfuerzos en la supervivencia, en borrar rastros de sufrimientos pasados; el objetivo estaba puesto en los hijos, que debían llegar a ser profesionales respetados en la nueva tierra. El mandato era: comer y estudiar.
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