En mis días en Siria he hablado con dos jóvenes que me han contado sin miedo su esperanza de que el régimen caiga. Uno era de Deraa y el otro de Saqba, un suburbio de Damasco. Los dos han visto cómo algún familiar moría en estos días. Los dos quieren que el presidente se vaya. Pero coinciden en una cosa fundamental: necesitan ayuda. O se levanta todo el país, o la policía secreta y el régimen van a ganar.