Perseguidos y acribillados: ésta fue, durante dos horas, la suerte de decenas de jóvenes noruegos muertos por disparos de un hombre de 32 años disfrazado de policía, que transformó la isla de Utya en un infierno, dejando un saldo de al menos 85 muertos. Un vigilante del campamento de Utya dijo que el sospechoso llegó en una camioneta plateada, con uniforme de la policía y dos armas, una pistola y un rifle automático.